viernes, 27 de febrero de 2026

Christopher Wren (1/2) y la reconstrucción de la Catedral de San Pablo.








Cuando hablamos de Christopher Wren solemos hablar de la cúpula, del perfil sobre el skyline londinense, del símbolo nacional que hoy representa San Pablo. Pero el origen de esa obra no es un gesto fundacional, sino una catástrofe. El Gran Incendio de 1666 arrasa la City y deja la antigua catedral medieval reducida a ruina humeante. Lo que Wren recibe es un solar y un cuerpo herido y una ciudad desorientada.

Aquí aparece una cuestión que me interesa: ¿fue San Pablo una obra nueva o una intervención sobre lo existente? Formalmente, la antigua catedral gótica desaparece casi por completo y el proyecto que finalmente se ejecuta es radicalmente distinto. Pero el proceso no fue inmediato ni lineal. Wren estudia la posibilidad de conservar partes de la estructura medieval, propone soluciones híbridas, negocia con el capítulo catedralicio y con la Corona, adapta su proyecto en múltiples versiones. La reconstrucción nace del diálogo entre ruina, memoria, política y técnica.

Lo decisivo es que Wren no actúa como si el incendio fuera una oportunidad para imponer un capricho formal. Su proyecto responde a la responsabilidad de reconstruir la catedral y, al mismo tiempo, reconstruir la confianza de la ciudad. La nueva San Pablo no niega el trauma; lo sublima. La gran cúpula no es solo una elección estilística barroca, sino una afirmación estructural y simbólica en el corazón de una urbe devastada.

Desde el punto de vista técnico, la operación es reveladora. Wren, científico además de arquitecto, introduce una compleja estructura de triple cúpula que resuelve al mismo tiempo la estabilidad, la monumentalidad exterior y la proporción interior. La forma es una respuesta racional a un problema estructural y urbano. La reconstrucción no es una copia del pasado ni una ruptura irresponsable con él; es una reinterpretación que asume que la continuidad histórica a veces exige transformación profunda.

En este sentido, San Pablo plantea una pregunta incómoda para nuestra teoría contemporánea de la restauración: ¿hasta qué punto la destrucción total obliga a reconstruir “como era”? Wren no intenta reproducir la vieja catedral gótica. Tampoco borra su memoria. Construye otra cosa, consciente de que la ciudad ha cambiado y de que la arquitectura debe expresar ese cambio.

Frente a la tentación de la réplica literal o del gesto espectacular desligado del contexto, la lección de Wren es más compleja. Reconstruir puede ser un acto de responsabilidad cultural cuando se entiende que la arquitectura forma parte de una continuidad histórica, aunque su forma se transforme radicalmente.

San Pablo no es solo una obra maestra del barroco inglés. Es un ejemplo temprano de cómo intervenir tras la catástrofe sin caer en la nostalgia ni en la amnesia. Y ahí, de nuevo, aparece el hilo que me interesa: transformar sin destruir la memoria, reconstruir sin negar el tiempo.

Luis Cercos, Condé-sur-Risle, 2026.  

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