sábado, 25 de mayo de 2013

Annie Leibovitz (USA, 1949)











El talento y la suerte se aliaron para convertir a la fotógrafa Annie Leibovitz en un mito viviente. Acaba de ganar el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2013. Ella estaba allí, horas antes de la muerte de John Lennon y realizó la última de sus fotografías vivo, acurrucado, en posición fetal, completamente desnudo y abrazado a su mujer, Yoko Ono. Estar en el momento adecuado, en el lugar adecuado. Tan difícil como coincidir, en tiempo y en el espacio, con quien pudiera ser el hombre o la mujer de nuestras vidas.

La belleza y elegancia, quizá excesiva elegancia, de sus retratos no se puede negar.

De arriba abajo, en esta selección de fotos míticas: el arquitecto Philip Johnson en su casa de vidrio; Demi Moore, embarazada de 7 meses; Cate Blanchett; Meryl Street; Johny Depp; Whoopi Golberg, sumergida en un baño de leche; Penelope Cruz y Woody Allem, para Vogue; Pierce Brosnan, para Dior; un autorretrato de Annie Leibovitz, también embaraza; y por último la famosa fotografía de Lennon para la portada de Rolling Stone, unas horas antes de morir asesinado.

Luis Cercós
Santiago, Chile

viernes, 24 de mayo de 2013

Palacio Pereira, Santiago, Chile






El Palacio Pereira es una antigua casa-palacio de estilo neoclásico situada en la comuna de Santiago, Chile, en calle San Martín esquina Huérfanos.
Construido en la segunda mitad del siglo XIX, se mantiene en un pésimo estado de conservación, por lo que se ha convertido un referente crítico en cuanto a los alcances de la Ley de Monumentos Nacionales, honor que posee desde 1981. En diciembre de 2012 se publicó el proyecto ganador para recuperación del palacio, que estará a cargo de la arquitecta chilena Cecilia Puga. 

jueves, 23 de mayo de 2013

Veladuras Cromáticas (Antes/Después)

Antes 

Después

Antes

Después

Antes

Después

Una vez realizado la mayor parte del trabajo de recuperación y restauración de los revestimientos históricos originales (que estaban ocultos desde finales del siglo XIX por múltiples capas de pintura) y antes de los trabajos de sellado, consolidación final e hidrifugación (para prolongar su resistencia a los agentes atmosféricos), se realiza una revisión global del trabajo y se procede a perfilar y matizar las diferentes texturas, realizando pequeñas reintegraciones cromáticas encaminadas a alcanzar la armonía definitiva del conjunto.

Para ello utilizamos una pintura formada por un vehículo (disolvente), un aglutinante (paraloid) y pigmentos (tierras y/o óxidos de hierro, rojo o ocre, según el color a conseguir). La técnica de aplicación es mediante veladuras sucesivas. El aglutinante usado, Paraloid, es un copolímero de metil metacrilato y butil acrilato, básicamente transparente (aunque puede amarillear), que se utiliza comúnmente en restauración como consolidante y como fijativo. Su acabado es flexible y funciona bien en exteriores. Produce una película resistente, es estable, resistente a la oxidación a la luz y al calor moderado, es compatible con las resinas acrílicas que se utilizan generalmente en restauración de pintura mural. Es resistente al agua.

Luis Cercós
Santiago, Chile

Fotografías: Restauración Revocos Históricos Casa Goycolea. Santiago, Chile.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Troya


Hoy, a la 2:45 de la madrugada, he ordenado a mis comandantes levantar el asedio. Al alba los centinelas de Troya podrán comprobar que todos los griegos se han marchado. Toda mi tropa se retira a sus cuarteles de invierno.

Tras nuestra última conversación he comprendido tus temores y desgraciadamente para mí, he de concluir que tienes razón. 

Tengo la sensación de haber vivido un hermoso viaje. Quizá, incluso, una bonita historia de amor: la forma en que nos conocimos, el cambio de butaca en un salón de actos, una noche de copas con otros compañeros, una obra de teatro, una emoción en lo alto de un campanario, una lagrima que colmó un vaso, un punto de inflexión en mi vida y en mi matrimonio, un par de cuentos, una conmoción, intensas conversaciones. Muchas cosas en muy poco tiempo.

En estos últimos días he comprendido, gracias a ti, que mis antecedentes y circunstancias quizá puedan influir en lo que soy, pero no en lo que hago. En estos últimos días he aprendido que no puedo hacer que alguien se enamore de mi, pero si que puedo intentar volver a parecerme a aquel chico que un día fui y del que era fácil enamorarse. En estos últimos días he recordado que no es importante lo que me sucede, sino lo que soy capaz de hacer que suceda. En estos últimos días soy consciente de haber llegado mucho más lejos de lo que nunca pensé.

