sábado, 23 de mayo de 2026
Refugio para un hombre desnudo (LC, noviembre 2007)
En 2007 escribí un pequeño cuento autobiográfico titulado Refugio para un hombre desnudo. Entonces aún no sabía que la crisis económica de 2008 estaba a punto de cambiar mi vida profesional de una manera mucho más profunda de lo que yo podía imaginar.
El relato hablaba de un hombre que no huía exactamente de una derrota, sino de una forma de vida que comenzaba a parecerle demasiado llena de encargos, compromisos, ropa, agendas, viajes, clientes, obligaciones y representaciones. Primero empezó a comer menos. Después redujo su armario a dos unidades de cada prenda. Más tarde tachó de su agenda los teléfonos que pertenecían ya a sendas agotadas. Finalmente tomó el coche y llegó a una parcela en venta donde imaginó un refugio pequeño, esencial, casi desnudo.
Visto desde hoy, aquel cuento me conmueve porque el hombre que lo escribió todavía creía que estaba eligiendo desprenderse de lo accesorio. No sabía que, poco después, la realidad lo despojaría con mucha más violencia. La crisis de 2008 no fue solo una crisis económica; fue también una crisis de biografías profesionales, de instituciones aparentemente sólidas, de carreras que parecían encarriladas y de certezas que se revelaron mucho más frágiles de lo que habíamos querido aceptar.
Aquel hombre pensaba que necesitaba una casa pequeña. En realidad necesitaba una distancia. Pensaba que buscaba un final. Estaba preparando, sin saberlo, una oportunidad.
Las crisis no son buenas en sí mismas. No conviene romantizarlas. Destruyen proyectos, empresas, seguridades y vidas enteras. Pero, a veces, cuando ya han hecho su trabajo de demolición, dejan a la vista una estructura más profunda. En mi caso, la crisis interrumpió una trayectoria que parecía razonablemente exitosa en España, me obligó a desplazarme, a reconstruirme, a trabajar en otros países, a aprender otras lenguas y a entender mi oficio desde una perspectiva menos inmediata y más intelectual. Hoy comprendo que aquel refugio no era solo una casa. Era una intuición. Era el primer dibujo de una vida posterior. Una vida menos apoyada en el éxito aparente y más fundada en el trabajo real, en la escritura, en la restauración, en la docencia, en la reflexión y en la lenta construcción de una teoría propia.
A veces uno cree que está perdiendo su lugar en el mundo, cuando en realidad está empezando a abandonar el lugar que ya no podía contenerlo.
Louis CERCOS, París, mayo de 2026.
miércoles, 1 de abril de 2026
La Bibliothèque de Monsieur.
Il y a dans ce paradoxe quelque chose de profondément émouvant, parce qu’il touche à une vérité que les grandes #bibliothèques connaissent souvent à leur origine : elles naissent d’une passion si forte qu’elle déborde les limites ordinaires de la prudence. Les grandes bibliothèques sont faites d’obsessions et de cette forme de folie calme qui pousse certains hommes à préférer leur bibliothèque à leur propre repos.
Antoine-René de Voyer de Paulmy d’Argenson appartient à cette espèce rare d’hommes que les livres ne distraient pas seulement, n’instruisent pas seulement, mais finissent par gouverner. À l’Arsenal, où il s’installe et déploie peu à peu son univers, il rassemble, année après année, une collection immense, comme si aucun savoir ne pouvait être tenu pour négligeable dès lors qu’il pouvait encore être sauvé de l’oubli ou de l’indifférence. Il ne collectionne pas seulement des livres. Il accumule des traces, des mémoires, des fragments du monde. Une bibliothèque de cette nature devient une destinée.
En 1785, le comte d’Artois, frère de Louis XVI et futur Charles X, achète l’ensemble de la bibliothèque. Il y a, dans cet acte, la conscience qu’une telle collection mérite d’être préservée, et peut-être aussi le sentiment qu’il faut secourir, sans l’humilier, l’homme qui s’est consumé à la constituer. Paulmy vend donc sa bibliothèque, mais il en conserve l’usufruit jusqu’à sa mort. Elle devient alors la Bibliothèque de Monsieur.
