domingo, 28 de diciembre de 2025

Herejías necesarias para impulsar una teoría de la restauración contemporánea.



En restauración de arquitectura se habla mucho de ética, de autenticidad, de conservación, de respeto.

Pero se habla mucho menos de arquitectura. Y, sin embargo, restaurar implica proyectar: decidir, jerarquizar, transformar, renunciar. Exactamente lo mismo que en cualquier otro proyecto arquitectónico.

Quizá uno de los problemas de la restauración contemporánea sea haber confundido la ética con un sistema de inmunidad intelectual. Cuando una disciplina se protege en exceso, deja de pensarse críticamente.

Convertir la restauración en un campo autosuficiente, cerrado sobre sus propios textos, cartas y normativas, ha producido una paradoja inquietante: nunca se ha conservado tanto patrimonio y nunca se ha pensado tan poco arquitectónicamente sobre él.

La teoría de la arquitectura del siglo XX —Venturi, Mies, Le Corbusier, Rossi, Tafuri, Koolhaas— resulta incómoda para cierta restauración porque introduce conflicto, contradicción, ideología y proyecto. Pero precisamente por eso es indispensable.

Tal vez haya que aceptar una primera herejía: "la restauración que se presenta como moralmente neutra suele ser intelectualmente pobre".

Y una segunda, aún más difícil de asumir: "no todo edificio heredado merece ser restaurado, no toda huella debe sacralizarse, no toda preexistencia es patrimonio".

Pensar esto no es nihilismo. Es responsabilidad arquitectónica. La restauración no pierde legitimidad cuando duda. La pierde cuando deja de pensar.

LC, París, diciembre de 2025

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario