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lunes, 27 de abril de 2026

Restauración, transformación y un poco de transgresión (Buenos Aires, 2012)






En 2012 me presenté, junto a varios colegas argentinos, a un concurso nacional de ideas para la nueva imagen de la fachada y la remodelación del hall de acceso de la Cámara Argentina de la Construcción, en Buenos Aires. El edificio era, y es, una obra de Clorindo Testa, y el maestro estaba todavía vivo. Aquella circunstancia hacía que la operación fuese especialmente delicada, porque intervenir sobre la obra de un arquitecto vivo no permite refugiarse cómodamente en la coartada del patrimonio. Nuestra propuesta cuestionaba qué significa respetar una obra cuando su propio autor había construido toda una trayectoria desde el riesgo, la experimentación, la libertad formal y una cierta desobediencia frente a cualquier idea solemne de la arquitectura.

No quisimos plantear una reparación convencional del edificio, ni devolverlo a una imagen supuestamente original, como si el tiempo no hubiera pasado. La memoria que presentamos llevaba un título que todavía hoy me parece bastante exacto: Restauración, transformación y un poco de transgresión.

El edificio había cambiado, como cambian muchos edificios. La planta del anteproyecto de 1951 apenas se reconocía ya en el hall existente. El patio inicial había desaparecido. El acceso se había llenado de objetos, falsos techos, señaléticas, muebles y soluciones parciales que producían ruido más que memoria. Nuestra primera operación era, por tanto, de sustracción: quitar, limpiar, despejar, recuperar una cierta inteligencia espacial. Después proponíamos una acción más arriesgada: reintroducir un patio, desmontar una escalera que ya casi no llevaba a ninguna parte, ordenar los accesos, separar con claridad los usos, y envolver el edificio con una malla metálica que actuara a la vez como protección solar, segunda piel, capa de sacrificio y gesto urbano.

Vista hoy, la propuesta me sigue interesando porque no intentaba congelar a Testa sino conversar con él. Su obra, desde el Banco de Londres hasta la Biblioteca Nacional, asumió siempre la posibilidad de la fricción, de la materia expresiva, del edificio como organismo urbano más que como objeto clausurado. Por eso nos parecía que el modo más respetuoso de intervenir en aquel edificio era permitirle una metamorfosis. La malla que descendía por la fachada, atravesaba la recova y se introducía en el hall convertía el umbral en un territorio de frontera entre lo público y lo privado, entre la ciudad y la institución, entre la piel heredada y una nueva lectura posible.

No ganamos el concurso. Hoy, al revisar estas imágenes, reconozco en ellas una libertad que todavía me importa. También veo sus excesos, naturalmente, pero no los miro con distancia irónica. Los miro con gratitud. Porque allí ya estaba mi preocupación por los edificios que han cambiado sin darse cuenta, por las obras modernas que envejecen mal cuando se las obliga a permanecer idénticas, por la necesidad de intervenir sin miedo, pero también sin arrogancia.

Louis CERCOS, París, abril 2026.

lunes, 23 de diciembre de 2024

A propósito de lo imperfecto (I)


Lo roto, lo imperfecto y la restauración de arquitectura como reflejo de una posición ante la vida

En mi experiencia como conservador de patrimonios y profesor de la disciplina, siempre me ha fascinado el valor de lo incompleto, lo imperfecto y lo inacabado. En un mundo que a menudo persigue lo perfecto y definitivo, creo que es importante reflexionar sobre lo que dejamos abierto, ya que muchas veces es ahí donde reside la verdadera riqueza.

Comparto tres ideas que han marcado mi forma de pensar:

1️⃣ Alfred Sohn-Rethel y el "ideal de lo roto": Este filósofo defiende que la ruptura y la imperfección pueden ser poderosas fuentes de creatividad y reflexión. Frente a una sociedad obsesionada con lo perfecto, ¿por qué no valorar la belleza de lo incompleto?

2️⃣ Álvaro Siza: El gran arquitecto portugués criticaba la obsesión contemporánea por finalizarlo todo, ya que esto impide que los edificios y ciudades se conecten con el tejido humano. En 2010, decidí dejar deliberadamente algunos elementos "sin terminar" en tres proyectos de restauración en los que trabajé: una iglesia del XVII en Talavera de la Reina, un Monasterio en La Rioja y un centro audiovisual en La Solana (Ciudad Real). Estas decisiones buscaban respetar la memoria del lugar y mantener un diálogo entre lo nuevo y lo antiguo.

