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sábado, 12 de septiembre de 2026
La vitrina de lo cotidiano (IV). Moka, Italia por la mañana, desde 1933.
En mi casa y en el MoMA compartimos piezas de nuestras respectivas colecciones. Me emociona pensarlo mientras preparo el café, aunque esa coincidencia se repita en millones de hogares. A veces, la historia del diseño está tan cerca que dejamos de verla, entre las cosas que necesitamos para vivir. Así, cada mañana, antes de que el día adopte su velocidad, hay en mi cocina un pequeño rito de aluminio, agua y fuego. Llenar el depósito sin sobrepasar la válvula, acomodar el café sin prensarlo, enroscar y esperar. El olor comienza a recorrer la casa y el rumor de la Moka anuncia que el día puede comenzar. Italia por la mañana, incluso en París.
Alfonso Bialetti la ideó en 1933, en Crusinallo, Piamonte. Después de la guerra, su hijo Renato Bialetti la convirtió en un fenómeno mundial. Más de 300 millones de ejemplares vendidos cuentan algo más que un éxito comercial. La modernidad entró también en las casas mediante una máquina asequible cuyo diseño podía acompañar a varias generaciones. Su cuerpo octogonal de aluminio es una pequeña arquitectura que se comprende al desenroscarla. El calor eleva la presión en el depósito inferior e impulsa el agua a través del café molido hasta el recipiente superior. Material, geometría, agarre y mecanismo componen una respuesta coherente a una necesidad corriente.
Eso es diseño, no un adorno añadido a la utilidad, sino la inteligencia que le da forma y permite incorporarla a nuestros gestos. Una inteligencia que continúa cuando una pieza se desgasta. Con la cafetera fría, basta retirar la goma envejecida, limpiar su alojamiento y recolocar el filtro y una junta nueva de la medida adecuada. Los recambios y accesorios, desde los embudos hasta los adaptadores para inducción, permiten seguir usándola. Cambiar una goma es una modesta lección de conservación. La autenticidad no exige que todos los componentes envejezcan juntos.
Todas mis Bialetti muestran las huellas del uso diario. Al sostenerlas, reconozco la forma con la que mi abuela, mi madre, mi suegra, mis tías, preparaban así el desayuno. Mi esposa y yo continuamos el rito. No tiene que ser el mismo ejemplar para que las manos recuerden y hereden una manera de enroscar, una espera y un olor que reúne cocinas de épocas, países y ciudades distintas.
Penguin nos llevó al patrimonio de lo reproducible; Zippo, al de lo reparable; la Moka añade el de los gestos transmitidos. El MoMA conserva una Moka Express para explicar la historia del diseño; yo conservo las mías para preparar café y ambas tareas se complementan. El museo nos ayuda a reconocer el valor de aquello con lo que convivimos; la casa mantiene sus usos. Me conmueve esa pertenencia compartida a la historia de la humanidad, construida también con objetos que pasan desapercibidos. Algunas obras maestras nos acompañan sin pedir atención, mientras nosotros, todavía medio dormidos, ponemos la mesa.
Louis CERCOS, París, septiembre de 2026
jueves, 15 de enero de 2026
15 January 1759. The British Museum opens its doors in London.
15 January 1759. This date is often celebrated—rightly so—as a founding moment of modern museology: the birth of the public museum as a place for conservation, study, and access to knowledge. Europe’s great museums have played an essential role in safeguarding works that, in many cases, might otherwise have disappeared.
Yet this anniversary also invites a more uncomfortable reflection.
At the end of the eighteenth century, Antoine-Chrysostome Quatremère de Quincy wrote the Lettres à Miranda, a series of letters published in 1796 in which he denounced— with remarkable clarity— the systematic displacement of works of art from their original territories to the great European centres of power.
It is important to be precise: Lettres à Miranda is not a book in the conventional sense, but a collection of letters. Only those written by Quatremère have survived; the replies of their recipient, the Lieutenant General Francisco de Miranda, have been lost. Even so—perhaps precisely because of this—the text remains intellectually powerful and strikingly relevant.
Quatremère does not argue against conservation. He argues against displacement. He warns that removing a work of art from its historical, geographical, and cultural context constitutes a form of intellectual destruction, even if the object itself survives materially. His formulation is radical and enduring: to divide is to destroy. He goes further still: some places—Rome being his paradigmatic example—cannot be dismantled without losing their meaning, because they are, in themselves, living museums.
It is telling that this text has been republished in recent decades, a sign that we are still grappling with the same unresolved questions more than two centuries later. Among them, a central tension remains:
(1) without European museums, part of the world’s heritage would have been lost;
(2) yet a significant portion of their collections originates in contexts of conquest, colonial domination, or outright spoliation.
Today’s debate on the restitution of cultural property defies simplistic answers. It is at once legal, historical, political, and patrimonial. It touches on rights, responsibilities, wounded memories, and fragile international balances. It is, undeniably, a true Pandora’s box.
And yet, as Quatremère already intuited, the time may have come to seek solutions through international forums—based on cooperation, restitution where appropriate, and new forms of shared custody. Not to rewrite history, but to confront it fully.
One day, that box will have to be closed. Doing so wisely will be one of the great heritage challenges of our time.
LC — Paris, January 2026
jueves, 10 de marzo de 2016
sábado, 23 de agosto de 2014
Museo David D'Angers.
El Arquitecto Pierre Prunet conocido por restaurar la ruinas de la Iglesia Toussaint D’Angers integró una cubierta contemporánea destinada a mantener al edificio protegido del agua, creando un espacio para las Colecciones del Museo David D’Angers. Less is More.
lunes, 3 de febrero de 2014
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