Mais c’est précisément ici que commence le plus beau. Car Paulmy, une fois la collection mise à l’abri, continue à enrichir sa bibliothèque avec la même incapacité à considérer l’œuvre comme achevée. Comme si la vente n’avait été qu’un moyen de prolonger la passion. Comme si cette bibliothèque n’avait jamais été autant à lui que depuis qu’elle n’était déjà plus juridiquement la sienne.
C’est pourquoi l’histoire de la Bibliothèque de Monsieur me touche tant. Elle dit ce qu’est, au fond, une bibliothèque : une construction morale, presque une architecture intérieure, élevée contre l’effacement. Elle montre qu’une bibliothèque importante naît souvent d’un déséquilibre fécond : trop d’amour pour les livres, trop de confiance dans la nécessité de transmettre. Et ce “trop”, lorsqu’il rencontre une forme de protection politique, peut devenir un bien commun.
La Bibliothèque de Monsieur porte ainsi un nom très juste : celui par lequel une ferveur individuelle, presque maladive, commence à se transformer en héritage collectif.
Une grande bibliothèque naît-elle toujours ainsi : d’un homme qui aime trop les livres pour consentir à les garder seulement pour lui.
Louis CERCOS, Paris, 1er avril 2026.
martes, 3 de febrero de 2026
Sobre la inmortalidad de los restauradores
«Quien no lee, a los setenta años habrá vivido una sola vida. Quien lee habrá vivido cinco mil años: estaba allí cuando Caín mató a Abel, cuando Renzo se casó con Lucía, cuando Leopardi admiraba el infinito… La lectura es una inmortalidad hacia atrás.». Umberto Eco (1932-2016).
Mi relación con la historia de la arquitectura no se ha construido únicamente a través de tratados, archivos o aulas universitarias, sino a partir de una experiencia física y prolongada con los edificios.
Una cronología personal que comienza en el mundo románico. Allí no hay retórica, solo gravedad, espesor y una luz escasa; una arquitectura emocionante, directa y generalmente austera.
Avanzando en el tiempo, el gótico aparece no como ruptura estilística, sino como perfeccionamiento técnico y organizativo, la arquitectura ya no es solo masa, sino esqueleto; ya no solo soporte, sino sistema.
Más tarde, sumergido en el mundo monástico y humanista, la historia de la construcción se entrelaza con aventuras intelectuales, y uno comprende que conservar un edificio es también conservar las condiciones materiales que hicieron posible una cultura.
En Yuste, mi experiencia y conciencia se intensificó. Trabajar allí me permitió convivir intelectualmente con Carlos V en su retiro final, con Felipe II como heredero político y cultural, con Juanelo Turriano como encarnación del ingenio técnico del Renacimiento, y con los monjes jerónimos que habitaron el lugar. Indirectamente con José de Sigüenza, cronista lúcido, bibliotecario y consejero real.
El paso a Francia amplía el marco temporal y conceptual. En Briançon, frente a las fortificaciones de Vauban, el siglo XVII se manifiesta como sistema, ciencia, estrategia y política al mismo tiempo.
En el castillo de Courpalay, última residencia del general La Fayette, la arquitectura del Antiguo Régimen se enfrenta a la modernidad política del XVIII. Restaurar ahí es trabajar sobre una arquitectura atravesada por la Revolución.
El siglo XIX introduce una transformación radical, dialogar con Camille Polonceau, Eugène Flachat y Gustave Eiffel me supuso entrar en el nacimiento de la ingeniería moderna, donde cálculo, industria y arquitectura se separan y se reencuentran.
El siglo XX me acerca a otra figura decisiva: Jean Prouvé, la ética del constructor moderno, del ingeniero-artesano, del diseñador que entiende la arquitectura como sistema desmontable, reversible y honesto.
