martes, 30 de diciembre de 2025
Vers une architecture
Releer Vers une architecture desde la óptica de la restauración de arquitectura es un ejercicio especialmente interesante, aunque —o quizá porque— la restauración no fue nunca una disciplina central en el pensamiento de Le Corbusier. Publicado en 1923, hace ya más de cien años, el libro sigue siendo un texto fértil.
Vers une architecture no es un tratado sistemático, sino un recueil d’essais, muchos de ellos publicados previamente en L’Esprit Nouveau. En ellos, Le Corbusier toma partido por una arquitectura que busque la verdad de su tiempo, frente a la repetición mecánica de estilos clásicos y renacentistas ya agotados.
La arquitectura griega —y muy especialmente el Partenón— aparece como referencia constante, no como modelo a imitar, sino como lección de orden, proporción y rigor. Conceptos como el tracé régulateur, el plan libre o los futuros cinco puntos de la arquitectura moderna atraviesan el texto como herramientas intelectuales, no como recetas formales. Algunos autores han llegado a considerar este libro “el único escrito sobre arquitectura que será clasificado entre las grandes obras literarias del siglo XX”. La arquitectura como excusa para hacer literatura. Interesante.
Le Corbusier nos propone, sobre todo, un método para mirar. Enseña a comparar, a jerarquizar, a distinguir lo esencial de lo accesorio. El libro no propone estilos: propone criterio. Y eso lo convierte, leído hoy, en una herramienta intelectual de primer orden que considero vigente.
Desde esta perspectiva, Vers une architecture obliga a identificar la estructura conceptual, constructiva y espacial de un edificio antes de cualquier intervención. Previene contra un error frecuente en la práctica contemporánea: confundir acumulación histórica con valor y complejidad con verdad. No todo lo heredado es significativo; no todo lo antiguo merece ser conservado sin examen. Y lo he dicho muchas veces: gran parte de las memorias históricas que acompañan a los proyectos no aportan valores operativos para la intervención, sino, en muchos casos, anécdotas poco útiles para el proyecto. No niego su interés para conocer lo heredado, pero no siempre ayudan a restaurar.
Le Corbusier no propone borrar el tiempo, sino comprenderlo. Y esa comprensión es el verdadero punto de partida de toda restauración que aspire a ser arquitectura y no mera gestión de residuos históricos.
Cien años después, este libro sigue siendo incómodo para los burócratas, porque nos recuerda algo esencial: antes de normas, técnicas o discursos, la restauración comienza, como siempre, con una simple mirada.
LC, Francia, diciembre 2025.
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