3️⃣ Clorindo Testa: Este maestro argentino defendía que los detalles técnicos no deberían dominar nuestra percepción de la arquitectura. Comparaba los pequeños errores a faltas de ortografía, diciendo que corregirlos es "tarea de pedantes, no de gente ingeniosa". Para él, lo importante era la idea global de la obra, y aceptaba que la perfección no siempre es necesaria para alcanzar la grandeza.

Mi reflexión: Tanto en la arquitectura como en la vida, lo inacabado nos invita a seguir creando, pensando y evolucionando. Abandonar la obsesión por lo perfecto nos permite conectar con el pasado, el presente y el futuro de forma más auténtica.

¿Qué pensáis? ¿Es necesario buscar siempre la perfección? ¿Qué lugar tienen la imperfección y lo inacabado en el legado cultural y en nuestro día a día?

LC, París, diciembre 2024.

jueves, 11 de abril de 2013

Triste Noticia

Maestro, descanse en paz.

Clorindo Testa (Nápoles, 1923 - Buenos Aires, 2013)


Adiós Maestro. In Memóriam.

Caminando por Buenos Aires me sorprendió un día encontrar un edificio magnífico. Le pregunté a la mujer que me trajo a Argentina (madre que siempre será de la más chiquita de mis hijas) y ella me dijo que era la Biblioteca Nacional. Una obra maestra. Luego supe que era de Clorindo Testa, de quien inexplicablemente nunca había oído hablar en Europa. Nacido en Nápoles, Italia, en 1923, Clorindo Testa vive en Buenos Aires desde sus primeros meses. Se recibió arquitecto en la Universidad Nacional de Buenos Aires (la UBA) en 1948. Integrado rápidamente en la Oficina del Plan Regulador de la Ciudad. Posteriormente viajó a Italia y, desde su regreso en 1952, compagina la arquitectura con la pintura. Por aquel entonces gana su primer concurso -asociado a los arquitectos Dabinovic, Gaido y Rossi-: el anteproyecto para la sede de la Cámara Argentina de la Construcción. Autor del magnífico ex Banco de Londres y América del Sur, es miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes. En 1998 es seleccionado finalista del Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Latinoamericana por el Auditorio de la Paz.

Ya he comentado en alguna parte de este blog que me identifico con Siza en el cuestionamiento de la necesidad de terminar todo completa y perfectamente. Hay un enlace en el margen derecho de este blog que hace referencia a las palabras del maestro. Me ha alegrado encontrar unos declaraciones de Testa en el mismo sentido. Procede la transcripción del libro "Señores Arquitectos ... diálogos con Mario Roberto Álvarez y Clorindo Testa" (Ana de Brea y Tomás Dagnino, ediciones UBROC, 1999, página 38):

- Clorindo, yo le escuché decir en una charla que usted no le prestaba demasiada importancia a los detalles. Recuerdo algo así como que le importaba más la idea global, que los detalles eran como una suerte de faltas de ortografía, que si bien no debía escribirse con faltas de ortografía, éstas podían corregirse, que no era lo principal, refirió Ana de Brea, tal vez asociando aquello de Mies acerca de que "Dios está en los detalles". 

Responde Clorindo (magnífico):

Lo de las faltas de ortografía es de una traducción del libro "El Criticón", que encontré en la casa de mi abuelo en París, del 1600; era un italiano que había traducido El Criticón a su idioma. Se ve que el tipo era muy inteligente, refinado. Y en el prólogo decía que se había puesto a traducir este libro sin tener la menor idea del español, no lo conocía. Lo había traducido porque una señora le había dicho que lo leería si él lo traducía, entonces para él fue como una orden. Y en el prólogo decía que las cosas aburridas del libro las había dejado de lado, que había cambiado los nombres de los personajes porque el italiano no conocía esos nombres españoles, y otras cosas por el estilo; pero también decía sobre el final que los errores de ortografía, que eran fruto de la impaciencia y del apuro, le daba vergüenza decir que se corrigieran, porque esa era tarea de pedantes y no de gente ingeniosa. Es como los que de repente ven una obra y comentan: "Mirá el zócalo qué mal resuelto está". En realidad, dentro de la arquitectura clásica te encontrás con cosas espantosas, con ángulos que no están bien, pero no hacen a la apreciación total que vos tenés de la obra. 

Y yo, maestro, estoy completamente de acuerdo con usted.

Luis Cercós (LC-Architects)
Madrid - Buenos Aires - Santiago de Chile

jueves, 28 de febrero de 2013

Argentina en la Bienal de Venecia



Desde que el año pasado, la República Argentina alquilase durante los próximos 20 años un pabellón propio para la Bienal de Venecia (para muchos el evento artístico más importante del mundo), su contenido es un asunto de Estado donde la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, tiene la última palabra.

