domingo, 12 de abril de 2026

Trayectoria 1991 - 2026


Mi trabajo sobre edificios preexistentes se ha desarrollado, con el tiempo, en cuatro grandes campos de intervención. Los veo como cuatro fachadas de una misma envolvente: prolongar la vida de los edificios sin arrancarles su espesor material, histórico o urbano.

La primera de esas fachadas fue la rehabilitación y la reparación urbana. A ella dediqué una parte muy importante de mis diez primeros años de ejercicio. Fue el campo de la actualización normativa, de la reparación de elementos envejecidos, de las actuaciones sobre sistemas constructivos. Un ejercicio que me exigía ya una lectura precisa del edificio existente, una comprensión de sus patologías y una ética de la intervención.

La segunda gran línea fue la restauración de monumentos históricos. Comenzó con mi formación en el máster de Alcalá de Henares, en su primera promoción, y con el apoyo de maestros de primera línea en España, a quienes debo una parte esencial de mi formación. En ese ámbito he desarrollado más de un centenar de intervenciones acreditadas, fundamentalmente en España, Chile y Francia. Fue el centro de mi segunda década profesional. Si tuviera que señalar tres hitos, citaría mi participación en las obras de restauración de Yuste (1998-2001), última residencia de Carlos V; Yuso, monasterio Patrimonio de la Humanidad y cuna simbólica de la lengua española (2008-2010); y el Palacio Pereira (2012-2015), en Chile.

La tercera línea ha sido el reciclaje urbano. En mi caso, esta etapa se abrió con especial intensidad gracias al apoyo del alcalde y de la municipalidad de La Solana, donde durante dieciséis años convertimos una operación de conservación en una intervención capaz de redibujar la ciudad, pues la arquitectura sobre lo existente, desde un aspecto urbano, permite reorganizar tejidos, reactivar usos y transformar edificios simplemente viejos en piezas contemporáneas adaptadas a las nuevas realidades.

Y existe todavía una cuarta fachada de mi ejercicio, quizá la más singular: la intervención sobre antimonumentos. Beaubourg es uno de los grandes antimonumentos del siglo XX: una arquitectura que hizo de la infraestructura, de la transparencia y de la ruptura su propia tradición. Intervenir sobre una pieza así exige otra inteligencia. Ya no se trata solo de restaurar la materia histórica o de reciclar tejidos heredados, sino de actuar sobre un icono crítico de la modernidad.

La reparación urbana me enseñó el oficio y la humildad ante la materia ordinaria.

La restauración monumental me enseñó la historia, la autenticidad y la responsabilidad cultural.

El reciclaje urbano me enseñó a leer la ciudad como una continuidad transformable.

Y la intervención sobre antimonumentos me obliga a pensar cómo se conserva, se adapta y se proyecta la modernidad misma.

No veo contradicción entre esos cuatro campos sino una misma vocación sostenida en el tiempo, mis 35 años de vida profesional.

Louis CERCOS, París, 2026.

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