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lunes, 28 de octubre de 2013

Lou Reed, in Memóriam


Lewis Allen "Lou" Reed, nacido en Freeport, Long Island, New York el día 2 de marzo de 1942. Falleció ayer, 27 de octubre de 2013.

Hoy, el escritor Ray Loriga, escribe un hermoso artículo en El País. Su título, "magia y pérdida". Y nos recuerda una frase del músico que indica el inicio de lo que debió de ser su salida de casa, su salida de Ítaca:

Cuando creces en un pueblo pequeño, te pones muy nervioso, y piensas: aquí nunca ha nacido nadie famoso.

jueves, 8 de agosto de 2013

Como Ulises. Javier Krahe.


Un genio: Javier Krahe, "Como Ulises"

No sé cual es más bella,
si
la mar, la vela o la estrella,
y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

Yo, como Ulises, he sido
de Penélope el marido,
y me alejé de esa joya
por unirme a Agamenón,
que iba a la guerra de Troya,
me pedía el cuerpo acción.

Y tuve acción, tuve guerra,
ríos de sangre por tierra,
y, entre hecatombes y vino,
Aquiles, casi divino.
Y el mejor de mis engaños:
un caballo de madera.
Y Aquiles que desespera
y muere. Fueron diez años.

Y me volví para casa,
pues de Ítaca el rumbo,
y ya sabéis lo que pasa,
dando un tumbo y otro tumbo.
Y, ¿qué queréis que uno haga?
Si al primer tumbo me tumbo
en el lecho de una maga?

Baste deciros que tanto
de Calipso fue el encanto
que me acosté en aquel lecho
un par de años, quizá tres,
y siempre esta desecho.
Pero el tiempo es como es.

Y rompe el encanto un día.
Y sigues tu travesía,
resistes a duras penas
cánticos de las sirenas,
y visitas el infierno
donde Aquiles y tu madre,
aunque Cerbero les ladre,
tienen frío y es eterno.

Y otra vez de vuelta a casa,
otra vez de Ítaca al rumbo,
y ya sabéis lo que pasa:
doy un tumbo y otro tumbo
y, otra vez mi suerte aciaga,
y, esta vez casi sucumbo
en el lecho de otra maga.

Circe de turbio recuerdo
me quería para cerdo.
Lo fueron mis camaradas,
a mí me salvó algún dios.
Y le afeé sus cerdadas:
que te zurzan, Circe, adiós.

Y, al mar, me dicta mi instinto,
al mar, que es un laberinto.
Y sopla un viento contrario
y doy con un sanguinario
cíclope vil, Polifemo.
Aunque me tuvo a su antojo
era un borracho y un memo.
Le clavé un palo en el ojo.

Nadie, gritaba, me ciega,
Nadie, gritaba acusica.
Con Poseidón no se juega
y naufrago hacia Nausicaa,
linda princesa feacia,
a quién traté en plan colega
con extrema diplomacia.

Y me alojé en el palacio
de su padre, el rey feacio,
y me contaron mi historia
sin saber que yo era yo,
y en un momento de euforia
mi gloria me descubrió:

Señores, sí, soy Ulises,
vuelvo de muchos países,
debo seguir navegando,
Ítaca me está esperando.
Me ofrecieron un navío
y remeros, los mejores.
Y zarpé hacia mis amores,
mi Penélope y el crío.

Ítaca al fin, veinte años,
Ítaca al fin, no son nada,
unos cuantos desengaños
y es el mar agua pasada.
Me disfracé de mendigo:
vi a Penélope casada
con un antiguo enemigo.

Ahora soy un ex marido
y en ex padre, y he sabido
que guardó un tiempo mi ausencia
bordando que era un primor,
que se agotó su paciencia,
que rompió su bastidor.

En uno de sus repentes
y a uno de los pretendientes
parece ser que le dijo:
padre serás de mi hijo
y tendremos otros varios,
Ulises, si es que regresa,
se llevará un sorpresa,
me lo dictan mis ovarios.

