viernes, 23 de enero de 2026
Juan Bautista de Toledo (2)
De aparejador de Miguel Ángel a arquitecto del rey Felipe II (una investigación de Luis Cercos). Parte segunda. Terminábamos ayer evocando a Vitruvio, hoy de plena actualidad tras la confirmación reciente de las ruinas de la basílica de Fano. De architectura, escrito en el siglo I a. C., no desapareció nunca del todo tras la Antigüedad, pero durante la Edad Media circuló de forma fragmentaria y restringida, en ámbitos monásticos y eruditos, sin generar una teoría arquitectónica verdaderamente operativa. Conocido de manera indirecta por autores como Isidoro de Sevilla o Rabano Mauro, el texto era difícil, mal transmitido, sin ilustraciones fiables y desconectado de una práctica constructiva basada ante todo en el oficio. No puede hablarse, por tanto, de una arquitectura vitruviana medieval en sentido estricto.
Es a partir del siglo XV cuando Vitruvio es redescubierto no solo filológicamente, sino conceptualmente. La arquitectura vuelve a pensarse como disciplina intelectual, con reglas, proporciones y fundamentos teóricos. En ese contexto, Leonardo da Vinci lee a Vitruvio de forma directa y crítica. El célebre Hombre de Vitruvio (la imágen que hoy he escogido) no es un símbolo genérico del Renacimiento, sino la prueba de una lectura atenta y activa del tratado, sometido a verificación empírica y a observación científica.
La relación de Miguel Ángel con Vitruvio es más compleja. No conservamos pruebas de una lectura sistemática, pero es impensable que lo ignorase en el ambiente humanista de la Florencia de los Medici. Sin embargo, su arquitectura no es vitruviana en sentido ortodoxo: Miguel Ángel conoce la norma y decide forzarla, tensarla o incluso violentarla. Su posición es la del creador que trasciende la regla, no la del teórico que la aplica.
Con Andrea Palladio entramos en otro estadio. Palladio lee, traduce, comenta y transforma a Vitruvio en un método proyectual moderno. En I quattro libri dell’architettura, la teoría antigua se reinterpreta a la luz de la arqueología romana y de la experiencia constructiva contemporánea. Vitruvio deja de ser una autoridad clásica para convertirse en un instrumento operativo.
En síntesis, Vitruvio fue conocido de manera residual en la Edad Media, redescubierto críticamente en el Quattrocento y plenamente asumido en la Edad Moderna. Leonardo lo examinó, Miguel Ángel lo trascendió y Palladio lo sistematizó. Esta secuencia intelectual es esencial para comprender el marco teórico en el que se forma Juan Bautista de Toledo en Italia, cuya historia continuaremos mañana.
LC, París, enero 2026
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