lunes, 26 de enero de 2026

Dios Arquitecto (parte II)



 El Templo de Salomón. Un texto arquitectónico antes que un edificio. Parte II.

Antes de convertirse en un debate de formas, de estilos o de reconstrucciones, el Templo de Salomón fue, durante siglos, un texto leído, glosado, comentado y transmitido como arquitectura revelada. Comprender su papel en la historia de la arquitectura exige abandonar la lógica cronológica de los estilos y adoptar una posición intelectual diferente. Como vimos ayer, la descripción del Templo aparece en el Primer Libro de los Reyes, capítulos 6 y 7, y se completa en el Segundo Libro de las Crónicas, capítulos 3 y 4. Allí se fijan dimensiones, materiales, jerarquías espaciales y ornamentación con una minuciosidad excepcional: “La Casa que el rey Salomón edificó al Señor tenía sesenta codos de largo, veinte de ancho y treinta de alto” (1 Re 6,2). Para los lectores antiguos y medievales, estos pasajes no eran una crónica histórica ni un relato piadoso, sino la descripción de un edificio querido por Dios y, por ello, dotado de un valor normativo. En estos textos, la arquitectura aparece como lenguaje ordenado. El Santo de los Santos, perfectamente cúbico, revestido de oro puro; la progresión espacial desde el pórtico al sanctasanctórum; la estricta jerarquía entre lo visible y lo inaccesible. Todo ello construye una arquitectura que se legitima por su origen revelado. El Templo no se interpreta: se recibe. En la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media, esta lectura se integra en los grandes sistemas de transmisión del saber. En las Etimologías, Isidoro de Sevilla no propone una reconstrucción formal del Templo, pero lo inscribe en una visión total del mundo donde arquitectura, lenguaje, número y teología forman un continuo. Al explicar el sentido de los edificios, Isidoro recuerda que templum es ante todo una delimitación intelectual del espacio, una operación de orden antes que una forma material. El Templo de Salomón funciona así como arquetipo: un lugar donde el cosmos se vuelve inteligible y donde la arquitectura participa de un saber universal. Durante la Edad Media, el Templo aparece en códices bíblicos, comentarios exegéticos y manuscritos iluminados. No existe una representación única ni estable, y eso es esencial. Cada miniatura es una hipótesis. El Templo no se copia: se piensa. Su presencia constante en los códices medievales muestra que el Templo no pertenece al pasado, sino al presente de cada época que lo relee. La arquitectura medieval no pretende reconstruirlo, sino comprenderlo, integrarlo y traducirlo en nuevas formas. Este largo recorrido previo es esencial para evitar lecturas posteriores. Cuando, ya en la Edad Moderna, algunos autores intenten reconstruir el Templo como edificio real y medible, no partirán de cero. Se apoyarán en más de mil años de lecturas, glosas e imágenes acumuladas. Antes de ser proyecto, el Templo de Salomón fue texto. Y como tal, fue uno de los fundamentos de la arquitectura occidental. LC, París, enero de 2026.

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