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sábado, 9 de mayo de 2026

El vino y el paisaje cultural (2/5)





Si en la primera entrega intenté explicar por qué el vino puede ayudarnos a pensar el patrimonio, es inevitable continuar por Francia, el país que ha construido alrededor del vino una de las más poderosas teorías europeas del territorio. Aquí, el vino se presenta, antes que nada, como la expresión de un lugar. La palabra terroir, tan difícil de traducir, designa la relación profunda entre una geografía, una comunidad humana y una forma de hacer que se ha ido afinando con el tiempo.

El vino francés parece necesitar siempre un mapa. Hay que saber de dónde viene, bajo qué denominación se inscribe, qué reglas ha aceptado y qué historia territorial está convocando en la copa. La AOC, Appellation d’origine contrôlée, y la AOP, Appellation d’origine protégée, son instrumentos de protección del origen, del método, de las variedades autorizadas, de los rendimientos, y de las prácticas de cultivo y de elaboración.

La comparación con el paisaje permite comprenderlo todavía mejor. El Convenio Europeo del Paisaje, adoptado en Florencia en el año 2000 bajo el impulso del Consejo de Europa, reconoce el paisaje como una realidad que incluye componentes naturales, culturales y humanizados, así como sus interconexiones. La UNESCO, por su parte, define los paisajes culturales inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial como obras combinadas de la naturaleza y del ser humano, expresión de la evolución de las sociedades bajo la influencia del medio físico y de fuerzas sociales, económicas y culturales.

En el caso de los Climats de Borgoña la UNESCO no reconoció solamente la excelencia de unos vinos, sino un paisaje cultural formado por parcelas vitícolas precisamente delimitadas, diferenciadas por condiciones naturales, por las variedades de vid y por siglos de cultivo humano. La parcela se convierte en archivo y el viñedo en documento. El paisaje deja de ser un fondo pintoresco y se transforma en una obra colectiva, acumulativa y estratificada, tan histórica como una catedral o como una ciudad antigua. Esta idea me parece fundamental.

Francia nos enseña que el valor necesita protección y nos obliga a recordar que toda regla, para seguir siendo patrimonialmente justa, debe permanecer abierta a la realidad concreta que pretende proteger. Una denominación no agota un vino. Un expediente no agota un edificio. Una fase validada no estabiliza definitivamente la realidad. Un diagnóstico no clausura lo que la obra puede todavía revelar. Un edificio vivo, como un viñedo vivo, conserva siempre una parte de resistencia frente a la clasificación.

Quizá por eso el vino francés es una puerta tan precisa para comprender una parte esencial de la cultura patrimonial francesa. Ambos nacen de una misma confianza en el territorio, en la clasificación y en el método. Ambos creen que lo recibido debe ordenarse para no perderse. Ambos saben que una cultura no sobrevive si no aprende a defender sus valores.

Louis CERCOS, París, mayo de 2026.

Europa ante lo recibido: vino, patrimonio y restauración contextual (1/5)


Un día, en un avión, escuché inevitablemente una conversación entre dos personas que hablaban de vinos franceses y vinos españoles. Uno de los dos viajeros sostenía la tesis sencilla y luminosa de que para amar de verdad los vinos franceses y los vinos españoles había que aceptar primero que, aunque ambos se llamaran vino, eran en realidad productos culturalmente diferentes.

Desde aquel día dejé de comparar los vinos como si pertenecieran a una misma escala universal. En todos hay uva, fermentación, tierra, clima, mano humana y tiempo, pero esos elementos se organizaban de manera distinta, como si cada cultura hubiera construido alrededor del vino una forma propia de entender el mundo.

Un vino francés es inseparable de la idea de territorio, de denominación, de continuidad histórica y de una inteligencia casi cartográfica del suelo. Un vino español nos habla de crianza, de bodega, de madera, de una relación intensa con el tiempo y con esa idea, tan española, de que lo que ha reposado largamente ha adquirido una autoridad especial. Un vino italiano, en cambio, no se puede separar de la mesa, de la conversación, del paisaje, del pueblo, de la comida, de la belleza cotidiana, de esa extraordinaria capacidad italiana para convertir la/su cultura en una forma natural de vivir.

