domingo, 1 de febrero de 2026

Juan Bautista de Toledo (5)


La llamada del rey y la primera piedra de El Escorial.

En 1559, la decisión de Felipe II de llamar a Juan Bautista de Toledo a la corte supone importar un método de gobierno de la arquitectura. El maestro llega con una experiencia rara en la España del momento: la cultura de la gran fábrica italiana, la disciplina del trabajo colectivo, el dominio del dibujo como instrumento de mando, y la convicción de que una obra enorme solo existe si puede traducirse en reglas, modelos y procedimientos.

Su nombramiento de 15 de julio de 1559 fija ese giro, y su ratificación en 1561 consolida un estatuto que no se limita a “hacer trazas”, sino también a asegurar la coherencia técnica de las obras reales, allí donde la arquitectura deja de ser episodio y pasa a ser institución. Durante años, la idea de El Escorial madura como programa total. No nace como un edificio aislado, sino como una síntesis de memoria, poder y permanencia.

Entre 1559 y 1562 se decide lo esencial: el alcance del conjunto, su relación con el territorio, la necesidad de organizar el tiempo largo y la obligación de transformar la visión del rey en un sistema constructivo gobernable.

En Semana Santa de 1562 queda aprobado el emplazamiento definitivo, y ese mismo año Juan Bautista entrega la llamada “Traza universal” (ver la imágen elegida hoy), que conviene entender no como una imagen definitiva, sino como una gramática: ejes, jerarquías, recorridos, secuencias, módulos repetibles, una lógica capaz de resistir décadas.

El paso a la obra se consuma el 23 de abril de 1563, cuando se coloca la primera piedra en Monasterio de El Escorial. La inscripción escrita en un sillar visible, “JOANNES BAPTISTA ARCHITECTUS MAJOR. IX KAL MAII” es una afirmación de autoridad técnica y una declaración de método. La arquitectura entendida también documento: queda fijado quién funda, quién gobierna la traza, qué día se inaugura la fábrica. A partir de ese instante, El Escorial ya no es una intención, sino un sistema en marcha.

Juan Bautista dirige la obra desde el rigor y la disciplina. El dibujo es un instrumento de obediencia técnica. La traza, el modelo, las plantillas, las monteas y el control de las medidas permiten que la intención sobreviva a la distancia, a la fatiga, a la prisa y al error. La fábrica se fragmenta en frentes, se jerarquizan responsabilidades, se fijan procedimientos.

En agosto de 1563, cuando las fricciones internas evidencian la tensión propia de una obra descomunal, el propio rey interviene con una “Instrucción” destinada a ordenar el gobierno y la ejecución. Ese documento no es un episodio administrativo, es una prueba de lo que El Escorial representa: la obra como institución.

Luis Cercos, Condé-sur-Risle, Normandie, février 2026.

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