sábado, 4 de abril de 2026

Cinco restauradores y algunos amigos culés (2)





Escribo hoy desde Condé-sur-Risle, desde mi refugio normando, entre mi biblioteca, mi chimenea y la calma de la casa compartida con mi mujer, Mariela Larrosa. También desde mucho más lejos, desde el niño madrileño que fui, aquel al que regalaron por su primera comunión una equipación del Real Madrid con el número 9 de Carlos Santillana.

Hoy me ha hecho sonreír especialmente el comentario de mi querido amigo carlos valderrama ferrando a propósito de mi texto de ayer sobre Cruyff. Me decía, con razón y con humor, que en mi red deben de faltar culés. Y como tiene razón, he decidido tomarme su observación como una invitación a seguir hablando de admirados adversarios.

Voy a dedicar una serie de cinco publicaciones a cuatro personajes vinculados al Barça. La serie nace de la posibilidad de leer ciertas trayectorias futbolísticas con las herramientas conceptuales de mi propio oficio, la restauración contextual de arquitectura, no como episodios deportivos, sino como formas de restauración.

En el fútbol hay instituciones heridas, glorias interrumpidas, identidades debilitadas, estructuras que han perdido su eje y comunidades que esperan, a veces durante décadas, que alguien sea capaz de releer lo heredado, diagnosticar el daño y devolver sentido, orden y destino a lo que parecía condenado a la resignación o a la pura inercia. Eso, en mis términos, es restaurar.

Cruyff restauró una identidad y devolvió al FC Barcelona una estructura mental duradera.

Kubala encarnó una grandeza fundacional y, años más tarde, asumió incluso la tarea de devolver a la selección española a un Mundial tras una larga ausencia.

Helenio Herrera fue, antes que Cruyff, un hombre de método, de visión, de disciplina y de modernidad, alguien que comprendió que una institución no se levanta solo con entusiasmo, sino también con sistema.

Maradona restauró en Nápoles un orgullo meridional frente al poder del Norte de Italia; y en Argentina, en aquellos años y en aquel contexto, restauró también una dignidad colectiva herida frente al enemigo inglés.

Luis Enrique, heredero de Guardiola y por tanto de Cruyff, ha demostrado además que esa genealogía no era un recuerdo museístico, sino una tradición viva, y que un gran entrenador puede también restaurar una estructura contemporánea tan poderosa y tan desorientada como lo estaba el PSG antes de encontrar bajo su mando una forma superior de coherencia.

Me interesa pensar el fútbol como campo de lectura institucional, como teatro de restauraciones profundas, como lugar donde ciertas figuras no solo ganan, sino que reinterpretan, reconstruyen y vuelven legible una herencia. En arquitectura ocurre lo mismo. Restaurar es devolver a una obra, a una institución o a una tradición la posibilidad de seguir siendo ella misma en un tiempo nuevo.

A mis amigos culés, a los que ya están en esta red y a los que puedan llegar, quiero dedicarles esta serie.

Louis CERCOS, Normandía, 2026.

No hay comentarios:

Publicar un comentario