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domingo, 1 de noviembre de 2026

Pelures d'oignon, UPM, Madrid, 27 octobre 2026.



Cette semaine, je suis retourné à l’Universidad Politécnica de Madrid, mon alma mater, pour présenter, dans le cadre du cycle « Étaiements et démolitions », quelques idées qui structurent ma théorie de la restauration contextuelle. Cette réflexion, nourrie par plus de trente ans de pratique, cherche à comprendre comment notre métier transforme notre regard et notre manière de vivre. L’image de l’oignon, liée à ma lecture de Günter Grass, invite à parcourir les strates d’un bâtiment et de notre mémoire. Chacune appartient à une biographie qu’il faut comprendre avant d’intervenir, car la reconnaître ne nous donne pas, à elle seule, le droit de l’effacer.

Restaurer suppose de discerner ce qui doit changer pour que ce qui a de la valeur puisse perdurer. Cette décision se situe au croisement de deux contextes indissociables, celui qui a façonné l’architecture et celui dans lequel nous intervenons, avec les connaissances et les moyens disponibles. Comprendre le passé ne nous dispense pas d’assumer nos responsabilités présentes. D’où une méthode où la réflexion accompagne la déconstruction, le diagnostic, la thérapie et l’engagement contemporain, dans une démarche que la réalité du chantier doit pouvoir corriger. Lire les strates et justifier les retraits comme les ajouts permettent d’agir sans ériger nos préférences en vérités ni nos solutions en recettes universelles.

Certains de mes chantiers ont montré comment ces principes conduisent à des décisions différentes, de la lecture d’une stratigraphie au traitement d’une cause de dégradation ou à l’introduction d’un nouvel usage. Mon expérience à la Bpi • Bibliothèque publique d'information a élargi la réflexion aux institutions, dont la continuité peut exiger une transformation profonde des espaces et des habitudes. Conserver une bibliothèque suppose de comprendre quelles relations soutiennent sa mission et comment les faire vivre ailleurs. Il s’agit de transmettre des capacités et du sens, en sachant que notre apport appartient lui aussi à une époque et doit pouvoir être réexaminé par ceux qui nous succéderont.

Cette manière de travailler nous enrichit humainement, car elle nous apprend à vivre avec la complexité, à interroger nos certitudes et à reconnaître ce qui peut perdurer lorsqu’une situation semble sans issue. Notre biographie contient aussi des décisions, des pertes et des apprentissages qui méritent d’être compris sans réduire toute une vie à un seul de ses moments. Le regard du restaurateur peut nous aider à traverser les crises avec plus d’attention et à changer les conditions qui nous blessent. La résilience suppose de savoir poser des limites, et préserver notre identité peut exiger de transformer notre manière de la vivre. Recevoir une histoire, y intervenir de façon responsable et préserver ses possibilités d’avenir est une tâche qui finit par dépasser les frontières du métier.

Louis CERCOS, Condé-sur-Risle, novembre 2026.

Pelando la Cebolla, UPM, 27 octobre 2026




 Esta semana he regresado a la Universidad Politécnica de Madrid, mi alma mater, para presentar, dentro del ciclo «Apeos y demoliciones», algunas de las ideas que articulan mi teoría de la restauración contextual. «Pelando la cebolla» recoge una reflexión nacida de más de treinta años de oficio y de la necesidad de comprender cómo este trabajo acaba transformando nuestra manera de mirar y de vivir. La imagen de la cebolla, vinculada a mi lectura de Günter Grass, permite recorrer las capas de un edificio y de nuestra propia memoria. Cada una forma parte de una biografía que debemos comprender antes de intervenir, porque reconocerla no nos concede, por sí solo, el derecho a eliminarla.

Restaurar exige discernir qué necesita cambiar para que algo valioso pueda continuar. Esa decisión se produce entre dos contextos inseparables, el que explica la formación de la arquitectura y aquel desde el que intervenimos, con los conocimientos y los recursos disponibles. Comprender el pasado no resuelve por nosotros las responsabilidades del presente. De ahí un método en el que la reflexión acompaña la deconstrucción, el diagnóstico, la terapia y el compromiso contemporáneo, en un proceso que debe dejarse corregir por la obra. Leer las capas, distinguir las causas de los síntomas y justificar tanto las retiradas como las aportaciones permite actuar sin convertir nuestras preferencias en verdades ni las soluciones en una recetas universales.