Y sin embargo no ha sido suficiente. No quiero más bajas. No quiero más cadáveres a mi alrededor. No me siento capaz de dañar a nadie más. 

Lo siento, no eres libre y por tanto he conformarme, por el momento, con lo único que me espera en el futuro inmediato: tu amistad.

Y yo, mientras tanto, me mantendré a la expectativa, con las ventanas de mis buhardillas abiertas. Esperando que quizá algún día quieras subir y llamar a mi puerta. Allí estaré, entre libros, canciones y viejas películas.

Y por eso espero que no se cumpla el vaticinio que Julio Cortázar, al abrir uno de sus libros, me acaba de recordar:

Y sé muy bien que no podrás estar.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia,

ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,


Luis Cercós
del libro de relatos, Pasando el Ecuador, Madrid, 2007

de la necesidad, virtud




Un departamento en un antiguo edificio, con techos deformados por exceso de flecha fue la última sede de LC-Architects antes de su traslado a América del Sur.

La reparación consistió en una estructura metálica desmontable y atornillable anclada a los muros de carga del edificio construido a finales del siglo XIX.

La estructura (un apeo o un alzaprimado) permanente que formaba parte de la decoración, dando al espacio de trabajo una atmósfera industrial. Un guiño a los criterios de intervención del atelier: la intervención mínima y el dialogo permanente entre el ayer y el hoy.

Luis Cercós
Santiago, Chile

lunes, 20 de mayo de 2013

Revista de Arquitectura, SCA, fundada en 1904 (Argentina)



A propósito del cadáver de Evita: una reflexión sobre la restauración monumental
Autor: Luis Cercós, restaurador de arquitectura

Un aspecto que me impresiona mucho en la arquitectura y en la ciudad de nuestro tiempo es el empeño en llevarlo todo a su acabamiento, a su final, a su finalización. Esta tensión hacia una solución definitiva impide la complementariedad entre las varias escalas, entre el tejido humano y el monumento, entre el espacio abierto y el construido. Hoy cualquier intervención, aunque sea pequeña y fragmentaria, se obstina en conseguir una imagen final. Así se explica la dificultad de la compenetración entre las distintas partes de la ciudad.
Alvaro Siza

El pasado 26 de julio se conmemoró el 60º aniversario del fallecimiento de María Eva Duarte de Perón, Evita (1919-1951) y yo, recién radicado en Argentina, mientras revisaba su vida, su obra y sus avatares, supe de una historia secundaria que me trasladó inesperadamente a mis años de estudiante de restauración, concretamente a las clases de uno de mis más admirados profesores. Curiosamente, el cadáver de Evita me ha hecho modificar el planteamiento previo de este artículo. Veamos por qué:
Tras su muerte, Evita fue embalsamado por el médico Pedro Ara Sarriá (Zaragoza, España, 1891 - Buenos Aires, Argentina, 1973), quien durante años perfeccionó la técnica de parafinización. Veintitrés años antes había realizado con ese mismo procedimiento la que hasta hoy es la preparación cumbre del Museo Anatómico Pedro Ara: su “Cabeza de Viejo”. El método original fue ideado por Leo Frederiq en 1876. También con esta técnica el Dr. Ara embalsamó el cuerpo  del músico Manuel de Falla, fallecido en la ciudad de Alta Gracia y posteriormente repatriado a España.
El 23 de mayo de 1991, Antoni González Moreno-Navarro, por aquel entonces Arquitecto Jefe del Servicio del Patrimonio Arquitectónico de la Diputación de Barcelona (España) impartió en el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja de Madrid una conferencia magistral, como la mayoría de las suyas por otra parte. Casualmente yo, recién licenciado, estaba allí. La ponencia, oportunamente transcrita, se tituló posteriormente “La Restauración de Monumentos a las Puertas del Siglo XXI” y su texto íntegro, hoy fácilmente accesible por internet, se publicó en la revista “Informes de la Construcción” de ese mismo año[1]. Aquel lejano día, en los primeros minutos de su intervención, el profesor González –la persona que más ha influido en mi trayectoria profesional-, realizó una comparación entre su método de trabajo y el del médico que reconstruyó el cadáver de Salvador Dalí:

“…Un día oí en el televisor que alguien hablaba de restauración. Y aunque nunca sabes si al amparo de esa mágica palabra se referirán al nuevo trabajo de un gran cocinero, o al de un odontólogo o incluso a la labor de un interventor dispuesto a redimir una partida presupuestaria olvidada -que hoy en día a todo eso se llama restauración- lo cierto es que llevado de una cierta deformación profesional, presté atención a la pantalla. Efectivamente, no se trataba de una restauración monumental lo que allí se comentaba. No era arquitecto ni historiador el entrevistado, sino un cirujano, pero fue una auténtica restauración lo que explicó. Se trataba de la restauración -el propio doctor la bautizó así- del cadáver del  pintor Salvador Dalí, fallecido pocos días antes en su Empordà natal. Por fortuna, el cirujano no entró en detalles sobre la técnica empleada en su labor restauratoria, pero expresó con claridad los criterios de su intervención. 