Y ahora, perdido mi rumbo,
ahora voy adonde sea,
un tumbo doy y otro tumbo
y prosigo mi odisea
en otras tristes canciones.
Sólo Hermes y Atenea
comparten mis libaciones.

No sé cual es más bella,
si
la mar, la vela o la estrella,
y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

Ítaca. Serrat. Gira 100 x 100


Teatro Gran Rex. Buenos Aires. Argentina. Noviembre de 2008.

Ítaca, Serrat, Gran Rex, Buenos Aires


Ese día estábamos allí, en Buenos Aires. A los dos días nació la menor de mis hijas. Ítaca, Joan Manuel Serrat. Teatro Gran Rex. Noviembre de 2008. Buenos Aires. Argentina.

Viaje a Ítaca, la pequeña isla de la que era rey Ulises. La Odisea.

No me sé de memoria el poema. Siempre lo recito, más o menos así:

Cuando emprendas el regreso a Ítaca
cuida que el viaje sea largo,
rico en experiencias,
rico en aventuras,
ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón has de temer.

...

Visita los mercados fenicios,
acude a las ciudades egipcias,
aprende, aprende de sus sabios,
más no hagas deprisa tu viaje, ...

Ítaca te regalo un hermoso viaje,
después de tantos experiencias,
viejo y cansado,
entenderás que significan TODAS las Ítacas.

Ítaca (en portugués, subtítulos en italiano)


Ítaca. Madredeus. Portugués con subtítulos en italiano.

Ítaca (en español)


Ítaca, en la voz de Ismael Serrano.

Ítaca (en inglés)


Ítaca, el poema de Kavafis, en la magnifica voz de Sean Connery. Con música de Vangelis.

viernes, 5 de julio de 2013

¿Dónde está Ítaca?


Todavía retumbaban en su cabeza los gritos desesperanzados de quien no había podido superar la injusta frontera y ya se encontraba de nuevo a pocas horas de volver a la supuesta Ítaca. ¿Dónde estaba su hogar? No lo sabía. Acá tenía un presente. Allá un pasado cada vez más lejano. No estaba triste, quizá desorientado. ¿Pudiera ser que tomase el avión equivocado? ¿Por qué no había sido capaz de alcanzar el puerto previsto? 

No estaba seguro de casi nada. Nuevamente su mujer le echaría las culpas de su cambio de opinión y recíprocamente él volvería a pensar que ella, con su extraño y distante comportamiento, era realmente la indecisa. Ninguno se atrevía o ninguno quería dar el paso definitivo, pero cada vez estaban más lejos. Se amaban sin embargo. Eso era evidente. Habían tenido una hermosa relación. Mucho más hermosa de lo que ambos hubieran nunca imaginado. ¿Por qué motivo o en qué momento se empezó a quebrar si es que eso era realmente lo que ocurría?

Sentía ganas de hacer la maleta y huir. Absurdo, pues le quedaban muy pocas horas para tomar un avión que les alejaría 5 husos horarios y 10 millares de kilómetros. Abandonar el húmedo y frio invierno para aterrizar mañana en un verano que recién amanecía. En cierto modo ambos serían libres otra vez. No para flirtear sino simplemente para leer, comprar o laburar sin tener que dar explicaciones a nadie. Caminar cada uno por su ciudad y respirar cada uno el aire viciado que conocían desde niños.

Estaban los hijos, sí, pero en eso, al menos él, era un absoluto desastre. Pensaba en todo eso mientras miraba la televisión sin atender a nada de lo que vomitaba el receptor.
Tenía la cabeza en otro lado, a solo dos segundos de él. 

Cuando comprendió eso se levantó, apagó el televisor y cruzó los tres metros que le separaban del cuerpo dormido y desnudo que más amaba. Se metió en la cama y la abrazó. Ella protestó un poco, pero se dejó acomodar.


Y mientras sus ojos lentamente se cerraban pensó que allí es donde mejor se sentía. Al lado de ese corazón y junto a la piel que mejor conocía. 

Luis Cercós, "Cruzando el Océano", 2011.