viernes, 17 de abril de 2026

La biografía de lo preexistente, el azar y el sincronismo (1/2)



Hay una cuestión que influye cada vez más en mi manera de entender la vida y el trabajo, y es la presencia del azar. Lo digo como alguien que procede de una formación católica, pero que desde hace años vive intelectualmente en una posición de absoluto librepensamiento, lejos de cualquier forma de religión. Sin embargo, ciertas formas de sincronismo continúan interpelándome, sobre todo en el ejercicio profesional, allí donde uno esperaría encontrar sólo método, cálculo y experiencia. A veces una lectura casual aparece exactamente en el momento en que una pregunta exigía una respuesta. A veces una circunstancia del presente reproduce otra ya vivida por quienes nos precedieron. Durante mucho tiempo quise ver en todo ello simples coincidencias. Hoy ya no estoy tan seguro, porque empiezo a aceptar que el azar forma parte, de un modo u otro, de la textura misma de lo real.

Para quienes trabajamos sobre edificios heredados, esa cuestión deja de ser filosófica en abstracto para convertirse en experiencia concreta. Cuando pensamos en un monumento histórico, tendemos a imaginar una obra nacida de un proyecto claro, de una voluntad definida, de una forma más o menos estable desde el origen. Pero todo edificio antiguo es también una sedimentación de contingencias. Lo han configurado también reparaciones improvisadas, errores de obra, decisiones de urgencia, economías precarias, cambios de uso, accidentes, incendios, ruinas parciales, añadidos no previstos e interpretaciones sucesivas.

Durante mucho tiempo mi instinto me llevaba a rebelarme contra muchas de esas decisiones no meditadas, tomadas por otros en momentos de debilidad, de ignorancia o de simple necesidad. Me parecía que restaurar consistía, en parte, en devolver al edificio una claridad perdida. Hoy intento leer esa realidad de otra manera. Comprendo que incluso muchas de esas decisiones inverosímiles forman parte del proceso histórico que ha permitido que un determinado estado del edificio llegue hasta nosotros.

Esto no significa que toda contingencia deba ser consagrada ni que todo accidente merezca convertirse en valor patrimonial. Significa algo más exigente: que la restauración no puede trabajar con una idea ingenua de pureza. Debe trabajar con una idea más difícil de verdad. Existe una forma de azar que no sólo perturba la obra, sino que también la configura. Y quizá por eso me interesó tanto la manera en que Wolfgang Tillmans ocupó en 2025 los 6.000 m² del nivel 2 de la antigua Bpi • Bibliothèque publique d'information del Centre Pompidou, transformando aquel espacio en una instalación que dialogaba con la arquitectura misma de la biblioteca y con su condición de lugar de transmisión del saber. Allí había una lección muy precisa: a veces la belleza no nace de borrar las circunstancias que condicionaron lo preexistente, sino de saber leerlas, asumirlas y llevarlas a una nueva intensidad.

Louis CERCOS, Paris, abril 2026.

No hay comentarios:

Publicar un comentario