miércoles, 19 de agosto de 2026

Ser fiel a una tradición significa continuarla, no repetirla



DECÁLOGO PROVISIONAL DE LA RESTAURACIÓN CONTEXTUAL (10).

Hace unos días escuché en France Culture una conversación con Emmanuel Lascoux, helenista, doctor en griego antiguo y traductor de la Odisea. En un momento de la emisión formuló una idea que no he dejado de relacionar con la restauración: antes de escandalizarnos por las libertades que pueda tomarse una nueva adaptación cinematográfica de Homero, convendría recordar que la propia Odisea ha llegado hasta nosotros a través de una cadena de transmisiones, interpretaciones y transformaciones. La figura histórica de Homero pertenece ya en parte a la leyenda; los poemas homéricos nacieron en un mundo de oralidad antes de convertirse en texto; fueron recitados, fijados, copiados, comentados, traducidos y reinterpretados durante siglos. Aquello que hoy llamamos “el original” es ya el resultado de una historia de transmisión.

Esta observación me interesó porque desplaza completamente la cuestión de la fidelidad. Frente a una nueva versión cinematográfica de la Odisea, podemos discutir naturalmente las decisiones de Christopher Nolan, sus licencias, sus simplificaciones, sus hallazgos o sus pérdidas, pero quizá sea más oportuno preguntarnos qué ha comprendido de la obra que recibe, qué decide conservar, qué transforma y qué consigue transmitir de nuevo a un público que vive tres mil años después de la aparición del poema. La transformación no garantiza la fidelidad, pero tampoco la destruye por sí misma. De hecho, muchas veces la fidelidad exige precisamente transformar, porque ningún acto de transmisión se produce fuera de una lengua, de una cultura, de un soporte, de una sensibilidad y de un tiempo determinados.

Algo semejante ocurrió con la filosofía griega cuando fue traducida al siríaco y al árabe, comentada y desarrollada por pensadores del mundo islámico y, más tarde, retransmitida en parte al Occidente latino. Averroes no fue un simple depósito de Aristóteles ni un custodio pasivo encargado de conservar intactas unas ideas recibidas del pasado; leyó, comentó, interpretó y volvió a poner en circulación un pensamiento antiguo desde las preguntas de su propio contexto intelectual.

Y aquí es donde esta reflexión entra plenamente en la restauración arquitectónica. Un monumento nunca llega intacto hasta nosotros. Ha llegado porque durante siglos fue utilizado, reparado, adaptado, modificado, reforzado, pintado, ampliado, mutilado, reinterpretado y, en ocasiones, restaurado. Algunas de esas transformaciones pudieron empobrecerlo y otras fueron probablemente indispensables para su supervivencia; muchas hicieron ambas cosas a la vez. Cuando intervenimos hoy no recibimos únicamente la voluntad de un autor originario ni un estado inicial ideal al que debamos regresar, sino una acumulación de decisiones, pérdidas, incorporaciones, usos y cambios. En otras palabras, recibimos una biografía.

Louis CERCOS, Condé-sur-Risle, agosto de 2026.

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