lunes, 23 de febrero de 2026

Deconstrucción, diagnóstico, terapia y compromiso contemporáneo.


Restaurar desde el presente: cuatro fases para intervenir en arquitectura y edificios preexistentes (1/5). Mi método de intervención.

Durante más de treinta años y más de quinientas intervenciones en España, América del Sur y Francia, he ido depurando un método de trabajo que sirve tanto para intervenir en un monasterio imperial como para reformar el cuarto de baño de un pequeño apartamento. No depende de la escala. Depende de la actitud.

Con el tiempo comprendí que toda intervención responsable puede estructurarse en cuatro fases esenciales: (1) deconstrucción, (2) diagnóstico, (3) terapia y (4) compromiso contemporáneo.

La deconstrucción no es demolición. Es eliminación crítica. Es retirar capas acumuladas, añadidos desafortunados, soluciones técnicas agotadas, hasta alcanzar un estado de claridad que permita escuchar de nuevo al edificio. Antes de proyectar, hay que despejar. Siempre en sentido inverso a como esas capas se fueron depositando sobre el objeto a intervenir.

El diagnóstico es un ejercicio intelectual y técnico a la vez. Puede preceder a la deconstrucción, pero a menudo es ella la que lo hace posible. Diagnosticar exige estudio, medición, análisis normativo; pero también intuición. Una intuición que no es inspiración romántica, sino razonamiento acelerado construido sobre décadas de experiencia y centenares de obras.

La terapia es la aplicación rigurosa del conocimiento técnico y de la normativa vigente. Es la fase en la que el edificio recupera estabilidad, seguridad y coherencia constructiva. No es el momento del gesto, sino de la responsabilidad.

Y finalmente, el compromiso contemporáneo. Allí donde hay lagunas, vacíos o nuevas necesidades, la arquitectura debe hablar en presente. No imitar lo perdido, no fingir continuidad, sino asumir el tiempo propio con claridad y medida. Toda adición es una toma de posición ética.

Este método no es una receta. Es una forma de pensar la intervención. Una manera de entender que restaurar no consiste en congelar el pasado, sino en hacerlo habitable (o en devolverlo una funcionalidad) hoy (desde el tiempo presente) sin traicionarlo.

Durante los próximos cuatro días desarrollaré cada una de estas fases con mayor precisión. Porque intervenir en la arquitectura no es un acto técnico aislado. Para nosotros, una manera de servicio público o a nuestros clientes. Y también, en determinados casos, una responsabilidad cultural.

Luis Cercos, París, febrero 2026.

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