El vino y la arquitectura, nos obligan a pensar en la forma en que las culturas valoran lo recibido. Durante mucho tiempo hemos creído que clasificar era comprender. Hemos ordenado los vinos por denominaciones, por añadas, por tiempos de crianza, por variedades, por bodegas, por prestigios acumulados. Del mismo modo hemos ordenado los edificios por siglos, estilos, autores, materiales, técnicas, grados de protección, fechas de construcción o niveles de intervención permitidos.

Por eso el vino es una metáfora tan poderosa para hablar de patrimonio cultural. No pertenece solo a la economía, a la agricultura o a la gastronomía. Pertenece también a la memoria europea, al paisaje, a la construcción de identidades regionales, a la relación entre una comunidad y su territorio. El vino es materia y es relato.

La restauración se enfrenta a un problema parecido. Cuando intervenimos en un edificio histórico trabajamos también sobre una acumulación de decisiones humanas, sobre usos que han dejado huella, sobre oficios que quizá ya no existen, sobre transformaciones sucesivas, sobre memorias superpuestas. Trabajamos sobre algo recibido que no puede comprenderse solo por su edad.

Esta es quizá la primera lección que el vino nos ofrece: el tiempo importa, pero no basta. Un vino no es necesariamente mejor porque haya envejecido más. La edad introduce una profundidad, pero el valor nace de una relación mucho compleja entre origen, materia, uso, memoria, autenticidad, transmisión, calidad, comunidad y continuidad. Con el vino y el patrimonio ocurre exactamente lo mismo.

Louis CERCOS, château de Sancy, mai 2026.

martes, 11 de agosto de 2015

Food Truck










En estos restaurantes móviles seguro que hacen buen café, buena comida, atención cuidada. El diseño sirve también para mostrar que hay amor detrás de muchas actividades profesionales. Un aire vintage que seduce.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Gastón Acurio (Lima, 1967)


Si tengo que comparar una profesión con el ejercicio de la arquitectura, yo diría que la gastronomía podría ser la más parecida. Gusto por eso de leer y de escuchar las opiniones de los grandes cocineros del mundo. Gastón Acurio es quizá el cocinero más importante de Perú y uno de los responsables intelectuales del lugar que esa cocina tiene hoy en el mundo. Una cosa me encanta de él: si escribes su nombre en Google es casi imposible encontrar una fotografía suya en la que no aparezca aparentemente feliz y sonriente. Eso me gusta. Por eso le creo cuando dice lo siguiente:

El poeta triste, escribe poemas y te hace llorar. El pintor triste pinta cuadros y te logra emocionar. El musico triste compone canciones y te hace cantar. Al cocinero triste, le está prohibido cocinar. 

Por supuesto, al arquitecto triste -qué pesadez- también debería prohibírsele construir. ¿No les parece? 

Y para terminar esta entrada una linda frase de un cocinero feliz: La cocina me ha dado el sentido de vivir. 

Ya lo he dicho en otras entradas de este blog: "vocación y destino", mágico dueto al alcance de algunos afortunados. 

viernes, 1 de agosto de 2014

WiTH eNoUGh CoFFee







"With enough coffee anything is possible".

Estoy sentado en una linda cafetería de Colonia de Sacramento, ciudad uruguaya patrimonio de la humanidad. Mientras tomo un café y consulto mi correo electrónico, un cuadrito en la pared me recuerda lo importante que es el café en mi vida adulta. Supongo que también en la de otros muchos.

Colonia, Uruguay

miércoles, 23 de julio de 2014

Cocina & Arte



Ya son varias las entradas que en este blog hemos dedicado a la cocina, pues son muchas las conexiones que encuentro entre la gestación de una nueva receta y la planificación de una intervención. Por eso hay una etiqueta específica: "gastronomía". No es casualidad que sean muchos los arquitectos que encuentran cobijo en la cocina. Prueba y error, como ocurre en cualquier otro campo artístico, es también lugar de frustración (ante experimentos que no funcionan, por sabor, por textura, por apariencia). El caso de Leonardo de Vinci es paradigmático pues a lo largo de su vida, en varias ocasiones, se ganó la vida como cocinero.

