domingo, 5 de abril de 2026

Cinco restauradores y algunos amigos culés (3)


Kubala o la restauración de una vida en tránsito. Sigo esta pequeña serie dedicada a mis amigos culés desde Condé-sur-Risle. Hoy le toca a Kubala, que me interesa como un caso extraordinario de restauración contextual. Porque hay hombres, entre los que me incluyo, cuya vida parece obligada a recomenzar varias veces, hombres que no pasan simplemente de un país a otro, sino de una lengua a otra, de un nombre a otro, de una filiación a otra, de una historia a otra, sin dejar nunca de ser ellos mismos. Kubala fue uno de ellos.

Ya su nombre lo dice todo. László, Ladislav, Ladislao. Hungría, Checoslovaquia, España. Hay vidas que, como ciertos edificios antiguos o ciertas instituciones desplazadas por la historia, solo pueden continuar si aceptan reformular su presencia exterior para conservar intacto su núcleo. No para fingir una identidad nueva, sino para encontrar la forma justa de seguir siendo. Kubala fue eso: una existencia obligada a adaptarse sin mentirse.

A menudo se recuerda al gran delantero, al ídolo de una época, al hombre que ayudó a dar al Barcelona una dimensión nueva. Pero a mí me interesa también el Kubala posterior, el que asumió otra forma de responsabilidad, el que pasó del brillo del campo a la tarea más lenta, más ingrata y más estructural de dirigir. Hay algo profundamente restaurador en ese tránsito: dejar de ser solamente una figura de esplendor para convertirse en alguien que trabaja sobre la duración.

No es menor que acabara siendo seleccionador nacional de España durante once años. Once años en un cargo así no significan solo permanencia; significan confianza institucional, capacidad de lectura, aptitud para sostener una dirección. Y hay además un dato que me interesa especialmente: Kubala llevó a España al Mundial de 1978 después de una larga ausencia. La selección española no jugaba un Mundial desde 1966. Habían pasado doce años, dos ediciones fallidas, demasiado tiempo para un país de esa tradición futbolística. También aquí la palabra adecuada es restaurar. No porque él inventara España desde cero, ni porque transformara mágicamente su naturaleza, sino porque ayudó a devolverla a un lugar del que había quedado excluida.

Vivimos en una época que admira demasiado las rupturas espectaculares y comprende mal las continuidades inteligentemente reformuladas. Se celebra al inventor ex nihilo y se olvida al restaurador. Pero en la vida de las instituciones, de las culturas y de los hombres, casi nada nace de la nada. Lo decisivo suele ser otra cosa: saber leer lo recibido, aceptar la herida, comprender el desplazamiento y encontrar la forma justa de recomponer una coherencia sin falsificarla.

Kubala fue una vida restaurada en movimiento. Una biografía que atravesó fronteras, sistemas, nombres y patrias hasta alcanzar una forma nueva de fidelidad. Por eso lo admiro. No solo por lo que ganó, sino por lo que encarnó.

Louis CERCOS, Condé-sur-Risle, abril de 2026.

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