Aquellos planos estudiaban todos y cada uno de los solares del ámbito, clasificándolos por materiales, por épocas de construcción, por alturas, por tipologías, por volúmenes, por elementos catalogados, por texturas, por acabados y por valores urbanos. Cada capa aportaba una información parcial, pero el conjunto permitía construir una lectura compleja del lugar. La fotografía aérea nos situaba en el territorio. La planimetría urbana nos permitía reconocer la estructura de la trama. Las imágenes de las fachadas nos devolvían la escala doméstica de la calle. Los edificios catalogados marcaban las permanencias. Las propuestas de actuación introducían una hipótesis de futuro. Y, finalmente, todo ese trabajo servía para fundamentar un plan de color, no entendido como una operación decorativa, sino como una consecuencia material, histórica y urbana de la investigación previa.
En aquellos años yo venía de una especialización muy intensa en los revestimientos continuos, que fue, de algún modo, mi puerta de entrada al patrimonio. Durante los años noventa aprendimos a mirar las fachadas no como superficies mudas, sino como documentos estratificados. Aquella cultura nació de escuchar y de estudiar a quienes habían trabajado antes que nosotros en lugares decisivos: Bolonia, donde la conservación urbana se convirtió en referencia europea; Madrid, con sus estudios sobre los revestimientos y colores del centro histórico; Barcelona, donde los planes del color incorporaron documentación histórica, tipologías, sistemas constructivos y deducción cromática; Granada, donde la Carrera del Darro mostró hasta qué punto una secuencia de fachadas podía ser comprendida como paisaje cultural y no como suma de edificios; Valencia y el barrio del Carmen. Lo que hicimos en La Solana pertenecía a esa genealogía.
No queríamos imponer una imagen nueva al centro histórico, sino extraer de él sus propias reglas latentes. La representación gráfica era, por tanto, una herramienta de conocimiento, pero también una herramienta de prudencia. Con los años he comprendido que muchas de mis preocupaciones actuales estaban ya allí. La combinación de fotografía, plano, inventario, clasificación tipológica, lectura material y propuesta de intervención anticipaba una manera de trabajar que después he seguido desarrollando en escalas muy distintas, desde la restauración de edificios históricos hasta la transformación de grandes infraestructuras culturales.
Louis CERCOS, París, mayo 2026.







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