"Por causa de la enfermedad", dijo, "Dalí llegó a tener un aspecto lamentable, convirtiéndose en una ruina. Como teníamos que exponerlo en la capilla ardiente, ante el público, ante la televisión, pensé que había que devolverle una imagen adecuada. Evidentemente no podía retornarle a su juventud, con sus bigotes erguidos y su sonrisa de sorna; no por motivos técnicos" (recuerdo que dijo el médico que sí hubiera podido hacerlo) sino por motivos de credibilidad". 


"Nadie hubiera aceptado aquella imagen del genio, así que" - dijo el médico- "le devolví la imagen que tenía antes de su enfermedad, la que la gente podía recordar con ternura", ... La imagen de un Dalí mayor pero no viejo, o viejo pero no destruido. 


La reconstrucción fue posible y legítima. El límite era solo cuestión de técnica, de rigor científico y, sobre todo, de intencionalidad (solo la voluntad de mostrar al difunto justificaba una manipulación que en otro caso hubiera sido gratuita). 
¿No ocurre acaso lo mismo en la restauración monumental?...”
El ejemplo era magnífico y muy ilustrativo, pues la restauración monumental es efectivamente una disciplina básicamente intelectual que no se puede plantear exclusivamente desde la perspectiva del monumento como única pieza arquitectónica. No podemos extraer de la intervención su intencionalidad (¿qué es lo que queremos restaurar?) ni excluir otros valores intrínsecos del edificio (históricos, políticos, culturales, religiosos, relacionados con su tiempo y con su entorno, documentales) alejados de los no excluyentes, muy importantes también, valores estéticos, artísticos y/o arquitectónicos. 
Desde que allá por 1991 comencé a intervenir sobre edificios más o menos antiguos, me interesó el reto de intervenir sobre ellos sin renunciar a nuestro propio tiempo. Acercarse a un viejo, histórico o antiguo edificio es un ejercicio que requiere, por igual, un cierto equilibrio entre modestia y vanidad; una dualidad que nos permita equilibrar la necesaria inconsciencia de intervenir sobre lo que han propuesto, en otro tiempo, arquitectos más dotados que uno y, a la vez, sentirnos capacitados para aportar, cuando menos, la serenidad necesaria para devolver una pieza arquitectónica al lugar que nunca debió dejar de ocupar.

Muchos edificios no precisan más que una sencilla reparación; otros, una profunda revisión. En contra de la mayoría de los dogmas incluidos en los textos universitarios y académicos (necesarios, pero no suficientes para comenzar en esta disciplina específica de la profesión), de lo único de lo que hoy por hoy estoy seguro es de la absoluta convicción de huir siempre de la falsificación, que, bajo mi punto de vista, se aprecia en muchas de las actuales intervenciones. Falsificar es reconstruir, reinterpretar, mentir. Pero ¡cuidado!, falsificar también es detener o congelar sin sentido. No podemos ni debemos renunciar a nuestro tiempo. Recuperar técnicas y materiales tradicionales es vital para conocer e intervenir sobre el patrimonio construido, pero eso no obliga a hacerlo con un lenguaje tímido, decadente o simplemente vulgar.

Restaurar no es sinónimo de disecar. Y cuando comprendí esto, en lucha constante con la falsificación -el mayor pecado en el que puede caer un restaurador, pues afecta a la veracidad del edificio que entrega a la sociedad tras su intervención-, mi taller de restauración de arquitectura intentó dejar de ejercer la taxidermia.
Mis dudas se habían concretado unos años antes, más o menos en mi ecuador profesional, el día en que revisaba y revisitaba, en compañía de jóvenes alumnos una obra en la que había participado en un todavía pasado no muy lejano. Mientras hablaba a aquellos futuros compañeros volvieron a mi mente las imágenes del monumento virgen. Automáticamente enmudecí, entre avergonzado y horrorizado, frente a la evidencia de que nuestra restauración había falsificado, irreversiblemente y por exceso reconstructivo, el monumento recibido.
¿Qué ocurrió entre el proyecto y el resultado final? ¿Somos responsables absolutos de su resultado? Y hablando de restauración ¿qué ocurre con la falsificación, con el falso histórico o con las reproducciones?
Algunas respuestas a estas preguntas las encontré en vísperas de la que hoy es mi nueva vida argentina, mientras recorría una exposición titulada escuetamente Yves Saint Laurent[2]. Recuerdo haber llegado hasta allí impulsado por la entrevista publicada días atrás en un suplemento dominical[3]. Pierre Bergé, durante 40 años socio y compañero del diseñador, respondía así a una pregunta de la periodista.
Es importante que los visitantes sepan que lo que van a ver son los (vestidos) originales. Conservamos los prototipos desde 1965. Lo que se verá en Madrid es exactamente el modelo que Saint Laurent creó. No es una reproducción, ni un traje adaptado a una clienta. Somos la única casa que tiene un archivo semejante de originales. No quiero decir nada contra Dior o Chanel, pero una exposición suya es diferente porque no disponen de los prototipos. Nosotros sí. Se trata del color preciso en el material exacto y con la proporción justa. A menudo, la compradora decidía cambiar el tejido o ponerse una manga más larga.El vestido que se llevaba a casa no era necesariamente el que el diseñador había ideado. Éramos muy pobres al principio y teníamos que hacer saldos y vender cuanto pudiéramos. Pero a pesar de eso, nunca nos deshicimos de los prototipos.

