

Buenos Aires - Madrid - Montevideo - Rio de Janeiro - París - Santiago de Chile



El Mirador Sanchinarro (Madrid) de MVRDV & Blanca Lleó incide sobre la individualidad del ocupante actual de los residenciales colectivos. También lo hace, aunque de otra manera, la construcción, ideológicamente experimental, de 100 viviendas unifamiliares en Quinta Monroy, Iquique (en la tercera fotografía), en el desierto chileno. En este segundo caso la gran innovación filosófica consiste en la renuncia expresa del arquitecto (Alejandro Aravena, Chile, 1967) a finalizar completamente su proyecto. Consigue así construir y entregar una unidad básica de bajo coste que posteriormente, según las posibilidades económicas y las necesidades del usuario, puede ser más o menos personalizada, intervenida y ampliada.| Reacciones: |

El mayor reto que tuvo que enfrentar el arquitecto argentino Jorge Mario Jáuregui en su primer trabajo en una favela de Río de Janeiro hace 15 años era cómo usar sus conocimientos de arquitectura y urbanismo para cambiar un lugar que, como todas las favelas de la ciudad, había crecido caóticamente, sin planos ni reglamentos. En sus propias palabras: “Ningún arquitecto había hecho un proyecto de favelas nunca en su vida porque no era normal, no había ‘clientes’. A partir de este momento este rosarino exiliado a Brasil hace tres décadas para huir del gobierno militar argentino, se especializó en pequeñas intervenciones en los barrios más pobres y conflictivos de Río de Janeiro.
En su currículum figuran decenas de trabajos públicos, algunos gigantes, como el teleférico del Complexo do Alemão, inaugurado el año pasado para transportar hasta 30 mil personas por mes (inspirado en el Metrocable de Medellín, Colombia que hemos mencionado días atrás en este mismo blog).
Entre sus reconocimientos internacionales tiene el premio de diseño urbano de Harvard que ganó en 2000 y una invitación para exponer en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York en 2010.
“Lo que al inicio parecía que hacer trabajos en favelas era una cosa de menor importancia, hoy se ha tornado en una distinción” (BBC Mundo).
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Mirad la manera en la que un maestro describe París: | Reacciones: |
Hoy es jornada de luto en Buenos Aires, mañana y pasado mañana también lo será. Para los familiares de los más de 50 fallecidos el duelo se prolongará indefinidamente. Ayer, un accidente que pudiera haber sido evitado arrebató de cuajo incontables proyectos de vida: de los que murieron ayer, de los que nunca llegarán a nacer del semen o de los fértiles óvulos de los que ayer murieron y de todos los que ayer murieron un poco junto a los que más querían: esposas, maridos, hijos, padres. | Reacciones: |