Lorenzo de Médici le da una credencial recomendándolo a Ludovico Sforza "El Moro" pero al leerla ve que sólo hace referencia a su cualidad de tañedor de laúd por lo que él mismo completa la presentación: 

No tengo par en la fabricación de puentes, fortificaciones, catapultas y otros muchos dispositivos secretos que no me atrevo a confiar en este papel. Mis pinturas y esculturas pueden compararse ventajosamente a las de cualquier artista. Soy maestro en contar acertijos y atar nudos. Y hago pasteles que no tienen igual.

Uno de los encargos en los que trabaja es la organización del banquete de bodas del sobrino del duque. El menú que propone es absolutamente contemporáneo:

- Una anchoa enrollada descansando sobre una rebanada de nabo tallada a semejanza de una rana.
- Otra anchoa enroscada alrededor de un brote de col
- Una zanahoria, bellamente tallada.
- El corazón de una alcachofa
- Dos mitades de pepinillo sobre una hoja de lechuga
- La pechuga de una curruca
- El huevo de un avefría
- Los testículos de un cordero con crema fría
- La pata de una rana sobre una hoja de diente de león
- La pezuña de una oveja hervida, deshuesada

Sin embargo, en una sociedad todavía medieval, no acostumbrada a paladear pequeños platos, sino a comer hasta saciarse, ve sustituida su propuesta por un menú convencional y desmesurado:

- 600 salchichas de sesos de cerdo de Bolonia
- 300 zampone (pata de cerdo rellenas) de Módena
1.200 pasteles redondos de Ferrara
200 terneras, capones y gansos
- 60 pavos reales, cisnes y garzas reales
- mazapán de Siena
- Queso de Gorgonzalo que ha de llevar el sello de la Cofradía de Maestros Queseros
- La carne picada de Monza
- 2.000 ostras de Venecia
- Macarrones de Génova
- Esturión en bastante cantidad
- Trufas
- Puré de nabos.

domingo, 17 de junio de 2012

Hoy: Pollo con PAPAS


Hoy, domingo, 17 de junio: día del Padre en la República Argentina. :-) Un buen día para comer en familia. Rico y barato. Sencillo de cocinar.

martes, 7 de febrero de 2012

35 bocados

Encuentro cierta relación entre la cocina y la arquitectura y así, de la misma manera que hay cocineros que mantienen una relación constante con la comida tradicional, existen arquitectos y promotores que no gustan o no quieren investigar, seguir avanzando o, simplemente, arriesgar.

En el lado opuesto algunos cocineros, apoyándose en los platos y los ingredientes de siempre, intentan encontrar sabores y sensaciones nuevas y/o sorprendentes.

Hablábamos mi socio y yo camino en uno de nuestros viajes de dirección de obra del menú de El Bulli, el restaurante de Ferrán Adrià, para muchos el mejor chef del mundo. No porque hayamos ido allí a comer, sino porque hemos leído con atención cosas que allí ocurren: 35 platos en el menú, 60 personas al servicio de 50 únicos comensales (http://www.youtube.com/watch?v=7DN14iCgshE).

A propósito de los 35 platos del menú (que no de la carta), los miembros de El Bulli no intentan otra cosa que servir tantas pequeñas sensaciones como bocados puede haber en una comida convencional. Con relación a los ingredientes tradicionales, simplemente recordar una magistral frase de este genio de la cocina:

Cuando cocinen ustedes, por ejemplo, una patata, …., simplemente pélenla, córtenla, trátenla, cocínenla, como si fuera la última patata del mundo.

Algo así como cuando modificamos una y otra vez nuestros humildes encargos, hasta encontrar el punto en que nuestro trabajo nos deje absolutamente, o al menos cerca, de nuestra propia crítica y satisfacción.

Luis Cercós (LC-Architects)
http://www.lc-architects.com/

sábado, 14 de enero de 2012

a propósito de comer y de vivir


No soy un experto gastrónomo. De hecho, ni siquiera sé cocinar. Pero me gusta hablar de gastronomía por la relación que encuentro entre el grupo de profesiones que la conforman y la mía. Son muchos los chefs que hoy día intentan innovar en un mundo aparentemente basado en una estricta tradición. Con los bodegueros ocurre también algo similar. Bernard de Laage, por ejemplo, director técnico de Château Palmer, heredero de una familia ligada al mundo del vino en los últimos 200 años, lleva 35 años entre caldos (25 entre vinos, 10 en Cognac):

No creo que haga falta esa herencia para trabajar en Château Palmer. La clave es entender que no eres tú quien hace el vino; el estilo de un gran Margaux lleva definido desde hace décadas.