La analogía entre el mundo de la alta costura y el de la arquitectura me pareció evidente: lo importante, lo verdaderamente auténtico, estaba en los prototipos. Me sirve, en cualquier caso, este asunto para volver la vista hacia Francia.
Sí, históricamente se recuerda el segundo año de la Revolución Francesa como el origen legislativo de la conservación de monumentos en un intento de detener el vandalismo revolucionario que destruyó, en su totalidad o en parte, multitud de monumentos franceses (entre ellos, la abadía de Cluny, las catedrales de Cambrai y de Chartres, la iglesia de Saint Jean-des-Vignes en Soisson, la Sainte-Chapelle de Dijon, el palacio de Versalles o la fortaleza parisina de la Bastilla).
“Los bárbaros y los esclavos detestan las ciencias y destruyen los monumentos de arte, los hombres libres los aman y los conservan”. (Asamblea Nacional Francesa, 1794).
Este modesto y breve decreto, repetido en la mayoría de los textos y estudios históricos sobre conservación y restauración, es la base de la protección del patrimonio arquitectónico y de la posterior y mucho más reciente concienciación sobre la necesidad de tutela por parte de los estados. También es inicio de una joven disciplina que apenas ha cumplido 218 años de historia: la restauración de monumentos. No siempre se conservó lo recibido, pues aunque siempre existieron muy interesantes restauraciones (la transformación parcial de la mezquita de Córdoba, en España, como catedral cristiana, por ejemplo), lo habitual fue la demolición y la negación del pasado.
Pero no sería Francia sino Italia quien tomaría definitiva conciencia, más allá de la simple norma de protección que impide la continuidad de actos vandálicos, de la necesidad de intervenir sobre importantes construcciones del ayer para detener su lento pero irreversible camino hacia la desaparición o el colapso.
En este sentido, la profesora, arquitecta e historiadora de la restauración Susana Mora (coautora junto al arquitecto Salvador Pérez Arroyo de la magistral restauración del Monasterio de Carracedo en León, España) recuerda en sus textos y conferencias que la primera norma teórica escrita no fue redactada por expertos o arquitectos, sino por el Papa León XIII (1823-1829) quien a propósito de la reconstrucción de San Pedro de Roma ordena que “ninguna innovación debe introducirse ni en las formas ni en las proporciones, ni en los ornamentos del edificio resultante, si no es para excluir aquellos elementos que en un tiempo posterior a su construcción fueron introducidos por capricho de la época siguiente”, propugnando una unidad de estilo que elude enfrentarse ante el hecho irrebatible de que un monumento no es, en la mayoría de las ocasiones, fruto de un único momento histórico, artístico y/o estilístico.
El espíritu de las palabras de León XIII influyó intuitivamente en los arquitectos de la época más allá de la aparente unidad de estilo que preconizaban y comenzó a gestarse en Italia una embrionaria manera de intervenir que hoy denominamos restauro archeologico, que en la actualidad goza todavía de cierta vigencia al reducir la restauración a un criterio de intervención mínima de consolidación basada en el conocimiento previo y profundo del monumento. Esta manera de posicionarse, si bien elude el restablecimiento de la unidad arquitectónica y espacial de una obra arquitectónica, no es menos cierto que evita, de forma muy certera, reproducir fantásticamente formas, decoraciones y volúmenes desaparecidos.
O, lo que es lo mismo, no se puede falsificar lo que no se pretende reconstruir. Principio que entra en profunda colisión con las afirmaciones, realizadas no muchos años después por Próspero Merimée al acceder al cargo, a partir de 1835, de Inspector General de Monumentos de Francia: “Cuando las trazas del antiguo edificio inicial han desaparecido, la decisión más juiciosa es que deben copiarse motivos análogos de un edificio de la misma época o de la misma provincia”. Asumir estas últimas palabras, hoy afortunada y mayoritariamente denostadas, implicaría aceptar que una copia hecha fielmente adquiere automáticamente los mismos valores que el original del que procede.
En consecuencia, todas las teorías o formas de intervenir que se desarrollaron a lo largo de los siglos XIX y XX, estuvieron cojas de algún aspecto y, así, la tradición italiana es excesivamente arqueológica, la francesa excesivamente estilística, la inglesa excesivamente romántica y sus variantes posteriores excesivamente científicas y, por lo tanto, en mayor o menor medida, cercenantes. Quizá por eso la restauración, en muchas ocasiones, ha sido realizada por arquitectos o por estudios de arquitectura que han renegado de su propio tiempo o que se han protegido por leyes generales que han fomentado la reconstrucción y, por extensión, el falso historicismo. La relación de monumentos que parecen una cosa y son meras falsificaciones es interminable. No vamos a relacionarlas aquí. Lo hecho, a fin de cuentas, hecho está.
¿Dónde queda entonces el talento arquitectónico de los autores de proyectos de restauración? Si aceptamos que el monumento, tiene un doble valor, como pieza arquitectónica y como documento, la intervención actual no debería ser exclusivamente autocensurante, sino que, por el contrario, debería aceptar la superposición no destructiva ni mutilante de nuevas capas o matices que aporten también a las generaciones venideras testimonios sobre la época actual. Una época que, con el correr inexorable del tiempo, será en el futuro también histórica. Veamos cualquier monumento importante: todos fueron cargándose de matices con el transcurrir de los años, con el transcurrir de las décadas, con el transcurrir de los siglos.
¿Qué es restaurar? En aquella conferencia, el arquitecto Antoni González lanzó preguntas que todavía hoy, más de 20 años después, aún resuenan en mí: ¿es acaso la restauración una forma de observar –conforme a unas reglas prestablecidas- una arquitectura que, por merecer protección, ha detenido su evolución?, ¿es una manera determinada –también con sus reglas- de entender cómo actuar sobre una arquitectura de irremediable evolución permanente?, ¿o quizás tan sólo se trata del conjunto heterogéneo de actitudes y acciones –sin regla alguna- que tienen como protagonista la arquitectura pre-existente?
En mis años de docencia solía cerrar mis reflexiones sobre la restauración arquitectónica con dos imágenes que mostraban, simultáneamente, el antes y después de una mujer anciana que pasaba por la camilla de un conocido cirujano plástico. Imaginemos que un edificio antiguo es, en cierto modo, como nuestra abuela más querida. Un día, nuestra abuela se fractura, pongamos por caso, una cadera. Y aprovechando el postoperatorio, el médico decide comenzar a tentarla con operaciones de falso rejuvenecimiento. Digo falso porque la abuela, al fin y al cabo, tiene los años que tiene.

