sábado, 31 de enero de 2026

Guillem Sagrera (I). Pensar el gótico desde la estructura.




En esta nueva serie quiero detenerme en una figura mayor de la arquitectura europea del siglo XV, todavía insuficientemente leída desde el punto de vista estructural: Guillem Sagrera, maestro de obras de la Corona de Aragón y autor de la Lonja de Palma. No se trata aquí de estilo ni de genealogías formales, sino de método: de cómo se piensa un edificio desde dentro y de la inteligencia constructiva con la que fue concebido por un gran maestro constructor.

La Lonja de Palma de Mallorca es, a mi juicio, el ejemplo más radical en el ámbito hispano de arquitecto-ingeniero-constructor capaz de concebir una gran plaza porticada cubierta, un espacio civil unitario sin precedentes directos. Un edificio que no imita la arquitectura religiosa, pero que dialoga con ella de forma profunda y estructural. Como en Brunelleschi o Bramante, lo decisivo no es el lenguaje, sino la lógica constructiva que gobierna el conjunto.

La Lonja puede leerse, observando su planta, como una iglesia gótica de tres naves iguales y de la misma altura, una auténtica planta salón. El reto es cubrir un gran espacio continuo, sin jerarquías verticales, manteniendo una percepción unitaria. Sagrera lo resuelve mediante una retícula rigurosa de pilares helicoidales que ordenan simultáneamente el espacio y las cargas, con una claridad excepcional en la arquitectura civil de su tiempo.

El verdadero golpe de genio aparece en los límites. Los contrafuertes no se exhiben: quedan absorbidos en el espesor de los muros perimetrales y apenas se insinúan en fachada, entre las torres de las cuatro esquinas. Estas torres no son un gesto simbólico, sino piezas funcionales que alojan las escaleras y conducen a una cubierta originalmente plana, tipológicamente a la catalana.

Aquí lanzo la hipótesis central que desarrollaré en las siguientes entregas. Esa cubierta plana original no era una decisión secundaria, sino una elección estructural consciente, pensada para eliminar empujes laterales y mantener el equilibrio del edificio. Cuando siglos después se coloca una cubierta inclinada sobre la original plana, el sistema se altera y comienzan a aparecer las grietas. La patología no nace del proyecto de Sagrera, sino de su transformación.

Esta primera parte quiere solo lanzar la intuición. En las siguientes entraremos en la planta con más detalle, en la comparación con otras grandes salas góticas y en el alcance plenamente europeo de Guillem Sagrera, un maestro que pensó la arquitectura desde la estructura mucho antes de que esa actitud se convirtiera en doctrina.

Luis Cercos, Condé-sur-Risle, Normandie, janvier 2026.

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