martes, 24 de febrero de 2026

De-construcción: desmontar para comprender.


Restaurar desde el presente: cuatro fases para intervenir en arquitectura y edificios preexistentes (2/5). La de-construcción: desmontar para comprender.

Si la intervención arquitectónica es un acto de responsabilidad, su primera fase no puede ser proyectar. Debe ser retirar. Pero retirar no es demoler. Y desmontar no es todavía comprender. Por eso necesitaba una palabra más precisa. Durante años hablé de desmontaje. En otras ocasiones utilicé demolición parcial. Ninguno de los términos me satisfacía. Desmontar describe una operación técnica. Demoler implica destrucción, incluso cuando es selectiva. Ninguna expresaba lo que realmente sucede cuando intervenimos con rigor sobre lo preexistente.

El término exacto apareció al detenerme en el prefijo “de-”. Según la Real Academia Española, indica inversión o acción contraria. No significa necesariamente destruir, sino deshacer lo hecho. Ahí encontré la precisión que buscaba. De-construir no es destruir la construcción, sino deshacerla analíticamente. Es invertir el proceso por el cual fue construida o transformada, revertir la acumulación de capas en sentido inverso a como se depositaron sobre el edificio.

Durante años he explicado a mis alumnos y a mis colaboradores más jóvenes que la intervención no empieza dibujando. Empieza entrando en el edificio. La primera visita es un acto silencioso. No se toca nada. No se mide nada todavía. Se observa, intentando percibir si existe armonía, intentando comprender antes de interpretar, buscando algo muy concreto: si aparece o no el desasosiego.

El desasosiego es una perturbación intelectual. La sensación de que algo no encaja en la lectura del conjunto: una proporción alterada, una ventana cegada sin lógica, un eje desplazado, un encuentro constructivo incoherente. A veces es mínimo, pero cuando aparece sé que todavía no he comprendido lo suficiente. Ese desasosiego es el verdadero inicio de la de-construcción.

La imagen que terminó de darme claridad fue la autobiografía de Günter Grass, Pelando la cebolla. Grass sugiere que lo que uno es resulta inseparable de lo que tuvo que hacer, y que la memoria se revela capa a capa. Comprendí entonces que un edificio es consecuencia de todo lo que se le fue haciendo: decisiones lúcidas, reformas necesarias, urgencias, improvisaciones, olvidos. La arquitectura, como la memoria, se estratifica.

A veces las capas son simples acumulaciones. Otras, intervenciones desafortunadas. Otras, transformaciones históricas que deben entenderse antes de decidir si permanecen. No todo es valioso, ni todo es prescindible. La de-construcción exige desmontar y documentar. Cada capa retirada debe registrarse. Incluso lo eliminado forma parte de la biografía del edificio. No proyectar hasta que vuelva a ser legible.

La de-construcción es lectura material. Solo cuando el edificio vuelve a ser comprensible desaparece el desasosiego.

Y solo entonces podemos pasar al diagnóstico.

Luis Cercos, París, febrero 2026

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