Mirada así, la historia de la arquitectura deja de ser una secuencia de estilos para convertirse en una cadena de decisiones humanas. Ahí reside, creo, una forma particular de inmortalidad.
Luis Cercos, París, febrero 2026.
martes, 6 de agosto de 2024
El Amortal
viernes, 3 de diciembre de 2021
Joan Manuel Serrat
Sin lugar a dudas, Joan Manuel Serrat es el cantautor, el poeta, el juglar, el músico más importante de mi vida. Muy probablemente, lo es también para muchos otros hispanohablantes. Se retirará en Barcelona en la víspera de NocheBuena del año 2022. Empezó a cantar y a contar cosas en 1965, el año en el que yo nací y de él era el primer disco que yo pude comprarme con mi propio dinero, allá por 1981. Todavía lo conservo, en una caja de madera, un recopilatorio de sus primeros años de carrera, que hoy está en mi casa en Francia. Sonó Serrat en la víspera del nacimiento de Giuliana, la menor de mis hijas, en un concierto memorable en la sala Gran Rex de Buenos Aires, junto a Mariela, junto a mi suegra -que marchó hace un par de años- y junto a nuestra querida tía Chiquita. En aquella ocasión, el maestro recitó un poema de Cavafis, ítaca, muy importante en mi vida también. Sonó Serrat también en la mañana del día siguiente al que conocí a Mariela, en la habitación de su hotel madrileño, mientras ella desayunaba, y aquella canción, Hoy puede ser un gran día, la animó a llamarme y a verme de nuevo. Y aquí seguimos, ella y yo, haciendo camino al andar.
La carrera de Serrat no puede resumirse en un puñado de canciones, pero Mediterráneo es el lugar de dónde vengo y el lugar que me define; Paraules d'amor, la lengua de mi padre, a quien quizá nunca llegué a conocer completamente; La Saeta, recuerdos de la España de mi infancia, entre curas y supersticiones, de lo que hoy estoy alejado en la medida de lo posible, pero que también me forjó; La mujer que yo quiero, cuyo nombre me sabe a yerba, es el estado en el que ahora vivo y en el estado en el que quiero morir; Para la libertad, los sueños de esa España de los 70, que viví siendo aún un niño, y que comprendí durante mi juventud; Fiesta, el recuerdo de mis veranos en Alginet, el pueblo de Valencia en el que están mis raíces paternas; Las nanas de la Cebolla, que siempre me llevan a un minúsculo pueblo de Guadalajara, en la Castilla pobre, de donde salieron a servir, siendo todavía muy jovénes, mi abuela y sus cuatro hermanas, porque apenas había para comer; el Sur también existe, el disco que me entronca con Uruguay y con Benedetti, la tierra de mis suegros, al otro lado del Mar; Juan y José, la canción que siempre me evoca a mi querido amigo Jesús, compañero de estudios y de profesión; Cada loco con su tema, así soy casi siempre, ecléptico y desordenado, un poco caótico; De vez en cuando la vida, ... lo sé por experiencia propia; Tío Alberto, metáfora del país en el que hoy vivo y trabajo; ... y tantas y tantas otras cosas, otras canciones, tantos recuerdos.
Bonne continuation mon cher Joan Manuel.
miércoles, 5 de febrero de 2020
George Steiner, 1929-2020
“Quienes se sumergen a grandes profundidades cuentan que, llegados a cierto punto, el cerebro humano se ve poseído por la ilusión de que es de nuevo posible la respiración natural. Cuando esto ocurre, el buzo se quita la escafandra y se ahoga”.
Fragmento de "Presencias reales", George Steiner, 1991.
viernes, 29 de enero de 2016
Luis Buñuel (1900-1983)
Antes de morir, Luis Buñuel manifestó cuál era su ideal de futuro: levantarse de la tumba cada 10 años, comprar el periódico, enterarse de los últimos chismes, tomarse un martini y volver a la tumba hasta la última salida. Buñuel murió en 1983, ...
