Carlos propuso llevar el hilo desde Gargantúa hasta Ulysses. Pero al hablar del de Joyce apareció inevitablemente el de Homero, porque antes de la novela moderna y de que Europa supiera llamarse Europa, la Odisea ya había fijado la figura esencial del hombre que sobrevive porque sabe adaptarse y leer mejor que otros las señales del mundo.
Ulises es el héroe que regresa a casa, `pero también el primer gran estratega de una identidad móvil. Frente a Aquiles, que representa la gloria frontal de la fuerza, Ulises encarna la inteligencia del que vence por astucia. Esa línea reaparece en el siglo XVI con Rabelais, donde la risa, el cuerpo y el exceso desmontan los saberes cerrados; y con el Lazarillo de Tormes, donde el hambre y la pobreza fundan una mirada nueva sobre la supervivencia social.
En la Castilla del XVII, Don Quijote transforma la ruina de sus vicisitudes en literatura universal. Simplicius Simplicissimus convierte la devastación de la Guerra de los 30 Años en una novela grotesca de aprendizaje. En el siglo XVIII, Tristram Shandy, de Laurence Sterne, ya no desmonta solo el mundo, sino la propia forma de contar el mundo. Y en el siglo XX, Joyce ya no necesita mares, monstruos ni dioses visibles; basta un solo día en Dublín para que la vida ordinaria recupere toda su profundidad épica.
La llamada picaresca española no es, por tanto, solo española. España le dio una de sus formas más perfectas, pero el impulso que la sostiene es más amplio. Hay una literatura europea del caminante, del superviviente, del farsante lúcido, del ingenuo golpeado por la historia, del hombre que aprende a vivir entre sistemas morales que se derrumban.
Esa línea atraviesa Grecia, Francia, España, Alemania, Gran Bretaña e Irlanda. Y quizá llega incluso a América, donde expresiones como la “viveza criolla” conservan, en otro contexto histórico, algo de esa inteligencia práctica nacida de la desigualdad, la necesidad y la observación irónica del poder.
Esta serie que hoy empiezo no va a tratar solo de libros. Europa no se ha construido únicamente con héroes, santos, reyes, filósofos, arquitectos, tratados y academias. También con vagabundos, criados, locos, gigantes, soldados hambrientos, narradores poco fiables, exiliados, supervivientes y hombres que caminan por el mundo sin poseerlo del todo.
Desde la Odisea hasta Ulysses, Europa ha contado una y otra vez la historia de quienes avanzan entre ruinas, ficciones y engaños, pero siguen caminando. A Carlos Javier Irisarri Martínez, por haber abierto el hilo.
Louis CERCOS, Condé-sur-Risle, mayo de 2026.




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