Algunas de mis obras permitieron mostrar cómo esos principios se concretan en decisiones diferentes, desde la lectura de una estratigrafía hasta la corrección de una causa de deterioro o la incorporación de una nueva actividad. Mi experiencia de la Bpi • Bibliothèque publique d'information llevó la reflexión hacia las instituciones, cuya continuidad puede exigir una transformación profunda de sus espacios y de sus hábitos. Conservar una biblioteca supone comprender qué relaciones sostienen su misión y cómo hacerlas posibles en otro lugar. Lo que importa es transmitir capacidades y sentido, reconociendo que también nuestra aportación pertenece a un tiempo y deberá poder ser revisada por quienes vengan después.

Esta forma de trabajar termina completándonos como personas, porque nos enseña a convivir con la complejidad, a revisar nuestras certezas y a reconocer lo que todavía puede continuar cuando una situación parece agotada. También nuestra biografía contiene decisiones, pérdidas y aprendizajes que merecen ser comprendidos sin reducir toda una vida a uno de sus momentos. La mirada del restaurador puede ayudarnos a atravesar las crisis con mayor atención y a cambiar las condiciones que nos dañan. La resiliencia necesita límites, y conservar nuestra identidad puede exigir transformar la manera de vivirla. Recibir una historia, intervenir responsablemente en ella y mantener abiertas sus posibilidades de futuro es una tarea que acaba desbordando los límites de la profesión.

Louis CERCOS, Condé-sur-Risle, noviembre 2026.

jueves, 17 de septiembre de 2026

La vitrina de lo cotidiano, 2026, LC-Architectes


Una casa donde caben muchos siglos. La idea empezó al escribir sobre Penguin, aquellos volúmenes de seis peniques me permitieron formular una pregunta que acompañaba mi trabajo: ¿por qué reconocemos tan fácilmente el patrimonio en lo excepcional y nos cuesta encontrarlo en las cosas que millones de personas han utilizado? De ahí nació La vitrina de lo cotidiano.

Pensé primero en una colección de objetos industriales. Después llegaron los catálogos, las fechas y las familias de objetos. El recorrido, situado inicialmente entre 1890 y 2030, retrocedió hasta Conté, en 1795, y siguió abriéndose. Las enciclopedias me llevaron a Chambers, a Diderot y d’Alembert; el libro, al códice; el vaso, al vidrio antiguo; una agenda, a los acuerdos con los que organizamos los días. Descubrí que mi presente estaba amueblado con ideas de muchas edades.

Al principio me tentó decir que algunas no habían podido mejorarse. Mirándolas despacio, comprendí que han cambiado sus materiales, su fabricación, su seguridad y sus usos. Persisten porque todavía resuelven algo, porque hemos aprendido a convivir con ellas y porque otras manos las han ido corrigiendo. Su duración también contiene trabajo, desigualdades, comercio y elecciones que conviene hacer visibles.

En mis proyectos de conservación he aprendido a leer las huellas de vidas anteriores. En mi casa esa lectura adquiere otra proximidad. Una junta sustituida permite preparar el café; un zurcido conserva la relación con unos pantalones; un antigui volumen incompleto me sigue ofreciendo conocimiento. Las viviendas de Philips que conocí en Eindhoven en 1994 me enseñaron cuánto puede explicar una cocina sobre una manera de construir y de habitar.

Esta primera edición reúne 218 artículos, ordenados por sus hitos históricos. Incluye edificios, periódicos, sistemas y servicios, porque también forman el interior ampliado de nuestras casas. La fundación de una empresa, un producto y su aniversario pueden pertenecer a una misma historia. Las referencias documentales se reúnen al final; el índice permite seguir la cronología o regresar a una pieza concreta.