En cierto modo con la arquitectura ocurre algo similar. Sería pretencioso pensar que podemos ser capaces de cambiar la manera de vivir de la gente. La forma de vida del hombre moderno también está definida o definiéndose desde hace décadas. Pequeños cambios sin embargo son los que nos diferencian de quienes nos precedieron: un lugar dentro del hogar para conectarnos con el mundo de forma activa (internet), el teletrabajo quizá, o la manera en la que usamos ahora la cocina, muy próxima a la zona donde recibimos a nuestros amigos y participamos de la reunión antes, durante y después de la estricta hora de la comida o de la cena. Cuestiones en cualquier caso que no cambian o no han cambiado en esencia la manera de distribuir una casa.

La diferencia entre un hogar del XIX y uno del XXI se comprende o se explica en pequeños detalles. Y la manera en la que un estudio de arquitectura puede traducir nuestras inquietudes en espacios explicaría la necesidad, o quizá simplemente la conveniencia, de intercambiar con un profesional nuestras propias ideas.

Alguien me dijo una vez que un hogar es el lugar en el que vivimos en armonía con nuestra familia y con las cosas que hemos decidido guardar y compartir. Algo fácil de decir, pero muy difícil de conseguir.

Luis Cercós (LC-Architects)

sábado, 3 de septiembre de 2011

Tradición y Vanguardia: el único camino


Por distintos motivos y divertidas casualidades he escuchado y leído, entre ayer y hoy, reflexiones distintas pero complementarias de dos artistas únicos e incontestables, el cocinero español Ferrán Adria (Hospitalet de Llobregat, 14 de mayo de 1962) y el músico y compositor argentino Astor Pantaleón Piazzolla (Mar del Plata, 11 de marzo de 1921 - Buenos Aires, 4 de julio de 1992), ambos innovadores radicales de sus respectivas disciplinas.


Cuando en 1950, conservadores recalcitrantes y hoy afortunadamente olvidados, —que lo consideraban «el asesino del tango»— decretaron que sus composiciones no eran tango, Piazzolla respondió con una nueva definición (1954) que le cerró las puertas de gran parte de la industria musical argentina:


Sí, lo que yo hago es música contemporánea de Buenos Aires. Sí, es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores que me atacan no lo entienden ni lo van a entender jamás. Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos. (http://www.youtube.com/watch?v=tPW0i-6MoY8&feature=related)


Con relación a Adriá (http://www.elbulli.com/), reconocido por la revista norteamericana Time “uno de los 10 personajes más innovadores del mundo” en el año 2004, me apetece referirme a la entrevista que le hizo Juan José Millás y que hace pocos días ha re-emitido Canal + (Conversaciones Secretas). En el programa explica sus casuales inicios y la manera en que su trabajo es fruto de las referencias culinarias de su entorno mediterráneo, del estudio previo de la nouvelle cuisine francesa, de su admiración por lo que en los años ochenta del siglo XX se llamó nueva cocina vasca (y en especial del trabajo de Juan Mari Arzak) y de una inquietud, curiosidad e investigación constante.


Al final del programa, después de visitar el mercado municipal de Roses (población donde se encuentra el restaurante), Millás y Adrià finalizan su recorrido en la plaza de Sant Pere, en la cafetería “La Sirena”, donde empezó la relación del cocinero con El Bulli y allí confiesa sus planes de futuro:


Vamos a seguir hasta 2020 de una manera diferente, más radical, los formatos van a ser cambiantes”. Adrià no quiere hablar de la palabra “cerrar”, simplemente afirma que “en 2012 no abriremos".


En cualquier caso, la búsqueda de la vanguardia es, cada vez estoy más convencido de ello, el único camino para alcanzar la supervivencia, la permanencia o la simple felicidad de quienes intentamos adornar de lenguaje artístico lo que es o pudiera ser, casi exclusivamente, producto del conocimiento de una técnica, el manejo talentoso de viejas o recientes referencias o el conocimiento previo de un amplio catálogo de trucos, guiños y sensaciones.