Algo similar ocurre cuando nos encargan, por ejemplo, la reparación de un antiguo tejado y, aprovechando el andamio, nos ponemos a eliminar desaforadamente las pátinas de sus fachadas, consolidar sillares, reconstruir formas y volúmenes o                 reinterpretar espacios interiores. Total, ya que estamos allí…

Un día, el médico de nuestra abuela nos llama para comunicarnos el alta médica y que ya podemos pasar por el hospital para recogerla. Cuando llegamos a la recepción, no reconocemos a nuestra abuela porque la mujer que allí nos espera, se parece extraordinariamente a nuestra madre, o lo que es peor, a su nieta.

En aquellos años de juventud profesional, nuestro afán restaurador borró signos de antigüedad del edificio. Hoy comprendemos que “restaurar” es devolver la funcionalidad, la dignidad y no una malinterpretada lozanía del edificio. Los monumentos, al igual que los abuelos, son, por definición, mucho más viejos que nosotros.
La ruina y los despojos que el paso del tiempo dejan sobre la obra del hombre y, en especial, sobre la arquitectura provocan en mí una atracción magnética. Es ya norma irrenunciable de mi taller mostrar en los viejos edificios los restos consolidados de sus heridas, integrando conceptualmente sus cicatrices en los proyectos de restauración que generamos. Compartir vida presente con restos degradados pero auténticos nos parece mucho más interesante que ocultarlos bajo nuevos revestimientos amanerados.
A partir de esta percepción del edificio antiguo y estando de acuerdo en lo básico, pero no en su totalidad, con los métodos o teorías de la restauración histórica y los documentos más importantes de la disciplina, hemos diseñado una metodología de intervención basada en tres fases consecutivas, compatibles y completas en sí mismas. Cada una de ellas nos permite entregar el edificio en mejor disposición de ser vivido y comprendido. A veces basta con una sola. En algunas ocasiones afrontamos el programa completo.
Llamamos a estas tres fases: “de restauración por sustracción o deconstrucción”; “de restauración objetiva” y, por último, siempre que el promotor lo admita y lo comprenda, “de restauración creativa”.
Los edificios, a lo largo de su biografía, acumulan cosas. En la mayoría de los casos, adiciones con o sin fundamento, trastos, reparaciones improvisadas, distribuciones incoherentes, añadidos, testigos sordos de sus ocupantes, muñones, arañazos, historias. Eliminar ese desorden es lo que denominamos “restaurar por sustracción” y, para eso, aprovechamos interesadamente una de las más consensuadas acepciones de la palabra “restaurar”: recuperar, recobrar, volver a poner una cosa en el estado o estimación que antes tenía.
¿Existe en realidad un “estado original”? ¿Cómo es posible cumplir el mandato, tantas veces pretendido por los organismos públicos encargados de la tutela del patrimonio cultural, de devolver el monumento a su estado original? ¿En qué momento una pieza de arquitectura deja de ser “original” para ser ya un edificio irreversiblemente “manipulado”? El término “restauración” es un concepto cambiante. Siempre fue así, pues en su esencia implica un planteamiento intelectual frente al concepto que en cada momento presente se tiene del pasado.
El historiador español Dr. Javier Rivera, uno de los mayores expertos en historia de la restauración ibérica, defiende que genéricamente, “restaurar” consiste en “repristinar (de “prístino”, adjetivo que procedente del latín “pristinus” significaría antiguo, primero, primitivo u original) un producto arquitectónico, una obra de arte o una realización humana, por medio de cualquier intervención posible”. La verdadera complejidad de esta definición se plantea ante el hecho de que la “arquitectura”, como ya hemos adelantado, tiene multitud de valores intrínsecos y, por tanto, todos ellos (estéticos, religiosos y/o litúrgicos, históricos, políticos, documentales, artísticos, funcionales, o todos ellos a la vez), a veces de manera claramente contradictoria, son susceptibles de ser restaurados.
Restaurar implica, invariablemente, destruir una parte de lo recibido. Por eso, antes de borrar para siempre algo que allí existió preferimos sencillamente “eliminar el desorden”, revisando inmediata y nuevamente la propuesta inicial.