Las fechas identifican patentes, presentaciones, publicaciones o aperturas; no siempre señalan la invención de una técnica. En los periodos antiguos, la ordenación es aproximada: una horquilla histórica no se convierte en un año exacto. Los textos de 2027, 2028 y 2030 serán reflexiones prospectivas escritas desde septiembre de 2026. La cronología tampoco propone una marcha inevitable hacia el progreso: un producto puede facilitar una tarea y crear una dependencia; una forma bella puede durar y sus componentes dejar de estar disponibles.

Quisiera que estas páginas invitaran a mirar alrededor con mayor atención. Cada hogar reúne una pequeña antropología de lo que conservamos, reparamos, dejamos entrar y hemos perdido. Entre esas cosas se reconoce de dónde venimos y se ensaya cómo queremos continuar viviendo.

Louis CERCOS, Condé-sur-Risle, septiembre 2026.

viernes, 24 de julio de 2026

LC-Architects, Madrid-Paris, 1991-2026


Que peut attendre un maître d’ouvrage d’une agence d’architecture lorsqu’il ne s’agit pas de construire un bâtiment neuf, mais d’intervenir sur une réalité déjà existante ?

La question dépasse largement celle du patrimoine. Car l’architecture d’aujourd’hui intervient de plus en plus sur des édifices, des paysages, des institutions, des territoires et des mémoires qui nous précèdent. Nous héritons d’un monde déjà construit, parfois depuis plusieurs siècles, parfois depuis seulement quelques décennies, mais toujours porteur d’une histoire qui ne se réduit ni aux récits transmis, ni aux habitudes acquises, ni même aux représentations que chacun s’en fait.

Toute intervention responsable commence donc par un acte de connaissance, la reconstruction critique d'une histoire à partir des sources elles-mêmes. Avant de transformer un bâtiment, il faut comprendre ce qui l’a rendu possible, pourquoi il existe, comment il s’est progressivement constitué et de quelle manière il est parvenu jusqu’à nous. C’est cette conviction qui fonde depuis vingt ans le travail de LC-Architects (Madrid, 1991).

Notre agence s’est progressivement développée entre Madrid, l’Amérique latine et la France autour d’une même idée : l’architecture est d’abord une discipline d’interprétation. Nous intervenons presque exclusivement sur l’existant, qu’il s’agisse d’un monument historique, d’un équipement culturel, d’un bâtiment administratif, d’un édifice religieux ou d’une architecture plus récente. Chaque projet constitue une enquête singulière dont l’objectif n’est jamais de confirmer une légende, mais d’établir, autant que possible, les faits.

Cette manière de travailler trouve son origine dans le parcours de son fondateur, dont la formation s’est construite progressivement à travers l’ingénierie du bâtiment, l’architecture, la restauration des monuments et l’histoire de l’art, au sein de plusieurs universités espagnoles. Ces disciplines n’ont jamais constitué des domaines séparés ; elles se sont progressivement réunies dans une même réflexion théorique consacrée à l’intervention sur le déjà-là. C’est de cette réflexion qu’est né, en 2005 à Madrid, l'Atelier de théorie de l’architecture et du patrimoine, matrice intellectuelle de LC-Architectes, avant son développement en Amérique latine à partir de 2011 puis en France à partir de 2019.

Cette démarche explique également la composition de notre équipe. Architectes, ingénieurs, restaurateurs, historiens de l’art et spécialistes du patrimoine n’y sont pas réunis pour juxtaposer leurs compétences, mais pour construire ensemble une lecture commune du réel. Nous ne recherchons pas la multiplication des expertises ; nous recherchons leur convergence autour d’une même question : que nous dit réellement ce qui nous a été transmis ?

Nous sommes convaincus que l’avenir de l’architecture réside dans la capacité d’interpréter avec rigueur, intelligence et responsabilité les formes déjà présentes.

Louis CERCOS, Paris, juillet 2026.

sábado, 27 de junio de 2026

¿Puede seguir pensándose la restauración de arquitectura con categorías del siglo XIX?


El pasado lunes tuve el privilegio de impartir una conferencia para el Colegio de Arquitectos de Rosario, en Argentina. Mientras preparaba mi intervención, reflexioné sobre el hilo conductor de una investigación que vengo desarrollando desde hace años: las teorías con las que interpretamos nuestra disciplina deberían tener todas un nexo común, probablemente contextual, que explicaría por qué nacieron, qué problemas pretendían resolver y por qué formularon unas preguntas y no otras. Esta idea constituye el punto de partida de lo que denomino restauración contextual.