En 2005 un magnífico cortometraje del director argentino Gustavo Taretto (Buenos Aires, 1965) se fijaba en un patrimonio aparentemente menor pero de enorme impacto visual en la ciudad de Buenos Aires: sus medianeras. En la película, estas fachadas secundarias eran utilizadas acertadamente como metáfora de la propia vida humana en comparación certera con la evolución y crecimiento de la ciudad.
Aunque el fenómeno es global, en el skyline (panorama urbano) de la capital federal argentina, quizá por el propio diseño de la trama urbana, las características de sus solares y su particular idiosincrasia evolutiva, lo que debería ser una excepción (las paredes medianeras no deberían mostrarse eternamente desnudas) se ha convertido en seña de identidad y parte de su paisaje.
Aquel cortometraje dio lugar a un posterior largometraje (Argentina, 2010) del mismo autor y de idéntico nombre: Medianeras. La película ha tenido importante repercusión y se ha podido ver en salas de cine de medio mundo.
Transcribimos los dos monólogos iniciales de la película que presentan a sus dos protagonistas, chico y chica, Martín y Mariana. Por razones que tienen que ver con la elección del título del filme y con su argumento, la profesión de ella es la de arquitecta.
Buenos aires crece descontrolada e imperfecta, es una ciudad superpoblada en un país desierto, una ciudad en la que se yerguen miles y miles y miles y miles de edificios sin ningún criterio. Al lado de uno muy alto hay uno muy bajo, al lado de uno racionalista, uno irracional, al lado de un estilo francés hay otro sin ningún estilo. Probablemente estas irregularidades nos reflejen perfectamente, irregularidades estéticas y éticas. Estos edificios que se suceden sin ninguna lógica demuestran una falta total de planificación. Exactamente igual es nuestra vida, la vamos haciendo sin tener la más mínima idea de cómo queremos que nos quede. Vivimos como si estuviésemos de paso en Buenos Aires. Somos los inventores de la cultura del inquilino. Los edificios son cada vez más chicos, para darle lugar a nuevos edificios, más chicos aún. Los departamentos se miden en ambientes, y van desde los excepcionales 5 ambientes con balcón terraza, playroom, dependencia de servicio, baulera, hasta el mono ambiente, o caja de zapatos. Los edificios como casi todas las cosas pensadas por el hombre están hechas para que nos diferenciemos, los unos de los otros. Existe un frente y un contrafrente, están los pisos bajos y los altos. Los privilegiados son identificados con la letra A, o excepcionalmente la B, cuanto mas progresa el abecedario menos categoría tiene la vivienda. Las vistas y la luminosidad son promesas que rara vez coinciden con la realidad. ¿Qué se puede esperar de una ciudad que da la espalda a su río? Estoy convencido de que las separaciones y los divorcios, la violencia familiar, el exceso de canales de cable, la incomunicación, la falta de deseo, la abulia, la depresión, los suicidios, las neurosis, los ataques de pánico, la obesidad, las contracturas, la inseguridad, el estrés y el sedentarismo son responsabilidad de los arquitectos y empresarios de la construcción. De estos males, salvo el suicidio padezco todos. MARTÍN. Este es mi mono ambiente, este soy yo. Rodríguez Peña. 1136. 4to. H.
Todos los edificios, absolutamente todos tienen una cara inútil, inservible, que no da ni al frente ni al contrafrente, la medianera. Superficies enormes, que nos dividen y nos recuerdan el paso del tiempo, el smog y la mugre de la ciudad. Las medianeras muestran nuestro costado más miserable, reflejan la inconstancia, las grietas, las soluciones provisorias. Es la basura que escondemos debajo de la alfombra, solo nos acordamos de ella excepcionalmente, cuando vulneradas por las inclemencias del tiempo dejan infiltrar sus reclamos. Las medianeras se han convertido en un medio mas de la publicidad, que en raras excepciones han logrado embellecerlas. Por lo general, son dudosas indicaciones que nos separan de los grandes supermercados o de las comidas rápidas, anuncios de lotería que nos prometen mucho a cambio de casi nada, etc etc etc. Aunque últimamente nos recuerdan la terrible crisis que nos dejo así, desocupados. Los aparatos de aire acondicionado son unas erupciones irregulares que padecen las medianeras producto de la antigüedad de los edificios que no contemplaban sistemas de refrigeración adecuados para una ciudad cada vez más calurosa. Contra toda la opresión que significa vivir en estas cajas de zapatos, existe una salida, una vía de escape, ilegal, como todas las vías de escape. En clara contravención al código de planificación urbana, se abren unas minúsculas, irregulares e irresponsables ventanas que permiten que unos milagrosos rayos de luz iluminen la oscuridad en la que vivimos. Este es mi dúplex, esta soy yo, MARIANA. Avenida Santa Fe. 1107. 8vo. 810.”
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Ayer viernes, desde las páginas de opinión del diario “Tiempo Argentino” (página 18), Alejandro Seta (titiritero, escritor y docente) nos recordaba un cuento de Laura Devetach llamado “la planta de Bartolo”. Trata la historia de un muchacho que hace un pozo en l tierra, coloca en el fondo un cuaderno y al tiempo crece un árbol cuyos frutos son limpios y vacíos cuadernos a rayas.
Aprovecha Alejandro para recordar que el año pasado todos los alumnos de las escuelas secundarias de la provincia de Buenos Aires deberían haber recibido los netbooks (ordenadores) que el gobierno de la república había entregado a todos los institutos. Sin embargo muchos muchachos no los recibieron y los aparatos electrónicos se quedaron durmiendo el sueño de los justos (en este caso injustos) en los armarios de las escuelas públicas. La razón, el director o la directora de algunos centros, decidieron unilateralmente no realizar el reparto.
Las excusas para no entregar fueron del tipo: “no son fondos legítimos”, “es una manera de ganar votos”; “es derrochar la plata del contribuyente”; “¿netbooks para estos chicos?: los van a romper, no los van a valorar, no los usan en clase”. Quienes dicen esto supuestamente eligieron ser profesores.
Cuenta Alejandro Seta que afortunadamente en su escuela de Domselaar, un pueblecido ubicado a 52 km al sur de Buenos Aires, hay una directora que gestiona y, en consecuencia, los chicos/as recibieron el material que les entregó el gobierno. También gestionó la directora la conexión a internet y solicitó cientos de libros que el Ministerio Argentino de Educación regala a las escuelas que los necesitan: "¡Qué lastima estos libros para estos chicos!"
Cuenta Alejandro Seta que “cuando llegaron las netbooks, los chicos descubrieron que había palabras subrayadas en rojo: eran las que tenían errores de ortografía; y esa fue “nuestra” primera tarea: clickear con el botón derecho sobre esa palabra para elegir la forma correcta de escribirla. O dejarla si pertenecía a alguna forma de nuestro dialecto. De allí, saltamos a buscar poetas contemporáneos por Internet, interesarnos por sus vidas, en las comparaciones que podían desprenderse de sus textos”.
Termina Alejandro Seta con una afirmación terrible que subrayo: “En el fondo está aquello de: “¿y por qué estos chicos van a tener algo gratuito que a mí me cuesta comprar?¿Dónde está mi exclusividad si yo soy el que tengo? (y tal vez soy lo que tengo)”.
En cierto modo y gracias a docentes con vocación y compromiso en Domselaar, un pueblito al sur del Conurbano, hay chicos que han visto crecer un árbol con cuadernos, en este caso electrónicos.
Me encantó el artículo: “Netbooks en la provincia de Buenos Aires”. (Tiempo Argentino, 17 de febrero de 2012".
Luis Cercós (LC-Architects)
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