jueves, 1 de enero de 2026
El ejemplo cubano
1 de enero de 1959 | Efemérides como método (reto personal 2026). Me he puesto un reto para 2026: escribir cada día a partir de una efeméride y utilizarla como punto de partida para reflexionar sobre la restauración. No sé si seré capaz de sostenerlo todo el año, pero precisamente eso es lo interesante: dejar que el calendario imponga el tema y comprobar qué lecturas surgen cuando la historia marca el ritmo.
Hoy, 1 de enero, la fecha es evidente. Lo ocurrido en Cuba en 1959 puede leerse como una misión extrema de restauración —y en parte de reconstrucción— afrontada con medios mínimos. Tras el desembarco del Granma, la operación es casi un fracaso total: de los 82 expedicionarios iniciales, apenas unas decenas sobreviven y logran internarse en la Sierra Maestra. Pocos hombres, sin recursos, aislados, dados incluso por muertos. Y, sin embargo, la intervención continúa. Siempre me ha impresionado esa lección, que utilizo a menudo como metáfora profesional: la escasez no es una excusa para no intervenir. Al contrario, obliga a definir con claridad los objetivos, a renunciar a lo accesorio y a concentrarse en lo esencial. En términos de restauración, no es la intervención ideal, pero sí una intervención posible, capaz de estabilizar, mejorar la situación y ganar tiempo.
La experiencia cubana muestra bien esa lógica. Con recursos muy limitados, se priorizaron funciones fundamentales: la vida, la infancia, la salud y la educación. Los resultados son conocidos: mortalidad infantil y materna entre las más bajas del hemisferio; un sistema de salud universal; la erradicación del analfabetismo en tiempo récord, reconocida por la UNESCO; escolarización universal con igualdad de género; y una protección de la infancia excepcional en la región, señalada por la UNICEF.
Esta reflexión no es teórica para mí. He estado dos veces en Cuba. En una de ellas, invitado por la Fundación Diego de Sagredo y por la Oficina del Historiador de la Habana, donde tuve la fortuna de conocer a Eusebio Leal.
Eusebio Leal fue uno de los grandes ideólogos prácticos de la restauración contemporánea. Entendió La Habana Vieja como un organismo vivo: restaurar para habitar, financiar la conservación desde el propio patrimonio y evitar la museificación. Demostró que restaurar no es congelar, sino dar continuidad.
Las clases que impartí entonces tuvieron lugar en el Convento de San Francisco, el edificio que aparece en la fotografía, una experiencia que marcó profundamente mi manera de pensar la restauración en contextos de escasez.
Empiezo así esta serie diaria: leer la historia como si fuera un archivo de obras, buscando en cada fecha una lección útil para nuestro oficio.
LC, París, enero 2026
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