miércoles, 8 de abril de 2026

Luis Enrique o la intervención contra el exceso (6)


Cuántos monumentos han sido destruidos por exceso de celo, por programas desorbitados. En restauración, como en casi todo, suele ocurrir lo contrario. Prefiero la inteligencia al despliegue, el plan director a la ocurrencia brillante, la continuidad larga a la operación aparatosa, el diagnóstico preciso a la demolición disfrazada de modernidad. Lo he aprendido en los cuatro años en Yuste, en los dieciséis en La Solana (Castilla-La Mancha), en los siete años del castillo del Buen Suceso de Cañada del Hoyo (Cuenca) y también en los cinco años que llevo ya trabajando en la Bpi • Bibliothèque publique d'information. La intervención segura casi siempre nace de una lectura lenta.

El paso de Luis Enrique por el PSG puede leerse, más allá de los títulos, como una lección de restauración contextual aplicada a una gran institución contemporánea intoxicada desde décadas por la abundancia. Durante años, el PSG representó una idea bastante extendida y bastante pobre del proyecto: si se dispone de medios casi ilimitados, bastará con acumular talento, nombres, salarios y efectos de prestigio para que aparezca, como consecuencia automática, un orden superior.

Pero la sobreabundancia suele producir ruido, rivalidad de egos, pérdida de jerarquías y desorientación. El dinero, por sí solo, no construye ni un club ni una arquitectura. A veces ni siquiera permite leerlos. Y Luis Enrique, al llevar al PSG a su primera Copa de Europa, mostró precisamente que la salida no estaba en añadir más, sino en ordenar mejor.

Eso me resulta muy cercano. Yo nunca he creído en la restauración entendida como una orgía de medios, ni en la obra concebida como una demostración muscular de capacidad técnica o presupuestaria. He defendido siempre otra cosa: deconstruir, diagnosticar, tratar y comprometerse contemporáneamente con la realidad recibida. Primero comprender; después intervenir. Primero leer la patología; después decidir la terapia. Primero distinguir lo esencial de lo accesorio; después actuar con precisión.

Luis Enrique me interesa porque entendió que una estructura tan poderosa y tan rica como el PSG podía estar, al mismo tiempo, enferma de desorden. Hay en ello una lección que va mucho más allá del fútbol. También en arquitectura, también en patrimonio, también en las grandes instituciones públicas, la abundancia puede ser una forma de ceguera. Cuando sobran medios, suele faltar criterio. Cuando todo parece posible, el discernimiento se vuelve más difícil. Y es justamente ahí donde aparece el verdadero restaurador: no el que añade sin medida, sino el que sabe detenerse; no el que actúa para impresionar, sino el que interviene para curar; no el que exhibe poder, sino el que pone cada cosa en su sitio y devuelve al conjunto una claridad que parecía perdida.

Esa es también, en el fondo, mi idea de la restauración. No tocar mucho, sino tocar justo. No gastar más, sino comprender mejor.

Louis CERCOS, París, abril 2021.

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