miércoles, 28 de enero de 2026

De Bramante a Juan Bautista de Toledo: trayectorias inversas (1).





Al estudiar la figura de Juan Bautista de Toledo (c. 1515–1567), en el marco de la serie que he ido publicando en los últimos días, he encontrado afinidades biográficas claras con Donato Bramante (1444–1514), aunque recorridas en sentido inverso. No se trata de una filiación directa, sino de trayectorias estructuralmente opuestas, cuya comparación me resulta especialmente fecunda y que desarrollaré en futuras entregas de esta historia personal de la arquitectura.

Juan Bautista se forma en Roma, en el gran proyecto pontificio de San Pedro, al servicio del Papa, absorbiendo un método ya plenamente constituido en el corazón del poder papal. Más tarde, traslada ese saber técnico, organizativo e intelectual a la monarquía hispánica, poniéndolo al servicio de Felipe II, nieto de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, en la construcción de El Escorial.

El recorrido de Bramante es el inverso. A comienzos del siglo XVI, el Tempietto de San Pietro in Montorio, financiado directamente por los Reyes Católicos, legitima a Bramante en Roma antes incluso de su acceso al círculo pontificio. No es una obra menor ni un simple gesto diplomático, sino una declaración política, teológica y cultural de la monarquía hispánica en el corazón simbólico de la ciudad papal.

En una arquitectura de escala mínima, Bramante demuestra algo decisivo: sabe traducir el lenguaje del poder en forma construida. Clasicismo, cristianismo y autoridad imperial condensados en un objeto perfectamente inteligible para quien gobierna. Ese encargo lo sitúa en una posición estratégica. Bramante no llega al Vaticano por azar, sino porque ha demostrado que su arquitectura no es solo bella, sino operativa como instrumento de poder.

Poco después, Julio II lo nombra arquitecto de San Pedro y le confía el primer gran proyecto moderno de la basílica. El cliente ha cumplido su papel: ha fabricado al arquitecto que necesitaba.

La comparación con Juan Bautista de Toledo ilumina ambos recorridos. Juan Bautista se legitima primero en el sistema pontificio y pone después ese saber al servicio de Felipe II. Bramante, en cambio, se legitima primero gracias a un encargo regio de la monarquía hispánica y asciende después al centro del poder papal.

Dos trayectorias cruzadas que explican con claridad cómo circula el conocimiento arquitectónico en la Europa moderna. Estas historias no se entienden desde los estilos, sino desde los clientes, los procedimientos de obra, los viajes y las personas. Por eso, al seguir a Juan Bautista, aparecen en mis textos las referencias a Bramante, en una nueva serie que nace como ramificación natural de la anterior, sin romper su coherencia.

Luis Cercos, París, enero 2026.

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