El plazo para que cada país presente su proyecto está por cumplirse (primeros días de marzo) y aún no se ha dado a conocer el proyecto argentino pero ha trascendido que pudiera tratarse de la obra reciente del artista Nicola Costantino, que tiene una nueva serie de obras "donde se transforma en Evita", o una exposición colectiva de artistas argentinos contemporáneos de distintas generaciones, o uno de los proyectos realizados en la Antártida de la artista multimedia Andrea Juan.

La decisión se tomará en Cancilleria, con el asesoramiento de un grupo de expertos convocados por Magdalena Faillace, entre los que se encuentran, entre otros, Jacobo Fiterman (director de la Fundación Alon), Guillermo Alonso (director del Museo Nacional de Bellas Artes), Adriana Rosenberg (directora de la Fundación Proa), la filósofa Rosa María Ravera, el arquitecto Clorindo Testa, la historiadora del arte Ana Longoni, Mauro Herlitzka (ex director de arte-BA) y la curadora Victoria Noorthoorn.

El año pasado (2012), el Estado argentino alquiló un gran pabellón pegado a los Giardini, de 500 m2, que fue restaurador para la ocasión.


martes, 19 de junio de 2012

a PROPósito DE FALTAS de ORTOgrafía





Caminando por Buenos Aires me sorprendió un día encontrar un edificio magnífico. Le pregunté a mi mujer y me dijo que era la Biblioteca Nacional. Una obra maestra. Luego supe que era de Clorindo Testa, de quien inexplicablemente nunca había oído hablar en Europa. Nacido en Nápoles, Italia, en 1923, Clorindo Testa vive en Buenos Aires desde sus primeros meses. Se recibió arquitecto en la Universidad Nacional de Buenos Aires (la UBA) en 1948. Integrado rápidamente en la Oficina del Plan Regulador de la Ciudad. Posteriormente viajó a Italia y, desde su regreso en 1952, compagina la arquitectura con la pintura. Por aquel entonces gana su primer concurso -asociado a los arquitectos Dabinovic, Gaido y Rossi-: el anteproyecto para la sede de la Cámara Argentina de la Construcción. Autor del magnífico ex Banco de Londres y América del Sur, es miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes. En 1998 es seleccionado finalista del Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Latinoamericana por el Auditorio de la Paz.

Ya he comentado en alguna parte de este blog que me identifico con Siza en el cuestionamiento de la necesidad de terminar todo completa y perfectamente. Hay un enlace en el margen derecho de este blog que hace referencia a las palabras del maestro. Me ha alegrado encontrar unos declaraciones de Testa en el mismo sentido. Procede la transcripción del libro "Señores Arquitectos ... diálogos con Mario Roberto Álvarez y Clorindo Testa" (Ana de Brea y Tomás Dagnino, ediciones UBROC, 1999, página 38):

- Clorindo, yo le escuché decir en una charla que usted no le prestaba demasiada importancia a los detalles. Recuerdo algo así como que le importaba más la idea global, que los detalles eran como una suerte de faltas de ortografía, que si bien no debía escribirse con faltas de ortografía, éstas podían corregirse, que no era lo principal, refirió Ana de Brea, tal vez asociando aquello de Mies acerca de que "Dios está en los detalles". 

Responde Clorindo (magnífico):

Lo de las faltas de ortografía es de una traducción del libro "El Criticón", que encontré en la casa de mi abuelo en París, del 1600; era un italiano que había traducido El Criticón a su idioma. Se ve que el tipo era muy inteligente, refinado. Y en el prólogo decía que se había puesto a traducir este libro sin tener la menor idea del español, no lo conocía. Lo había traducido porque una señora le había dicho que lo leería si él lo traducía, entonces para él fue como una orden. Y en el prólogo decía que las cosas aburridas del libro las había dejado de lado, que había cambiado los nombres de los personajes porque el italiano no conocía esos nombres españoles, y otras cosas por el estilo; pero también decía sobre el final que los errores de ortografía, que eran fruto de la impaciencia y del apuro, le daba vergüenza decir que se corrigieran, porque esa era tarea de pedantes y no de gente ingeniosa. Es como los que de repente ven una obra y comentan: "Mirá el zócalo qué mal resuelto está". En realidad, dentro de la arquitectura clásica te encontrás con cosas espantosas, con ángulos que no están bien, pero no hacen a la apreciación total que vos tenés de la obra. 

Y yo, maestro, estoy completamente de acuerdo con usted.

Luis Cercós (LC-Architects)
Madrid - Buenos Aires - Santiago de Chile