domingo, 8 de febrero de 2026

José Ignacio Linazasoro. Elogio de la ruina.





Entre los arquitectos con los que más profundamente me identifico cuando pienso la restauración como un acto intelectual y no como un ejercicio formal, José Ignacio Linazasoro ocupa un lugar central. En su obra, intervenir sobre lo existente no significa cerrar heridas ni recomponer imágenes tranquilizadoras, sino aceptar la ruina como condición activa del proyecto y convertirla en materia de pensamiento.

La intervención en la Iglesia de Santa Cruz de Medina de Rioseco, realizada en 1987, es ya una toma de posición nítida. Transformada en centro cultural, la iglesia no se reconstruye buscando una integridad estilística perdida. Linazasoro renuncia explícitamente a restituir las antiguas bóvedas barrocas de lunetos y propone, en su lugar, una bóveda de madera de cañón seguido. No se trata de un gesto técnico anecdótico, sino de una decisión conceptual mayor: no imitar lo desaparecido, sino reinstaurar con claridad la condición espacial del edificio desde la legalidad constructiva y material. La pérdida no se oculta; se hace legible.

Esa misma actitud alcanza una intensidad mayor en la intervención sobre las Escuelas Pías de Lavapiés, desarrollada entre 1996 y 2004 y convertida hoy en biblioteca y centro cultural de la UNED. Aquí, la ruina no es un telón de fondo ni un objeto musealizado. Es una presencia descarnada, brutal, imponente, con la que la arquitectura contemporánea decide convivir sin suavizar el conflicto. El enfrentamiento entre el ayer y el hoy no se resuelve; se asume.

La nueva arquitectura no intenta suturar ni completar. Se introduce con precisión, trabajando con valores primarios e intemporales: el material, la construcción y la luz. Lo contemporáneo no compite con la ruina ni la explica; la acompaña. El edificio, una vez intervenido, sigue revelando el peso de su historia original, enfrentando el uso actual a la presencia intacta del tiempo acumulado.

Estas obras encuentran su formulación teórica más clara en su libro "Elogio de la ruina", donde Linazasoro articula una idea esencial: la ruina no es un problema a resolver, sino una condición productiva del proyecto. Restaurar no es devolver un estado perdido, sino aceptar la discontinuidad histórica como materia arquitectónica y trabajar desde ella con rigor y renuncia.

En Linazasoro, restaurar es pensar. Pensar desde la pérdida, desde la materia, desde la conciencia de llegar después. Y esa lucidez —seca, exigente, sin concesiones— sigue siendo una de las lecciones más profundas de la arquitectura española contemporánea.

Luis Cercos, Condé-sur-Risle, Normandía.

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