La “restauración objetiva”, 2ª fase de nuestro método, es heredera de la teoría promulgada por Antoni González y su equipo. Se basa en dos principios fundamentales: considerar que el objetivo genérico de la restauración es proteger el triple carácter (arquitectónico, documental y significativo) del monumento y, en segundo lugar, tratar de mantener la herencia tanto del creador original del monumento como de la sociedad en la que surgió, pero sin renunciar a un lenguaje arquitectónico propio y contemporáneo y, cuando sea necesario, efectuar readaptaciones a nuevos usos. Las fases esenciales de este método son cuatro: el conocimiento de la compleja naturaleza del monumento y de su entorno; la reflexión en la que plantear los objetivos, fines y criterios que guiarán la actuación; la intervención y el mantenimiento permanente posterior.
Y por último, voluntad de alcanzar una “restauración creativa”, a la manera, en cierto modo, de las intervenciones del maestro Carlo Scarpa sobre edificios ya existentes y que podrían incluirse dentro de un supuesto (por inexistente) movimiento teórico que denominamos así y que permitiría transformar sutil y sensiblemente lo pre-existente para volver a introducirlo en el debate arquitectónico moderno. Así, si revisamos la restauración del ala de habitaciones de la antigua fortaleza de Verona para convertirla en sede del Museo di Castelvecchio observamos un desinterés evidente por seguir una determinada teoría de la restauración (arqueológica, estilística o científica) y un posicionamiento claro a favor de mostrar la evolución constructiva (incluso histórica) del monumento, haciendo visible para el visitante la biografía del edificio, a través de la exposición ordenada de las diferentes épocas que lo hicieron posible.
En la soledad de su mesa de operaciones, el Dr. Aza, frente al cadáver de Evita pensaría, inevitablemente, qué rostro del mito entregar a la sociedad: ¿la enferma prematuramente envejecida y devastada por el cáncer, el dolor y la agonía de sus últimos días?; ¿la joven actriz que enamoró al general?, o ¿la mujer que marcó un hito en la historia del pueblo argentino?
En 2011 se inauguraron los últimos 3 trabajos que nuestro taller de arquitectura tenía en marcha en España. En una primera impresión, ninguna de aquellas restauraciones estaba completamente finalizada. Muchas cosas no habían sido restauradas. Las habíamos dejado, a propósito, así.
El 22 de noviembre de 1955, durante la dictadura militar argentina que derrocó al presidente Juan Perón, un comando del teniente coronel Carlos de Moori Koenig secuestró el cuerpo de Evita. Los restos de Eva Perón, parcialmente desfigurados fueron recuperados en 1971. Fue necesaria una segunda restauración.
¿Cómo afrontar, a la manera circense, el más difícil todavía? La restauración de una obra ya manipulada: la restauración de un edificio previamente restaurado (bien o mal restaurado). Coherentemente, este artículo, queda inconcluso también.
Mientras tanto, siempre podremos entretenernos con la relectura de “Esa mujer”, el conocido cuento de Rodolfo Walsh que tiene como excusa argumental aquel rocambolesco secuestro.
Buenos Aires, 30 de julio de 2012
Imagen inicial del articulo: un fotograma de “la piel que habito” (2011).
En la película, la piel que Vera (Elena Anaya) habita no es la propia. Su cuerpo fue mutilado, transformado y finalmente recreado por el Dr. Ledgard (Antonio Banderas). Hasta el momento último film del director manchego, fue estrenado el día 2 de septiembre de 2011. Un par de días antes, Pedro Almodóvar presentó en el segundo canal de la televisión pública española su película (La2). La entrevista, de 36 minutos de duración, se realizó en el Instituto de Patrimonio Histórico Español, IPHE, un edificio magnífico de los arquitectos Fernando Higueras y Antonio Miró, hoy curiosamente sede del organismo de tutela que depende del Ministerio de Cultura del Gobierno de España. “La piel que habito no podría haberla hecho antes que ahora. Es una película que se puede hacer más allá de los cuarenta (años), una película para la que necesitas vivir unas cuantas décadas y haber hecho (con éxitos y fracasos) 17 largometrajes anteriormente. Eso es algo que tiene que ver con la madurez” (Pedro Almodóvar, para rtve, 31 de agosto de 2011).


