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viernes, 12 de septiembre de 2014
Zaguán ex Casa Goycolea (I)
Nuestro método de restauración de arquitectura está basado en tres pasos sucesivos que denominamos: deconstrucción, terapia e inserción.
Deconstrucción
Añadiendo el prefijo "de" a la palabra "construcción" no hablamos de "deconstructivismo" o de filosofía, sino simplemente de etimología. El prefijo español "de" en una de sus acepciones, supone inversión del significado simple (formar y deformar; colorar y decolorar; construir y deconstruir). Es decir, eliminar en sentido inverso a su decantación, cada una de las capas estratigráficas que modifican sucesiva e inexorablemente la imagen original.
Así, mediante el proceso de "deconstrucción" eliminamos todo aquello que provoca desasosiego o confusión en la visión de un elemento arquitectónico enfermo o deteriorado.
Eliminando las capas de una en una vamos comprendiendo lo que ha ocurrido. Para no incrementar costes de forma innecesaria lo hacemos en zonas pequeñas de un mismo elemento arquitectónico, aprovechando el concepto italiano de "muro-muestra". Es decir, someter a una parte pequeña del edificio a un proceso de restauración completa: preconsolidación, limpieza, reparación, reintegración, conservación.
Es decir: no diseñamos. Solo "limpiamos".
Terapia
Una vez eliminado todo aquello que fue depositado de forma no intelectual (es decir, "sin proyecto" o "con proyecto fallidos"), procedemos a reparar en sentido estricto (sin diseño) la lesión. Lo desarrollaremos a medida que vayamos mostrando la restauración del zaguán de la antigua casa Goycolea.
Inserción
Por último, inserción, entendiéndola como la introducción de un nuevo órgano (contemporáneo) en otro (el edificio original). Inserción que nunca se hace por "semejanza", sino todo lo contrario.
Fotografías: eliminación de todas las capas de pintura de los revestimientos inadecuados del zaguán de la ex casa Goycolea. Zona típica "Plaza de Armas". Santiago, Chile.
Luis Cercós
Restaurador de Arquitectura
Zaguán Club Domingo Fernández Concha
Restos del revestimiento original sobre los paramentos verticales del zaguán de acceso al Club Domingo Fernández Concha. Se corresponden con fragmentos del mismo revestimiento de fachada. Todos estos restos, al igual que se hizo en la fachada exterior, serán consolidados. Las reintegraciones de lagunas se tratarán en armonía con los fragmentos encontrados.
Luis Cercós
Restaurador de Arquitectura
martes, 15 de mayo de 2012
Ruinas de San Isidoro de Ávila
Restauración de las ruinas románticas de la iglesia de San Isidoro de Ávila en el Parque del Retiro de Madrid.
Año 1999
Promotor: Ayuntamiento de Madrid
Supervisor municipal: Heliodoro Martín Artola
Diseño de la intervención: Luis Cercós
Limpieza, investigación histórica, descubrimiento de los restos de uno de los molinos de la fábrica de cerámica del parque del Retiro, descubrimiento de piezas de la iglesia original, ubicación de la iglesia original en Ávila (Castilla León), entrevista con José Luis González (planos del traslado de Ávila a Madrid por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, planos del primer montaje en el patio del Museo Arqueológico Nacional, segundo montaje en su ubicación actual), levantamiento de la planta de la iglesia original en el parque del Retiro, redacción de memoria final de la intervención.
Adjudicatario: Clar Rehabilitación, S.L.
viernes, 20 de enero de 2012
Reflexiones a propósito de la necrofilía y de la arqueología
Hace ya algún tiempo, durante la visita a las obras de restauración del antiguo Alfar del Carmen en Talavera de la Reina y a propósito de un artículo de opinión que Javier Marías (“el folklore de los huesos insignes”) publicó, por aquellas ya lejanas fechas, en EL PAÍS SEMANAL pregunté a Cristina Lázaro Ruiz, arqueóloga de las obras, sobre la denominación, disciplina o parte de la arqueología que tiene por objeto la exhumación de cadáveres más o menos recientes (entendiendo el adjetivo “reciente” en comparación, por ejemplo, con los restos de Homo antecesor dados a conocer en el yacimiento arqueológico de la sierra de Atapuerca en Burgos en mayo de 2008 y datados con 1,2 millones de años de antigüedad (http://www.atapuerca.com/) .
Me habló Cristina de la corriente teórica bautizada como “arqueología de la muerte” que básicamente considera que la estructura de una sociedad puede llegar a conocerse (o a interpretarse) a partir y a través del estudio de sus cementerios, considerando el “acto funerario” como exponente de las conductas sociales que caracterizan a toda sociedad.
Pero aún teniendo presente que esta disciplina no guarda relación con las excavaciones realizadas en el marco (y a veces con la excusa) de la Ley de Memoria Histórica, hemos de reconocer que aunque una “fosa común” no es en absoluto un cementerio en el sentido litúrgico, religioso e incluso social del término, es evidente que la búsqueda, investigación y descubrimiento de restos de seres humanos asesinados arroja importante luz (y algunas sombras) sobre conductas (en este caso absolutamente ilícitas e injustas) por algunos todavía justificadas en un periodo desgraciado, injustificado y vergonzoso de nuestra historia más o menos reciente (y permitidme que use de nuevo el mismo adjetivo).
