lunes, 10 de agosto de 2026

De la restauración a otras formas de transmisión: la Bpi


Durante años pensé que el centro de mi actividad profesional era la restauración de arquitecturas. Cuando ingresé en 2021 en la Bpi • Bibliothèque publique d'information llegué, naturalmente, con esa mirada. Durante los primeros tiempos observé la biblioteca como arquitecto-restaurador: sus espacios, sus circulaciones, la luz, el mobiliario, los materiales, las colecciones y las formas mediante las cuales los lectores ocupaban el edificio. Poco a poco comprendí, sin embargo, que una biblioteca desborda necesariamente la arquitectura. Todo cuanto existe en ella está dispuesto para que pueda producirse el encuentro entre una persona y un conocimiento que existía desde mucho antes. Fue entonces cuando comprendí que mi llegada a la Bpi no había supuesto realmente abandonar la restauración, sino que había ampliado su objeto.


La Bpi no es una biblioteca patrimonial en el sentido tradicional. No tiene como misión principal conservar indefinidamente manuscritos, incunables o ejemplares excepcionales. Es una biblioteca enciclopédica, contemporánea, abierta y en permanente actualización. Sus colecciones cambian porque cambia el conocimiento. Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que también ella custodia un patrimonio extraordinario porque conserva algo que no puede identificarse con ninguno de los objetos depositados en sus estanterías: la posibilidad de acceder, en su conjunto, a una muestra relevante del patrimonio intelectual de la humanidad.

Esta idea ha cambiado también mi manera de comprender el patrimonio. Patrimonializar no significa inmovilizar aquello que recibimos. Una institución puede ser patrimonial cuando asume la responsabilidad de mantener activa una herencia y hacer posible que aquello que una generación recibió pueda ser comprendido, utilizado, discutido y transformado por la siguiente. Después de cinco años en la Bpi empiezo a comprender que este puede ser el verdadero hilo conductor de mi trayectoria.

Durante décadas trabajé para que los edificios siguieran transmitiendo cosas. Hoy trabajo en una institución que permite que continúen hablando quienes pensaron, escribieron, investigaron, imaginaron y discutieron el mundo antes de nosotros. No he dejado de pensar como restaurador. Continúo haciéndolo mediante estratos, transformaciones, autenticidad, reversibilidad, usos y biografías. Pero esas categorías han dejado de pertenecer exclusivamente a los edificios. Una biblioteca puede cambiar provisionalmente de sede sin perder su identidad; una colección puede transformarse manteniendo siempre su vocación de evolución enciclopédica; una institución puede incorporar nuevas tecnologías sin abandonar aquello que históricamente justificó su existencia.

Quizá conservar no sea, en última instancia, impedir que las cosas cambien, sino mantener las condiciones que permiten que algo continúe siendo transmitido a través del cambio.

Louis CERCOS, París, agosto 2026.

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