jueves, 14 de mayo de 2026

Isabel de Castilla y los caminos que no fueron (1/3)





Ayer recibí por correo un ejemplar de un libro en el que he tenido el honor de participar como autor. Me lo enviaba mi querido amigo ALFONSO de CEBALLOS-ESCALERA GILA, de quien en otro momento haré el elogio académico que merece. Hoy quiero limitarme a agradecerle el envío y a celebrar la aparición de una obra que, en mi opinión, está a la altura de aquello que conmemora: el 550 aniversario de la proclamación de Isabel de Castilla como reina de Castilla y de León en Segovia.

El libro, Isabel de Castilla en Segovia: Princesa y Reina, vuelve sobre una figura histórica que todos creemos conocer y que, precisamente por eso, corre el riesgo de quedar fijada en una imagen demasiado concluida. El papel de la reina Isabel en la construcción de la España moderna, su influencia en la historia europea y americana, su dimensión política, religiosa y cultural, forman parte de una memoria compartida. Pero la historia también puede estudiarse desde aquello que pudo haber sucedido y no sucedió.

Esa fue, al menos, la mirada que intenté aportar en los dos capítulos que he escrito para este volumen. Como en Qué bello es vivir (1946), la película inolvidable de Frank Capra, me interesaba preguntarme qué habría sido de España, de Europa y quizá del mundo si algunas circunstancias hubiesen sido distintas. Qué habría ocurrido si Granada hubiese permanecido como reino musulmán en el extremo meridional de la península. Qué habría ocurrido si el príncipe don Juan hubiese sobrevivido y heredado los reinos. Qué habría ocurrido si las alianzas matrimoniales hubiesen producido otras continuidades. Qué habría ocurrido si Castilla, en lugar de proyectarse hacia una monarquía de dimensión casi planetaria, hubiese quedado concentrada en sus fuerzas peninsulares. En mi textos trato de hacer visible la extraordinaria densidad de cada decisión histórica.

En el capítulo dedicado al arte me interesaba algo semejante. No solo lo que el arte isabelino fue, sino lo que significaba en relación con aquello que sucedía al mismo tiempo en otros lugares. Mientras el humanismo italiano del Quattrocento elaboraba una nueva gramática visual de la Antigüedad, Castilla construía otra modernidad, menos lineal, menos clasicista, más mestiza, más tardogótica, más atravesada por la convivencia y el conflicto entre tradiciones cristianas, musulmanas y judías. El arte de aquel tiempo no puede comprenderse solo como estilo. Debe comprenderse como síntesis cultural, como instrumento de legitimación, como memoria de una sociedad compleja y como imagen visible de una transformación política.

A quienes siguen mis textos en esta red no les sorprenderá esta manera de mirar. Me interesa cada vez más la historia leída desde sus bordes, desde sus resonancias laterales, desde sus alternativas perdidas, desde los gestos aparentemente secundarios que terminan alterando una época entera. También en la restauración ocurre así.

Louis CERCOS, París, mayo 2026.

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