“… algunos estudiosos ansían satisfacer su curiosidad profesional y su vanidad personal, saber si tenían razón en sus conjeturas y conocer al detalle por dónde le entraron las balas al poeta, (y) cosas así”.
Y recordé en ese momento que el descubrimiento de los cadáveres que entre los siglos XVI y XIX se fueron acumulando bajo los solados de la iglesia del Monasterio de Yuso en La Rioja se realizó paralelamente al conocimiento de la emocionante y entrañable noticia del engendramiento de mi hija menor (que hace poco cumplió sus primeros 3 años de vida y de edad) lo que me produjo, ante la visión de aquellos que un día fueron como yo, la sensación de pertenencia a una cadena invisible que eslabón a eslabón procede y a la vez nos remite, desde un pasado lejano a un futuro impredecible.
O el osario de la iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid) donde en una de las paredes del claustro hay una pequeña puerta que esconde, sin duda alguna, uno de los auténticos tesoros de la iglesia, el osario (siglo XII) de la Orden de San Juan, en el que de forma constructivamente “aparejada” se guardan, unas fuentes hablan de mil y otras elevan la cifra a tresmil, calaveras y huesos humanos.
Es la muerte una consecuencia de la vida. Esto es evidente. Y entablar relación con los muertos puede llegar a generar efectos terapéuticos: todos calvos, todos desnudos, todos “en los huesos”. Iguales todos por tanto, no conviene olvidar eso en épocas de discriminación e intolerancia, ante la inexorable ley que marca el paso del tiempo.
Pero también debemos entender que algunos familiares de antepasados que nunca conocieron pueden tener legitimo derecho a preferir dejar a sus muertos en aquellos lugares en los que un triste día cayeron.
"Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti". (John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions, 1624)
Buenos Aires
martes, 17 de enero de 2012
jueves, 31 de marzo de 2011
Santa Catalina abre al público su nuevo museo en la zona del antiguo coro parroquial
La parroquia de Santa Catalina acaba de abrir al público la musealización de un total de 78 nichos donde hace siglos fueron enterrados solaneros de su época, principalmente clérigos del cabildo y ciudadanos de alta posición social. La ambiciosa actuación arqueológica se ha llevado a cabo en la zona del antiguo coro parroquial, y también prevé recuperar la capilla bautismal.
Las excavaciones han dejado al descubierto las fosas de enterramiento, extrayendo los restos y cubriendo los nichos con cristaleras para que el visitante pueda contemplarlas a ras de suelo. El osario se ha trasladado unos metros más allá, bajo la nueva hornacina aparecida en las catas, y donde ha sido ubicada la imagen de Jesús Resucitado.
En la inauguración, el Cronista Oficial de la Villa, Paulino Sánchez, recordó la advocación de Santa Catalina y habló de documentos que hablan de un primer templo en el siglo XV, de estilo mudéjar, que fue creciendo con el paso del tiempo hasta construir un nuevo templo, ya de estilo gótico de transición, cuyas características resumió antes de explicar los detalles de estos enterramientos “orientados en sentido este-oeste, en posición cúbito-supino, y donde han aparecido medallas, rosarios, e incluso restos de cimentación de la antigua torre”.
El párroco, Benjamín Rey, elogió esta actuación por que se trata de recuperar y poner en valor un patrimonio muy importante “aquí ganamos todos, la comunidad cristiana y el pueblo en general”. Destacó el apoyo del Ayuntamiento, encabezado por su alcalde, Diego García-Abadillo, en lo que llamó “un estilo de comunicación y colaboración permanente”. El sacerdote admitió que el Ayuntamiento “se ha gastado un dineral”, pero lejos de ser parasitismo –añadió- “lo que ha funcionado ha sido el diálogo fé-cultura”. Y desea que esto no acabe aquí. Por eso habló de “un proyecto antiguo al que se unen la recuperación del chapitel o el retablo”. Recordó el trabajo de su antecesor, Francisco Jiménez, y abogó por que esta “cadena de actuaciones” continúe. Ahora están inmersos en la restauración de la sacristía, la terminación de la capilla bautismal y, en un futuro, será necesario arreglar el tejado. Rey también tuvo palabras de gratitud para todos cuantos han participado en estos trabajos, incluidas las mujeres que “se han dejado las uñas limpiando”.
El alcalde agradeció los elogios hacia el Ayuntamiento, pero cree que era su obligación apoyar este proyecto “estamos recuperando una joya del patrimonio artístico de nuestra región, y hay que seguir invirtiendo en ella”. En su opinión, la comunidad católica es mayoría en La Solana y representa un entramado esencial “en manos de la iglesia está la parte más importante de los pueblos: su patrimonio arquitectónico”. Diego García-Abadillo considera importante aprender cómo vivían, qué hacían y cómo pensaban nuestros antepasados “hemos levantado losas de tiempo donde fueron enterrados los primeros que sintieron la felicitad de sentirse y llamarse solaneros”.
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Proyecto de Musealización de la Iglesia Santa Catalina (La Solana)
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jueves, 11 de noviembre de 2010
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