viernes, 2 de enero de 2026

Restaurar una idea y asumir sus consecuencias




 2 de enero de 1492 / Restaurar una idea y asumir sus consecuencias. Sigo con el reto que me he impuesto para 2026: pensar la restauración a partir de una efeméride diaria. Hoy la fecha es mayor, fundacional, incómoda y decisiva.


El 2 de enero de 1492, el Reino nazarí de Granada se rinde ante los ejércitos de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, los futuros Reyes Católicos. Se cierra un ciclo de casi ocho siglos y se abre otro que dará lugar a la unidad peninsular, al posterior Imperio español y a uno de los periodos más influyentes de la historia de la humanidad.

En 2025 tuve la oportunidad de trabajar intensamente sobre este momento histórico, redactando los capítulos dedicados al arte y a la política internacional de los Reyes Católicos en un libro sobre Isabel la Católica. Ese trabajo —a medio camino entre la historia del arte y la geopolítica— me obligó a mirar 1492 no como una fecha cerrada, sino como una decisión, y aquí aparece de nuevo la restauración como marco conceptual.

Toda restauración es una elección que implica consecuencias, previsibles y otras que nunca lo son. La toma de Granada puede leerse como una operación de “restauración” política: recomponer una unidad territorial considerada legítima, cerrar una fractura histórica, consolidar un proyecto de Estado. El gesto fue eficaz. El resultado, inmenso. Pero la pregunta —la que me interesa como restaurador— es inevitable: (1) ¿qué se pierde cuando se decide restaurar de ese modo?; (2) ¿Qué habría sido de España, de Europa y del mundo si un reino musulmán hubiera permanecido en la península?; (3) ¿Qué otro modelo de convivencia, de tolerancia religiosa, de intercambio cultural podría haber emergido?; (4) ¿Qué modernidad —quizá menos homogénea, quizá más compleja— habría sido posible?

En restauración sabemos que no existe la intervención neutra. Consolidar un estado implica renunciar a otros. Ganar estabilidad supone aceptar pérdidas. No intervenir también es una decisión, pero intervenir lo es aún más.

1492 nos recuerda que restaurar no consiste solo en recomponer lo que se considera correcto, sino en asumir plenamente las consecuencias —éticas, culturales y políticas— de esa recomposición.

Por eso la historia es un magnífico taller de restauración: porque nos obliga a pensar no solo en lo que hacemos, sino en lo que hacemos imposible al hacerlo.

LC, París, enero 2026

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