Luis Cercós (LC-Architects)

sábado, 4 de diciembre de 2010

35 bocados

Encuentro cierta relación entre la cocina y la arquitectura y así, de la misma manera que hay cocineros que mantienen una relación constante con la comida tradicional, existen arquitectos y promotores que no gustan o no quieren investigar, seguir avanzando o, simplemente, arriesgar.

En el lado opuesto algunos cocineros, apoyándose en los platos y los ingredientes de siempre, intentan encontrar sabores y sensaciones nuevas y/o sorprendentes.

Hablábamos mi socio y yo camino en uno de nuestros viajes de dirección de obra del menú de El Bulli, el restaurante de Ferrán Adrià, para muchos el mejor chef del mundo. No porque hayamos ido allí a comer, sino porque hemos leído con atención cosas que allí ocurren: 35 platos en el menú, 60 personas al servicio de 50 únicos comensales (http://www.youtube.com/watch?v=7DN14iCgshE).

A propósito de los 35 platos del menú (que no de la carta), los miembros de El Bulli no intentan otra cosa que servir tantas pequeñas sensaciones como bocados puede haber en una comida convencional. Con relación a los ingredientes tradicionales, simplemente recordar una magistral frase de este genio de la cocina:

Cuando cocinen ustedes, por ejemplo, una patata, …., simplemente pélenla, córtenla, trátenla, cocínenla, como si fuera la última patata del mundo.

Algo así como cuando modificamos una y otra vez nuestros humildes encargos, hasta encontrar el punto en que nuestro trabajo nos deje absolutamente, o al menos cerca, de nuestra propia crítica y satisfacción.

Luis Cercós (LC-Architects)
http://www.lc-architects.com/

sábado, 13 de noviembre de 2010

Francesc Altarriba, 46 años, panadero

El arte no es patrimonio exclusivo de las actividades tradicionalmente artísticas. O lo que es lo mismo, toda actividad humana puede ser susceptible de ser elevada a categoría artística si quien la ejerce lo hace desde la inteligencia y la pasión. Cada vez estoy más convencido de ello. Y sin no miren ustedes lo que dice sobre el hecho de fabricar pan un hombre sorprendente:

“Antes solo se hacía pan; el cruasán y la ensaimada eran de los pasteleros, otro estatus social, ellos trabajaban de día, nosotros de noche” (EL PAÍS, contraportada, 13 de noviembre de 2010).

Quizá no se hayan dado cuenta de la subversión, pero la frase es digna de un revolucionario. Cambien la profesión citada de “pasteleros” por cualquier otra con regulación gremial (arquitectos, médicos, abogados, notarios, registradores de la propiedad, ingenieros, actores, entrenadores de fútbol, farmacéuticos) y se darán cuenta de su verdadero impacto.

“¿Por qué el mismo pan para todos los miembros de una mesa?”

O lo que es lo mismo, ¿por qué todos debemos vivir en un piso de tamaño medio, esclavizados con una hipoteca media y ganando un salario medio?

“En un restaurante, si no tomo café, no lo pago, ¿por qué el pan si? Y si lo hago, ¿por qué no exijo que lo hagan al momento, como el café? Se puede hacer”.

Es decir, que si no quiero formar parte del sistema general de seguridad social, ¿podría yo elegir exclusivamente un seguro médico privado?, pongamos por caso.

“Vemos la estética hasta en la botella de agua, siempre en consonancia con el establecimiento. Encontramos la misma agua a cinco céntimos en la gasolinera y a cinco euros en el restaurante, lo único que cambia es el envoltorio y el sitio. Nunca pagaremos cinco euros por una botella de agua en una gasolinera, pero sí en el restaurante donde vas con tu pareja, donde todo lo que te rodea debe ser bonito, agradable, confortable, desde el menú a la vajilla. La excepción es el pan”.

A propósito de lo cual se me ocurre preguntar sobre las grandes multinacionales que fijan precios de venta europeos o norteamericanos a productos confeccionados en países subdesarrollados por personas mal pagadas y, muchas veces, explotadas (niños, incluso).

Lo dicho, todo un subversivo este panadero. ¡A la horca con él!

O eso, o un verdadero artista. Que no se sabe qué es peor.

Luis Cercós (LC-Architects)
http://www.lc-architects.com/