[1] Informe de la Construcción, Vol. 43, número 413, mayo/junio 1991, págs. 5 a 20, Antoni González Moreno-Navarro.
[2] La exposición "Yves Saint Laurent", en el Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre de Madrid (Paseo de la Castellana, 23), pudo verse desde el 6 de octubre de 2011 hasta el 8 de enero de 2012.
[3] La entrevista citada se publico en El País Semanal (número EXTRA, 2 de octubre de 2011, Eugenia de la Torriente, páginas 28 a 36) la he leído varias veces, por la similitud que trasciende entre el mundo de la moda y el de la arquitectura. O al menos, a mí me lo parece.

Luis Cercós (Madrid, Spain, 1965)


LUIS CERCÓS (Madrid, España, 1965), restaurador hispano-argentino de arquitectura, está considerado en la actualidad un teórico de su disciplina. Autor de una metodología de intervención propia ha ejercido su profesión en España, Francia, Argentina y Chile.  Su “Atelier du Patrimoine et de Architecture” (Santiago, Chile), está formado hoy por un grupo multidisciplinar, internacional y abierto de jóvenes profesionales. En febrero de 2000 fue profesor invitado de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana (Cuba).

Medalla de Honor de la Universidad Jaguelónica de Cracovia (Polonia, 2007); socio 26.618 de la Sociedad Central de Arquitectos de la República Argentina, SCA; matrícula 19.809 del Centro Argentino de Ingenieros;  socio adjunto 118 de la Asociación Gremial de Conservadores-Restauradores de Chile (AGCR, 2013);  Edificación (colegiado 8223 del Colegio Oficial de Ingenieros de Edificación de Madrid, España) y diplomado en Arquitectura por la Universidad Camilo José Cela de Madrid (2005-2011, Escuela Superior de Arquitectura y Tecnología); Máster en Restauración y Rehabilitación del Patrimonio por la Universidad de Alcalá (1995-96); Arquitecto Técnico por la Universidad Politécnica de Madrid (Alma Máter, 1991). Entre 2000 y 2004 cursó estudios de historia en la española Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

Antiguo profesor de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Alfonso X el Sabio (Madrid, 2002-04); Académico de Número de la Académie Belgo-Espagnole d'Histoire y correspondiente por Madrid (Sección de Arquitectura) de la Real Academia de Bellas y Nobles Artes de San Luis de Zaragoza, asociada al Instituto de España (2006). En la actualidad es miembro de la Subcomisión de Patrimonio de la Sociedad Central de Arquitectos (Argentina).

Con un centenar de conferencias acreditadas, ha sido profesor invitado para los alumnos de proyecto fin de carrera de la Escuela de Arquitectura de Interiores de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (cursos 2000/03) y del departamento de Construcción de la misma universidad (asignatura “Técnicas de Construcción en Edificios Históricos”, cursos 1997/2003); de la Oficina Municipal de Conservación e Rehabilitacion da cidade histórica. Concello de Santiago de Compostela (Galicia, España); de las Escuelas Universitarias de Arquitectura Técnica de la Universidad Politécnica de Madrid y de la Universidad de Alcalá; de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid; de la Sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires; de los Colegios de Arquitectos de Madrid y de Barcelona; de los Colegios de Ingenieros de Edificación y Arquitectos Técnicos de A Coruña, Barcelona, Cáceres, Madrid, Huesca, Valladolid y Zaragoza; de los servicios técnicos municipales de los Ayuntamientos de Madrid y de Majadahonda; de la Fundación Santa Teresa de Ávila; de la Fundación para la Formación y el Empleo de Aragón; de la Fundación Fernando de Castro de Madrid; y de la Federación Provincial de la Pequeña y Mediana Empresa de la Construcción de Plasencia (Cáceres).