Desde la Revolución francesa, la restauración académica de arquitectura fue elaborando un cuerpo doctrinal para responder a los desafíos de la Europa contemporánea: la construcción de los Estados nacionales, la secularización de los bienes patrimoniales, el desarrollo de la arqueología científica, la consolidación de la historia del arte o la necesidad de intervenir sobre monumentos profundamente transformados por el tiempo. España no recibió pasivamente ese legado. Leopoldo Torres Balbás ocuparía un lugar decisivo al convertir esa herencia europea previa en una lectura crítica y española de la historia de la disciplina. Sus discípulos continuaron esa evolución, incorporando progresivamente una actitud de mayor sobriedad, un diálogo más natural con la arquitectura contemporánea y una comprensión más compleja de la autenticidad. La restauración objetiva formulada por Antoni González constituye, a mi juicio, uno de los desarrollos más rigurosos de esa tradición.

Mi propio recorrido profesional se inscribe dentro de esa genealogía española, podríamos decir. Durante mis años de práctica sobre edificios preexistentes, y después gracias a los estudios de Historia del Arte y al análisis de la evolución de la disciplina, he llegado a la sencilla convicción de que algunas teorías permanecen porque nos explican cómo una generación fue capaz de responder con rigor a los problemas de su tiempo.

Nuestra responsabilidad consiste ahora en hacer exactamente lo mismo. El siglo XXI plantea desafíos que aquellas generaciones no podían prever. Pretender trasladar automáticamente categorías formuladas para la Europa de los siglos XIX y XX a cualquier cultura o circunstancia significa olvidar que también las teorías poseen una historia. Por eso entiendo la restauración contextual de arquitectura como una evolución natural de las enseñanzas precedentes.

No propongo abandonar la historia del arte, sino ampliarla mediante una historia contextual del patrimonio y de las propias teorías de la restauración. Solo comprendiendo los contextos anteriores podremos ejercer hoy aquello que considero la verdadera tarea del restaurador: una teoría del discernimiento. No necesitamos pensar menos la restauración, sino comprender mejor la historia de las ideas con las que seguimos pensándola.

Louis CERCOS, París, junio 2026.

miércoles, 17 de junio de 2026

La bibliothèque comme dernier espace public non marchand





Dans la ville contemporaine, presque tous les espaces semblent nous demander quelque chose. Même lorsque nous croyons entrer dans un lieu public, nous découvrons souvent qu’il obéit à une économie discrète de la consommation, de l’attention ou de la performance. Le centre commercial nous accueille à condition que nous devenions clients. Le musée nous demande un billet, une disponibilité esthétique, parfois même une certaine manière de regarder. Le café nous autorise à rester le temps d’une consommation. Les gares, les aéroports, les halls et les passages nous tolèrent tant que nous continuons à nous déplacer.

La bibliothèque occupe une place presque étrange dans ce paysage. On y entre sans acheter. On peut y rester longtemps sans justifier sa présence. On peut même parfois s’endormir quelques minutes, non par désintérêt pour le savoir, mais parce que le corps, enfin, a trouvé un lieu où il n’est plus sommé d’avancer. Cette possibilité paraît minuscule ; elle est en réalité immense. Une société qui accepte que quelqu’un puisse s’arrêter gratuitement dans un espace digne affirme quelque chose de très profond sur la citoyenneté.

Dans beaucoup d’autres lieux, l’ennui est devenu suspect. Il faut être stimulé, sollicité, accompagné par des images, des sons, des vitrines, des écrans, des événements. La bibliothèque, au contraire, conserve une forme rare de patience. Elle accepte les rythmes discontinus de la vie intellectuelle et humaine. On y vient avec un projet clair ou sans projet du tout.

C’est peut-être pour cela que la bibliothèque reste un espace profondément politique. Non parce qu’elle proclame une idéologie, mais parce qu’elle organise matériellement une égalité d’usage. Dans une ville où la vitesse est devenue une norme et où la présence humaine est souvent conditionnée par la consommation, cette hospitalité gratuite devient presque subversive.

