sábado, 3 de enero de 2026
¿Restaurar América Latina? Antecedentes y método
Desde mediados del siglo XX, América Latina ha sido tratada con frecuencia como un espacio donde la estabilidad y la alineación geopolítica han prevalecido sobre la legitimidad democrática. Esta lógica fue formulada sin ambigüedad por Henry Kissinger: "la estabilidad y la alineación geopolíticas prevalecían (en aquella estrategia de tristes consecuencias) sobre la legitimidad electoral". Kissinger consideraba inaceptable que un país latinoamericano pudiera “dar mal ejemplo” eligiendo democráticamente un modelo alternativo. La frase que se le atribuye a propósito de Chile resume esa visión con crudeza: "no había razón para permitir que un país se volviera marxista por la irresponsabilidad de su propio pueblo".
Desde ese marco se explican episodios bien conocidos: Guatemala (1954), Brasil (1964), Chile (1973), Uruguay y Argentina en los años setenta, Paraguay, Bolivia, Nicaragua en los ochenta, Panamá en 1989. Gobiernos derrocados, procesos interrumpidos, soberanías tuteladas o anuladas. Las consecuencias están documentadas: dictaduras, violencia política, exilios, traumas colectivos, instituciones frágiles y una desconfianza duradera hacia el discurso democrático cuando se aplica de forma selectiva.
Ante lo ocurrido hoy, mi posición es clara: no comparto una intervención militar por sorpresa como vía de restauración política. Los pueblos son soberanos. Y, como en cualquier proceso de restauración, la decisión de intervenir corresponde siempre al propietario legítimo del edificio, es decir, al pueblo representado por su mandatario y por sus instituciones, nunca a terceros externos.
Cuando el estado actual de un edificio —político o institucional— no nos gusta, no se demuele. Se hace política para revertir la situación. Se acude a los organismos de tutela, al derecho internacional y a la mediación. Desde mi oficio, propongo:
- Análisis del estado actual: crisis económicas, polarización, éxodos masivos, sufrimiento social real.
- Diagnóstico: patologías internas agravadas por injerencias externas recurrentes y por la fragilidad de los mecanismos de tutela regional.
- Terapia: proporcional, legítima y reversible. La intervención militar no es una terapia; es una demolición.
- Compromiso contemporáneo: avanzar hacia una comunidad latinoamericana capaz de proteger su soberanía colectiva, reducir recaídas en dictaduras internas y externas y actuar como contrapunto frente a injerencias militares, en un horizonte comparable —con todas las diferencias necesarias— al de la Unión Europea.
Intervenir sin consenso, no restaura; agrava la ruina. La concordia no se impone. Se construye.
Las efemérides no siempre pertenecen al pasado. A veces se escriben en el presente. Y también entonces, el compromiso intelectual consiste en no confundir restaurar con dominar, ni terapia con demolición.
LC, París, hoy
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