Desde 1991 ha gestionado, proyectado, dirigido, supervisado y/o ejecutado más de 400 intervenciones profesionales (más de 300 visadas en el colegio de Madrid durante el periodo 1991-2012). Entre otras y sin carácter exhaustivo, las ruinas románicas de San Isidoro de Ávila (siglo XII); la musealización de las excavaciones arqueológicas de las iglesia gótica de Santa Catalina en La Solana (1420-1524); la Lonja de Palma de Mallorca (Guillem Sagrera, 1420-1452); el castillo medieval del Buen Suceso (Cañada del Hoyo, Cuenca);  la ermita de la Virgen de la Salud de Plasencia (año 1725, murallas de la ciudad, Cáceres); la antigua estación de ferrocarril de Ceuta (siglo XIX); y la recuperación de los revestimientos originales de la casa Goycolea en el centro histórico de Santiago de Chile (siglo XIX). Entre diciembre de 2008 y enero de 2012 fue project manager y director de ejecución de las obras de rehabilitación del Palacio de la Música de Madrid y proyectista y codirector de obras de adecuación del vestíbulo del Canal de Experiencias Hidrodinámicas (CEHIPAR – Mº de Defensa, El Pardo, España).

Fundador y director de LC-Architects, ha sido socio y codirector del estudio "Cabas y Cercós Arquitectos" (2008-2011), autores del Centro Tecnológico de Audiovisuales (CTA) y Centro de Arte de La Solana (proyecto seleccionado por el Ministerio de la Presidencia del Gobierno de España como uno de los 8 mejores del Plan de desarrollo Local 2010); y del anteproyecto experimental (seleccionado por el Ministerio de la Vivienda del Gobierno de España y por la D.G. de Arquitectura y Vivienda de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha)  de 9 alojamientos pre-industrializados y apilables para colectivos vulnerables (ambos en La Solana, Ciudad Real, población donde gestionó y codirigió, entre 1996 y 2011, la restauración de su centro histórico).

Entre otras distinciones de menor rango y en atención a su carrera ingresó en diciembre de 2003 en la Real Orden de Isabel la Católica, condecoración española dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno de España, regulada por Real Decreto de 1998, cuya función actual es "premiar aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil, realizados por personas españolas y extranjeras, que redunden en beneficio de la Nación española o que contribuyan, de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la Nación Española con el resto de la Comunidad Internacional."

Sus trabajos se han publicado, entre otros libros y medios de publicación de España, Argentina y Chile, en las Actas del I Congreso de la Asociación de Empresas de Restauración del Patrimonio Histórico (Instituto Español de  Arquitectura y la Universidad de Valladolid); en la I Convención Técnica y Tecnológica del Consejo General de la Arquitectura Técnica de España; en el Manual de Conservación de Edificios Históricos de la Asociación Española de Casas Históricas y Singulares; en las revistas de los Colegios de Arquitectos Técnicos de Madrid y de Cáceres; en periódicos nacionales y locales de España y Chile; en la Revista de Arquitectura de la Sociedad Central de Arquitectos; en la revista Conserva del Ministerio de Cultura del Gobierno de Chile y en la edición chilena de Le Monde Diplomatique. En la actualidad es responsable metodológico del departamento de restauración de la empresa chilena Moguerza Constructora SpA, para la que ha diseñado y está dirigiendo la recuperación de los revocos históricos de dos casonas del siglo XIX en la zona típica “Plaza de Armas” del centro histórico de Santiago de Chile (antiguo Club Domingo Fernández Concha, 1865 y Casa Goycolea, 1880). 



http://www.lc-architects.com
Madrid - Buenos Aires - Santiago de Chile

viernes, 17 de mayo de 2013

Preindustrialización & Rehabilitación















Restauración y Rehabilitación del Palacio de la Música. Madrid (2008-2012).
Proyecto: Noriega y Gámez Arquitectos & Creantia Arquitectura
Project Manager y director de ejecución: Luis Cercós

jueves, 16 de mayo de 2013

Cosido de Grietas






Reparación de los efectos de los dos últimos terremotos. Restauración de la fachada del Ex Club Domingo Fernández Concha. Santiago, Chile. Moguerza Constructora SpA. 

Más información: 
http://lc-architects.blogspot.com/2011/06/medical-animation-heal.html