Extracto de la columna de Manuel Vicent, EL PAÍS, 24 de enero de 2016.
lunes, 21 de diciembre de 2015
El último
El veterano de guerra Konstantin Pronin de Bielorrusia el 9 de mayo de 2011, con 86 años, sentado en un banco esperando a sus camaradas en el parque Gorky de Moscú. Aquel día ninguno de sus camaradas llegó.
viernes, 21 de agosto de 2015
Palabras
Palabras bonitas: lo más auténtico y profundo de mí es la lengua que hablo, el español, la que aprendí de mis padres, la lengua en la que sufrí, amé, pedí, besé, ... la lengua de mis ancestros: los viejos de los viejos de los viejos de los viejos de mis viejos. Ahora es mi forma de vida. Un ejercicio que pido a mis alumnos consiste en "cazar" palabras. También les pido que se dejen conquistar posteriormente por ellas: epopeya, vulva, libélula, susurro, metáfora, melancolía, ámbar, utopía, intuición, barlovento, barbuquejo, catamarán, acariciar, quilombo, zafar, labrador, suspiro, esperanza, chocolate, amanecer, aurora, cariño, armonía, burbuja, concordia, vorágine, anacardo, mozárabe, almanaque, reversible, sonámbulo, armiño, nomeolvides (flor que es de la raspilla), raspilla también, vos, amamantar, efímero, telaraña, titiritero (alehop, de pueblo en pueblo), Mediterráneo, Guadalquivir, sobrevivir, crepúsculo, ... ¡azúcar!, brisa, camarón. Son mías, son gratis, son hermosas, son para mis hijas, para mi mujer, también para mis amigos. Son de mis alumnos. Son de todos. Os las regalo. Y os pido, a quienes habéis llegado hasta aquí, también vuestras palabras. Por favor.
miércoles, 6 de mayo de 2015
Buenos Aires, Argentina
Soy esposo y padre de porteñas. Buenos Aires es una linda ciudad. Pero más allá de los lugares, yo creo que están las sensaciones: el bullicio, el eclecticismo, la pasión, la manera de andar y de hablar de sus gentes, el sabor de sus desayunos, la cerveza con los amigos, el asado de los domingos, la tonada, los besos entre los hombres -algo así como formar parte de la "familia" (y quien haya visto El Padrino sabe a lo que me refiero), los diminutivos, los apelativos cariñosos, el lunfardo, el caos organizado y el orden arbitrario, el pasado común de todos los porteños -sus abuelos, sus bisabuelos, llegaran de donde llegaran y fueran de donde fueran-, el río de la Plata, los extremos que se atraen, la bipolaridad, ... las conversaciones de los tacheros, los vendedores ambulantes, la viveza criolla, el dulce de leche -hasta el exceso, pero no importa-, ... Una experiencia. Buenos Aires es sobre todo una forma de ser y de sentir. Difícil de amar, imposible de no amar, un lugar para añorar. Una ciudad generosa y abierta. Ciudad sin ley, pero llena de códigos. Hay que ir. Al menos una vez en la vida.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983)
Aunque compro EPS todos los fines de semana (EPS - El País Semanal, suplemento dominical del diario El País) no había reparado en ella -tiene una columna semanal- hasta el pasado lunes, cuando me lleve la revista a mi viaje casi diario para buscar a mi hijo a la salida del colegio. El trayecto dura más de una hora -entre la ida y la vuelta-. En letras negras sobre fondo blanco un párrafo mágico:
Hoy -nuestro último día de vacaciones- paseábamos junto al río Hudson con unos amigos, cuando en el cielo apareció uno de esos letreros de humo que va soltando un avión. Mi hija fue la primera en detectar las letras de la publicidad aérea.
En las un par de frases anteriores, la escritora mexicana nos había explicado que su hija todavía no sabe leer.
(La niña) alzó la vista, se le iluminó la cara y nos dijo: "miren una nube con forma de cuento".














