jueves, 28 de mayo de 2026

(4/7) Al otro lado del océano: Martín Fierro y Don Segundo Sombra



En los días anteriores hemos seguido una línea que iba desde la Odisea hasta Ulysses. Una genealogía europea dehombres que aprenden a vivir en un mundo donde los sistemas morales son inestables. Hoy ese hilo cruza el océano, hacia mi querida Argentina: ¿hay picaresca en la vida de los gauchos? Quizá no en el sentido estricto de la tradición española. El gaucho no es exactamente un pícaro. No vive solo de la astucia urbana, del engaño menor o de la supervivencia en los márgenes de una sociedad cortesana, clerical o burocrática. Su mundo es la llanura, el caballo, la intemperie, la frontera, el trabajo rural, la violencia política, la leva, la soledad, el canto, la memoria oral y una relación casi sagrada con la tierra.

Pero en el Martín Fierro, de José Hernández, y en Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes, encontramos algo que dialoga profundamente con la tradición que venimos siguiendo: la figura del hombre obligado a sobrevivir cuando el orden que lo rodea ya no lo reconoce. Martín Fierro es empujado hacia la intemperie por una forma de injusticia institucional. Ahí aparece una primera relación con la literatura pícara: el personaje no elige del todo su destino, sino que aprende a responder a un mundo que lo expulsa.

En Don Segundo Sombra, la dimensión es distinta. Don Segundo, hombre del campo, es también un maestro silencioso, sabiduría encarnada, un modo de estar en el mundo. Fabio Cáceres aprende de él la estética del oficio, y la ética del gaucho: la sobriedad, la resistencia, la discreción, la aceptación del camino, la fidelidad a un paisaje y la formación del carácter a través de la experiencia.
Si Martín Fierro es el gaucho como herida histórica, Don Segundo Sombra es el gaucho como memoria moral.

Entre ambas obras se abre una tensión entre el individuo y la sociedad que lo destruye. En una, el gaucho canta porque ha sido expulsado. En la otra, el gaucho enseña porque pertenece ya al mundo de las figuras que se están borrando. Y aquí la relación con nuestra tesis se vuelve clara. La literatura pícara trata de hombres que atraviesan sistemas rotos. En América, la rotura es la frontera y la dificultad de construir una identidad nacional sin sacrificar a quienes la habían habitado antes.

Martín Fierro y Don Segundo Sombra son dos obras capitales de la literatura argentina porque convierten al gaucho en una pregunta moral: ¿qué ocurre con los hombres que una nación necesita para imaginarse a sí misma, pero a los que esa misma nación termina expulsando, disciplinando o convirtiendo en recuerdo?

Esa razón es, para mí, lo que une a Lázaro, Don Quijote, Simplicius, Tristram, Bloom, Martín Fierro y Don Segundo Sombra: todos nos recuerdan que la literatura no ha sido escrita solo por los vencedores, sino también por quienes aprendieron a seguir caminando cuando el mundo dejó de ofrecerles un lugar seguro.

Louis CERCOS, París, mayo de 2026.

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