domingo, 25 de enero de 2026

Florencia y Roma; Brunelleschi y Miguel Ángel





Florencia vs Roma: dos cúpulas, dos chantiers, un mismo problema: construir lo imposible.

Mis recientes publicaciones sobre Juan Bautista de Toledo y el método de Miguel Ángel abren, casi de manera inevitable, al menos otras dos series paralelas. La primera es evidente: la historia de la cúpula de Santa Maria del Fiore y su comparación con la de San Pedro del Vaticano. Porque antes de Miguel Ángel hubo otro momento fundacional. Y ese momento se llama Filippo Brunelleschi.

Entre 1420 y 1436, Brunelleschi construye en Florencia la mayor cúpula levantada desde la Antigüedad. Sin cimbra, con doble cascarón, con un sistema de anillos, nervios y aparejos que todavía hoy sigue siendo objeto de estudio. No se trata solo de una proeza formal, sino de una revolución del chantier. Brunelleschi inventa máquinas, organiza la obra, controla los oficios, protege el secreto técnico y gobierna un proceso completamente nuevo.

Más de un siglo después, Michelangelo Buonarroti se enfrenta en Roma a un desafío distinto, pero comparable. La cúpula de San Pedro es mayor en escala, más compleja en cargas, asentada sobre una basílica ya en construcción y sometida a una presión política y simbólica sin precedentes. Miguel Ángel conoce perfectamente el precedente florentino. Lo estudia, lo mide, lo asimila y lo supera.

Las dimensiones hablan por sí solas. La cúpula de Santa Maria del Fiore alcanza unos 45 metros de diámetro interior; la de San Pedro se aproxima a los 42, pero se eleva mucho más, reforzando el efecto de verticalidad y de dominio urbano. Brunelleschi trabaja en una ciudad-estado orgullosa, Miguel Ángel en el corazón del poder pontificio. Uno construye para la república florentina; el otro, para la Iglesia universal.

También los métodos divergen. Brunelleschi está presente de forma obsesiva en la obra, controla cada decisión, desconfía de todos. Miguel Ángel, en cambio, gobierna San Pedro a distancia, a través de maquetas, secciones, instrucciones precisas y una jerarquía técnica muy depurada. Donde Brunelleschi inventa el chantier moderno, Miguel Ángel lo racionaliza y lo institucionaliza.

Las cronologías se responden como un eco largo: Florencia inaugura una posibilidad técnica que Roma convierte en sistema. Entre ambas cúpulas no hay ruptura, sino transmisión. Miguel Ángel no copia a Brunelleschi; lo interpreta, lo tensa, lo lleva hasta el límite.

Comparar ambos chantiers no es un ejercicio erudito, sino una forma de comprender cómo la arquitectura occidental aprende a enfrentarse a lo imposible mediante método, organización y tiempo largo. Dos cúpulas, dos contextos, dos hombres. Un mismo problema: cómo construir aquello que aún no existe.

Esta será la próxima serie.

LC, París, enero 2026.

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