Il ne s’agit pas pour autant de défendre une bibliothèque figée, silencieuse et nostalgique. Une bibliothèque contemporaine doit accueillir plusieurs vitesses : le silence, le murmure, le travail collectif, l’exploration numérique, l’exposition, la médiation, le débat, la découverte des œuvres, l’accès aux nouvelles formes de l’information. Mais elle doit rester l’un des rares lieux où la société ne demande pas immédiatement à l’individu de se transformer en consommateur, en spectateur, en client ou en flux.

Nous construisons encore des #bibliothèques parce que nous avons besoin de lieux où l’intelligence puisse ralentir. Des lieux où le corps puisse se poser. Des lieux où l’on ne soit pas seulement mesuré par ce que l’on achète, produit ou montre. Dans cette capacité à suspendre pour un moment la pression de la ville, la bibliothèque devient peut-être l’un des derniers grands espaces publics non marchands.

Images: différents projets culturels de LC Architects en Espagne et en Amérique du Sud.

Louis CERCOS, Paris, juin 2026.

lunes, 15 de junio de 2026

Être architecte en bibliothèque

 

La Bpi vient de publier un entretien consacré à mon travail au sein de la Bpi • Bibliothèque publique d'information. On imagine souvent qu’un projet d’aménagement résulte directement d’un programme ou d’un budget. La réalité est plus complexe. Entre l’idée initiale et sa réalisation finale s’accumule un monde de références, de lectures, d’images, d’intuitions, d’essais, parfois même de détours qui ne seront jamais construits mais qui auront nourri la réflexion.

Je suis particulièrement heureux que cet entretien permette de montrer quelques-unes de ces images de travail. Non pas seulement ce qui a été réalisé, mais aussi ce qui a accompagné le processus de conception.

Parmi elles figure le célèbre Rhinocéros de Xavier Veilhan installé au Centre Pompidou. J’ai toujours été fasciné par cette œuvre. Le rhinocéros est un animal presque préhistorique dans notre imaginaire collectif. Son apparence évoque quelque chose de lourd, de profondément enraciné dans le temps long de l’évolution. Pourtant, sous le regard de l’artiste, il devient autre chose. Par la couleur, par la géométrisation de ses formes, par le déplacement du regard qu’il impose, il cesse d’être simplement un rhinocéros pour devenir une possibilité.

Peut-être est-ce aussi ce que fait une bibliothèque. La plupart des personnes qui franchissent ses portes arrivent avec une histoire, des contraintes, parfois des difficultés, souvent des interrogations. Elles viennent avec ce qu’elles sont. Mais elles repartent rarement exactement identiques. Elles découvrent un livre, une idée, une langue, une discipline, un métier, une vocation ou parfois simplement une manière différente de regarder le monde.

Les grandes bibliothèques publiques ont toujours été des lieux de transformation silencieuse. Jean-Pierre Seguin les imaginait comme des institutions ouvertes à tous. Eugène Morel y voyait des outils d’émancipation intellectuelle. Gian Franco Franchini, lorsqu’il conçut le mobilier de la première Bpi en 1977, comprit que l’architecture, les couleurs, les matières et le confort faisaient eux aussi partie de cette expérience de transformation. Cette intuition demeure d’une étonnante actualité.

Une bibliothèque est aussi un environnement capable d’accueillir les formes contemporaines du savoir et les publics de son temps. Elle doit rester fidèle à sa mission tout en continuant à se réinventer. Les générations changent, les usages évoluent, les technologies se transforment, mais la question demeure la même : comment créer un lieu où chacun puisse devenir davantage que ce qu’il était en entrant ? Comme architecte, j’essaie de contribuer, modestement, à créer les conditions matérielles de ces métamorphoses discrètes.

Je remercie chaleureusement la Bpi pour cet entretien, qui m’a donné l’occasion de revenir sur quelques-unes de mes influences et sur cette conviction qui m’accompagne depuis longtemps : une bibliothèque est toujours une architecture de la transformation.

Louis CERCOS, Paris, juin 2026.